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Garicano pide un pacto educativo que deje fuera la Religión, el catalán o la concertada

El ideólogo económico de Ciudadanos reclama un acuerdo de mínimos "sin temas incendiarios". Gabilondo (PSOE) lo ve "absolutamente indispensable" para España

De izquierda a derecha, Emiliano Martínez Rodríguez, vicepresidente de la Fundación Santillana, Francisco López Rupérez, Luis Garicano, Victoria Camps, Ángel Gabilondo y Mariano Jabonero, director de Educación de la Fundación Santillana.

“Creo que es momento de pactos para España”. Luis Garicano, ideólogo económico de Ciudadanos, ha pedido este miércoles que el futuro acuerdo educativo deje fuera las asignaturas de Religión y Educación para la Ciudadanía que han enfrentado al PP y al PSOE, evite abordar la enseñanza concertada y no toque los temas lingüísticos que encienden el debate con Cataluña. Los llama “asuntos cuña” porque son “los que se usan en el debate político para romperlo en dos”.

“Un pacto no tiene por qué resolver esos asuntos, más allá de eso quedan otras cuestiones”, ha considerado Garicano, cuyo partido lleva en su acuerdo para formar gobierno con el PSOE la necesidad de alcanzar un pacto educativo en la próxima legislatura. Reclama “un debate mucho más profundo y en el que los partidos se desarmen de estos temas que van a incendiar a sus tropas y no van a resolver el problema”.

Por su parte, Ángel Gabilondo, último ministro de Educación con el PSOE, ve posible un acuerdo de mínimos. “No hablo desde la ingenuidad de algo que es extraordinariamente fácil sino desde la convicción de algo que es absolutamente indispensable para nuestro país”, ha dicho este miércoles en la 30ª Semana de la Educación de la Fundación Santillana (integrada en el Grupo PRISA, editor de EL PAÍS) que se celebra entre el martes y el jueves en la sede de la Fundación Telefónica (en Madrid). El representante de Ciudadanos y el del PSOE coinciden en que “la equidad y la excelencia” formen parte de ese futuro acuerdo.

Ambos políticos han participado en la segunda jornada del evento Nuevos retos, pactos e iniciativas para mejorar la educación con el presidente del Consejo Escolar del Estado, Francisco López Rupérez, y la catedrática de Filosofía Moral y Política Victoria Camps.

Gabilondo, que fue el ministro que más cerca estuvo de cerrar un pacto del que se descolgó el PP en el último minuto, ha recordado su experiencia.“Tenemos que pactar al menos los modelos y las reglas del juego, no creo que sea necesario acordar hasta el último extremo de la última línea”, ha señalado quien también fue presidente de los rectores españoles.“Igual nos llevamos la sorpresa de que descubrir que lo que nos separa es menos de lo que nos une”.

Siete puntos iguales de PP y PSOE

El acuerdo “no debe partir del análisis de las confrontaciones históricas izquierda-derecha que han caracterizado las últimas década de nuestro sistema educativo”, según López Rupérez, que ha comparado en su intervención dos documentos sobre un posible pacto; el último que presentó el PP y el que cerraron conjuntamente Ciudadanos y PSOE tras las últimas elecciones generales. Y ha encontrado siete coincidencias: Asegurar un sistema educativo inclusivo e integrador, mejorar el sistema de becas, la Formación Profesional, la flexibilidad de los centros educativos, los idiomas o la convivencia escolar y potenciar políticas centradas en el profesorado.

Un 8 para acceder a Magisterio

Victoria Camps ha defendido la necesidad de un pacto “si consiguiera la estabilidad y nos permitiera dejar de pensar en reformas, poner unos mínimos y que las comunidades autónomas e incluso los centros educativos vieran las mejores formas de aplicar esos”. La catedrática también se ha referido a la importancia de la profesión docente, a la que “sería importante dar un rango más alto del que normalmente tiene”.

Camps ha contado una anécdota. Cataluña aprobó en 2014 establecer una nota mínima para el acceso a la carrera de Magisterio, que se fijó en un 4 en Lengua Castellana y Literatura y una media mínima de 5 en la prueba de acceso a la universidad. La catedrática ha asegurado que la intención de la consejera catalana [en la época en que se aprobó el cambio era Irene Rigau, de Convergència] propuso que la nota subiera hasta un 8. “Lo intentó pero se encontró con la oposición de la Universidad, de los docentes y de los rectores”, según Camps. “Si solo eso es tan complicado, estamos muy lejos de conseguir lo que queremos”.