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El PSOE y Podemos estrenan en Castilla-La Mancha su primer Gobierno conjunto

García-Page nombra un vicepresidente y una consejera del partido de Iglesias

El socialista Emiliano García-Page, presidente de Castilla-La Mancha, firmó ayer los dos nombramientos que sirven para inaugurar el primer Gobierno conjunto entre el PSOE y Podemos. José García Molina, secretario general del partido de Pablo Iglesias en esta autonomía, tomará hoy posesión como vicepresidente segundo; y su compañera Inmaculada Herranz pasará a ser la titular de la consejería encargada de la coordinación del plan de garantías ciudadanas.

García Page (d) saluda a José García Molina e Inmaculada Herranz.

El PSOE y Podemos nunca habían formado un Gobierno conjunto. Unidos por acuerdos de investidura en cuatro Comunidades Autónomas —Baleares, Aragón, Comunidad Valenciana y la propia Castilla-La Mancha— los dos partidos no habían dado ese paso porque buscaban distinguirse en su lucha por la hegemonía de la izquierda. Cerrado el intenso ciclo electoral que arrancó en 2015 —y que ha incluido dos elecciones generales—, la inestabilidad del pacto castellano-manchego ha obligado a los líderes de las ambas formaciones a garantizar el compromiso de las dos partes uniéndolas en un mismo conjunto. En consecuencia, Castilla-La Mancha se ha convertido en el laboratorio de pruebas de la unión entre el PSOE y Podemos.

“Es un acuerdo que marca el camino de lo que podría y debería suceder en España”, llegó a decir Pablo Echenique, el número dos de Podemos, cuando las bases de su partido aprobaron apoyar los Presupuestos manchegos y entrar en el Gobierno de García-Page, a finales de julio.

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias intervinieron para dar un último empujón al acuerdo. La actitud de los dos secretarios generales refleja las posibilidades abiertas por el resultado de las elecciones internas que han afrontado el PSOE y Podemos en 2017.

Con Sánchez e Iglesias reforzados internamente y unidos en el objetivo de desplazar al PP del poder, la opción de profundizar en las alianzas que unen a los dos partidos queda abierta por el paso dado en Castilla-La Mancha. Una comunidad autónoma donde las relaciones entre los dos partidos eran especialmente tensas, habían estado llenas de desencuentros y estaban especialmente marcadas por la oposición pública del presidente García-Page a que Sánchez intentara llegar a La Moncloa con el apoyo de Iglesias.

Desencuentros

En 2015, las dos partes acordaron que los 15 diputados del PSOE y los dos de Podemos unieran sus votos para investir presidente al candidato socialista —el PP, ganador de las elecciones, tenía 16 diputados—. En septiembre de 2016, Podemos rompió el acuerdo que sostenía a García-Page en el poder, argumentando que se habían producido diversos incumplimientos —“el pacto de investidura ha muerto”, dijeron sus dirigentes—. En enero de 2017, el partido de Iglesias revisó su estrategia y comprometió su apoyo a las cuentas del Gobierno manchego para este año. Sin embargo, Podemos se sumó al PP en abril para tumbar los Presupuestos. Incluso se llegó a pensar en la posibilidad de convocar elecciones anticipadas.

“El cambio no va a significar ninguna modificación [en la voluntad de Podemos de que el contenido del pacto se aplique]”, advirtió García Molina antes de que se oficializara su nombramiento como vicepresidente segundo del Gobierno manchego, con competencias en participación ciudadana y relaciones institucionales. “Vamos a trabajar decididamente por todo aquello con lo que nos hemos comprometido”, añadió tras ver cómo el consejo ciudadano de su formación en Ciudad Real dimitía en bloque esta misma semana como protesta por su entrada en el Gobierno del PSOE.