Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

Suspensos de septiembre a junio

Hasta seis regiones adelantaron la recuperación en secundaria y dos más lo harán en 2018. Partidarios y detractores debaten qué beneficia más al alumno

Aula de Bachillerato de un instituto madrileño.
Aula de Bachillerato de un instituto madrileño. EL PAÍS

A nadie le gusta la idea de estudiar en verano, los odiados exámenes de septiembre que parten en dos las vacaciones de los alumnos y de sus familias. Este periodo de evaluación, que es el mayoritario en España, está ahora en discusión. Hay comunidades que han adelantado los exámenes a finales de junio o principios de julio —normalmente dos o tres semanas después de la última evaluación ordinaria— y que aseguran que los resultados son iguales o, en algunos casos, hasta mejores.

Cuatro regiones (Navarra, País Vasco, Cantabria y Comunidad Valenciana) han fijado ya sus exámenes de recuperación en junio en la ESO. En Bachillerato los han adelantado Navarra, País Vasco y Comunidad Valenciana, además de La Rioja, Canarias y, en parte, Extremadura. Otras tres más (Madrid, Castilla y León y La Rioja) quieren adelantar sus propias pruebas a partir de 2018 aunque no en todos los cursos (ver gráfico). España, con unas tasas de repetición que la sitúan en cabeza de una poco honrosa lista de países de la OCDE, ha abierto el debate sobre cuándo es mejor examinar y por qué.

No hay investigaciones concluyentes al respecto. “En general, las vacaciones de verano son malas para los resultados de aprendizaje. Hay investigaciones que demuestran que los estudiantes olvidan mucho contenido, por lo que retrasar la recuperación puede suponerles una desventaja. Aunque, al mismo tiempo, podría darles un tiempo adicional”, reflexiona Andreas Schleicher, director de Educación de la OCDE.

Con ayuda de los propios profesores

Los defensores de adelantar la recuperación a junio argumentan que hay menor distancia entre la evaluación final y la extraordinaria y que durante las pocas semanas que distan entre las dos evaluaciones, los que han suspendido pueden trabajar con la ayuda de sus propios profesores. Añaden que, con ese modelo, no hay que pagar una academia que no todas las familias se pueden permitir y que los resultados no varían significativamente. Los detractores consideran que el tiempo es demasiado escaso y que la medida perjudica a quienes tienen más materias suspensas. En ambos casos, los días de clase y la carga lectiva de los profesores es idéntica.

Familias sin descanso veraniego

“Las familias siempre hemos pedido desaparición de los exámenes de septiembre”, asegura José Luis Pazos, presidente de la confederación de padres de la escuela pública CEAPA. “La oportunidad de aprobar en septiembre es casi irreal, solo viable para los que se puedan pagar una segunda escuela durante el verano”, añade. “Los padres hemos oído muchas veces la típica frase del profesor: ‘Podrías haber aprobado ahora pero vuelve en septiembre y te lo preparas mejor”, añade. Pazos protesta porque los suspensos “condicionan las vacaciones de toda la familia y no deja descansar al alumno”. Pero pide que, si se opta por adelantar los exámenes extraordinarios, “no se haga de cualquier manera y sí con el apoyo de los docentes”.

Carles López, de la Comisión Estatal de Asociaciones de Estudiantes (CANAE) cree que el adelanto es “una buena medida porque asegura la racionalización de los horarios”. “Los contenidos están mucho más frescos y tienen más posibilidades de centrarse en lo que tienen más dificultades”.

La opinión de los docentes

“Depende de cada alumno. Si ha suspendido una materia en los tres trimestres, es difícil que recupere en 15 días. Pero, si solo han suspendido el examen de junio, tienen posibilidades”, considera Víctor Bermúdez, profesor de Filosofía en un instituto de Extremadura. “Creo que hay más posibilidades de sacarlo bien en septiembre, pero lo cierto es que le perjudica para el año siguiente”, añade Esther García, docente en un centro privado madrileño. Elisa Rueda, profesora de euskera en un instituto de Vitoria, ahonda en que no todos los suspensos son iguales. “Levantar un 1 de nota final es complicado”, explica esta docente, que ha vivido las dos situaciones. O dicho en palabras del profesor de Pedagogía Internacional de la Universidad de Barcelona, Enric Prats: “Es muy difícil que se produzcan nuevos aprendizajes en tres semanas pero sí puede servir para incidir en una parte de los contenidos que no hayan quedado consolidados”.

Sin cambios significativos

No hay estudios comparativos generales que ayuden a llegar a una conclusión. En Navarra y la Comunidad Valenciana, ambas con exámenes de repesca en junio, revisaron sus propios datos comparando aprobados con las dos fechas. En la comunidad foral, el 36,12% de alumnos aprobó 2º de Bachillerato en la convocatoria extraordinaria de junio de 2014 mientras solo el 25,54% lo hizo en el resto de cursos (que tenían entonces el examen tras el verano).

En la Comunidad Valenciana analizaron tres cursos —septiembre de 2013 y julio de 2014 y 2015— y concluyeron que las diferencias “no son significativas” para el estudiante. Sí lo es para “la organización de las plantillas de profesores”, explica su viceconsejero de Educación, Miguel Soler. En un país en el que la media de profesores interinos (funcionarios sin plaza fija) supera el 20% es útil que tengan la opción de ser los que vuelvan a examinar a sus estudiantes antes de un posible cambio de centro, añade Soler.

“En junio sale mucho mejor”, señala Alberto Arriazu, director de instituto en Navarra y presidente de la federación nacional de directores de instituto Fedadi. "Normalmente, se cree que el alumno se apunta a una academia en verano y aprueba y eso no es así. Muchos suspenden en verano y nadie les apoya. Hay chicos que ni siquiera se presentan en septiembre, repiten, y el curso siguiente suspenden aún más”.

Camino de ida y vuelta

Castilla y León es una de las regiones que prevé adelantar algunos exámenes en 2018. “Adelantaremos a junio los vinculados a la prueba de selectividad”, señala Miguel de Vega, director general de Políticas Educativas en la región. “Las universidades empiezan a principios de septiembre y los que hacen el examen en esa fecha se incorporan un mes más tarde”. Están a la espera de un dictamen del Consejo Escolar regional. Sobre la conveniencia o no del cambioo, De Vega añade: “No hay resultados concluyentes. Cuando dispongamos de una serie histórica podremos tener información que nos permita comparar”.

Extremadura fue de las que hizo el camino de ida y vuelta: primero a junio y luego a septiembre. En este caso, se adelantaron por otro motivo. “Los cambiamos en 2007 porque vivimos en una región muy rural y muchos de nuestros alumnos llegan a sus centros en otros municipios en transporte escolar. Pensamos que septiembre podría perjudicar a esos alumnos", explica Rafael Rodríguez de la Cruz, secretario general de Educación de la Consejería Educación y Empleo de la Junta Extremadura. Los exámenes volvieron a septiembre cuando hubo cambio de gobierno y, de momento, no se han planteado volver a moverlos.

Más información