Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

El Sidi Saler: una ruina a la orilla de la playa

El hotel, en el Parque Natural de la Albufera de Valencia, permanece cerrado desde hace seis años

El hotel Sidi Saler

Fue el mejor hotel de Valencia. El más lujoso. Con cinco estrellas, sus instalaciones, inauguradas en 1976, hospedaron a los personajes más importantes de la época. Ocupa una superficie construida de 20.204 metros cuadrados. Es una mole acristalada de seis alturas, acero y cemento pintado de rosa, con aparcamientos, jardines, piscinas, terrazas y pistas de tenis. Todo en ruinas. En el espacio protegido del Parque Natural de la Albufera, a 10 kilómetros de la ciudad. El hotel es propiedad del Estado desde que en el año 2007 quedó incluido dentro del dominio público marítimo terrestre (DPMT).

La ley de Costas, en su disposición transitoria, contempla la concesión de 30 años, prorrogables por otros 30 para los edificios que fueron construidos en esa etapa fuera de la DPMT y antes de la Ley de Costas de 1988. Los actuales propietarios del permiso son dos entidades financieras; BBVA y CaixaBank. Este último la heredó tras comprar el Banco de Valencia, intervenido por el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB). Con anterioridad fue propiedad del alemán Manfred Stier, en litigios con Hacienda por evasión fiscal a Liechtenstein, que cerró el hotel en 2011, al desestimar la Generalitat, por opaco, el expediente de regulación de empleo (ERE) que presentó.

Según Compromís, el impacto visual y ambiental que produce el hotel ya es motivo de derribo

Los dos bancos han solicitado la prórroga de la concesión del hotel y los terrenos a la dirección general de Sostenibilidad de la Costa y del Mar, con el objetivo de ponerlo de nuevo en marcha. Fuentes del Ministerio de Agricultura han confirmado a este diario que se están analizando los informes que pidieron al Ayuntamiento de Valencia, pero “hay que esperar a la resolución” para conocer el futuro del inmueble.

La demolición es el destino que el gobierno municipal que dirige Joan Ribó, de Compromís, quiere para el hotel, con el objetivo de regenerar el cordón dunar de la Devesa, que ha reducido su anchura en más de 36 metros en los últimos 40 años como consecuencia de la urbanización. “Esta fuera de ordenación sustantiva en el Plan General de Ordenación Urbanística”, señala Vicent Sarrià, concejal socialista encargado de Desarrollo Urbano y Vivienda del Ayuntamiento de Valencia. “El inmueble tiene que desaparecer tarde o temprano. No es una cuestión arbitraria, simplemente está dentro de un parque natural, con una licencia de actividad caducada, que no puede tener una nueva con el planeamiento vigente porque excede las alturas permitidas”, aclara el edil. “Aunque Costas diera el permiso para explotar el hotel, este necesitaría iniciar los trámites para una licencia de actividad y otra de obra”, reitera Sarrià.

Para el regidor de Compromís, Sergi Campillo, delegado de la Devesa-Albufera, el impacto visual y ambiental que produce el hotel ya es motivo de derribo. “Pero, además, allí no hay nada. Un edificio en mal estado. Una cosa es mantener las actividades que están en funcionamiento, en las que hay vecinos, en las que hay que esperar a que su vida útil termine o cambie su situación. Pero lleva cerrado seis años”, explica. Campillo no descarta llegar a un acuerdo con el Estado y los actuales propietarios de la concesión, que podría consistir en ofrecer otro enclave.

Acció Ecologista-Agro ha presentado alegaciones contra la concesión del hotel a Costas. La zona donde se ubica el “algarrobico” valenciano, como llaman al antiguo establecimiento, tiene un alto valor ambiental como demuestra su inclusión en la Red Natura 2000. “Se encuentra en DPMT, es Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) y Lugares de Interés Comunitario (LIC), está dentro del dominio público terrestre, y la actividad hotelera amenaza la biodiversidad del parque natural y lesiona su hábitat prioritario constituido por las dunas arrasadas de la playa de la Garrofera”, apunta Lucia Moreno, coordinadora de Territorio de la organización ecologista.

“El Saler era un bosque y lo sigue siendo en parte, y tiene que volver a serlo porque es un activo medioambiental y funcional de la ciudad importantísimo”, comenta el arquitecto Carles Dolç, hijo predilecto de la ciudad. “Los edificios en altura son impropios y afectan negativamente al paisaje, y más estando en primera línea. Razones suficientes para que desaparezca”, agrega el urbanista y uno de los comisarios de la exposición El Saler per al poble, ara! (El Saler para el pueblo, ahora!), que estos días que se puede visitar en la Universitat de València. Y que muestra la historia de la Devesa y el movimiento ciudadano que paralizó el proyecto de urbanización que hubiera acabado con el parque natural.

Un plan firmado por el arquitecto madrileño Julio Cano Lasso, aprobado en 1965 por el alcalde franquista Adolfo Rincón de Arellano, que destruyó parte del bosque y la playa. Se construyó un hipódromo, del que aún quedan vestigios y un paseo marítimo de 12 kilómetros, que fue derribado en los años 80. El naturalista Félix Rodríguez de la Fuente dedicó un capítulo de la serie de televisión Vida salvaje a denunciar las iniciativas que amenazaban el paraje natural en el que se encuentran las ruinas del hotel Sidi Saler.

Síguenos en Twitter y en Flipboard