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Rajoy esconde a Barberá, pero ofrece un pacto contra la corrupción

El presidente advirtió a Sánchez y sus posibles aliados que el PP hará “imposible” cualquier clase de gobierno en minoría

El líder del PP, Mariano Rajoy, en rueda de prensa. Reuters Live

Mariano Rajoy incorporó este miércoles a la “agenda moderada” que pretende negociar cara a cara este jueves con Albert Rivera y el viernes con Pedro Sánchez la implantación de más medidas en la lucha contra la corrupción. Lo prometió en el Senado, el mismo día que escondió ante su grupo parlamentario a la histórica alcaldesa Rita Barberá, que se ausentó de la cita y es la última gran afectada por el nuevo reguero de escándalos en la Comunidad Valenciana. El presidente en funciones advirtió a Sánchez y sus posibles aliados que el PP hará “imposible” cualquier clase de gobierno en minoría.

Rita Barberá fue cofundadora de Alianza Popular en 1976, es miembro del Comité Ejecutivo Nacional del PP desde 1993 y fue alcaldesa de Valencia desde 1991 hasta mayo pasado: 25 años. “La alcaldesa de España”, se vanagloriaban José María Aznar, Rajoy y hasta Dolores de Cospedal cada vez que la arropaban en uno de sus habituales mítines en ese territorio. Le dispensaban siempre trato preferencial, en Valencia, en los congresos del partido y en La Moncloa. Era intocable. Senadora por designación autonómica desde el verano, tras fracasar en su intento de conservar el bastón de mando en la alcaldía, Barberá optó por quedarse en su casa y no acudir a la reunión de todo el grupo parlamentario con Rajoy en el Senado. En la dirección del PP ya sabían que no acudiría y ahora se temen lo peor. Creen que ha roto amarras sentimentales.

Rajoy, que tanto la ensalzó, que saltó con ella en el balcón del consistorio durante las Fallas y que la escoltó en múltiples mítines en el ruedo de la plaza de toros de Valencia, ni la mencionó en su discurso.

Lo que sí hizo Rajoy fue integrar en su recurrente catálogo de cuatro principios a fijar en la negociación con Sánchez y Rivera un nuevo apartado, el quinto, para implantar nuevas medidas, “planteamientos o ideas de buena fe” en la lucha contra la corrupción. Enumeró primero los cuatro bloques habituales, es decir, la defensa de la nación española, la creación de empleo y la recuperación económica, la mejora de los pilares del Estado de bienestar y el combate contra el terrorismo. Y agregó al final la posibilidad de estudiar otras formas de aplacar el fenómeno de la corrupción que ha asolado al PP y que tantos disgustos y votos le ha costado.

No fue más concreto ni en ese bloque ni en los demás. Apenas aportó más novedades en el resto de sus mensajes de las que viene repitiendo sin cesar desde que constató el 20-D que el PP había ganado y sacado mucha ventaja al PSOE, pero que a sus 123 diputados le faltaban 53 para llegar a la mayoría absoluta.

Alianza de 253

El presidente en funciones sigue pensando, y así se lo reiterará este jueves al líder de Ciudadanos y este viernes al del PSOE, que la opción más “razonable, sensata y democrática” es una alianza entre esas tres formaciones que suman 253 diputados y podrían consensuar muchas reformas. Y de ese catón ni se sale ni se quiere descarriar.

Ni en los comités de dirección del PP ni en los Consejos de Ministros, ni en las juntas regionales del partido por las que ha emprendido gira, ni en las reuniones con sus grupos parlamentarios escucha más que piropos por su altura de miras y loas a la “lealtad, el orgullo y la responsabilidad” de mantenerse unidos ante este periodo tan difícil. El PP es un partido de poder y vive incómodo en tierra de nadie. En la reunión de nadie pidió la palabra ni preguntó nada. Lo mismo sucedió la semana pasada en el Congreso. En el PP hay muchas dudas sobre la inacción de estos 50 días y mucha inquietud a ser marginados y hasta por la incertidumbre de repetir elecciones para obtener los mismos resultados. Pero nadie se atreve a expresarlas en público. Rajoy tampoco lo facilita.

Lo que sí quiso advertir a Sánchez, a Rivera, a Podemos y a cualquier tipo de alianza que sirva para confeccionar un gobierno en minoría es que sin el PP, él y su partido lo harán imposible: “Los números pueden dar para sacar adelante una investidura pero la falta de coherencia y los intereses tan dispares hacen imposible en España un Gobierno que se pueda considerar como tal sin el PP. Podrán investir un presidente con todos los inconvenientes del mundo pero no gobernarán contra quien ha ganado”.

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