Política

De yerno perfecto a hombre tóxico

Cuando se casó con la Infanta, Urdangarin decía estar preocupado por encontrar trabajo

Empezó a torcerse cuando Diego Torres, profesor de Esade, entró en su vida

SCIAMMARELLA

“Ya sé que será duro, porque tener la carrera de empresariales y encontrar trabajo a los 30 años no va a ser fácil”, declaraba Iñaki Urdangarin a este diario en abril de 1997, a seis meses de casarse con la infanta Cristina y convertirse en yerno del Rey. Tenía entonces 29 años, le faltaban unas asignaturas para licenciarse y parecía el chico perfecto: alto, deportista, de buena familia, penúltimo de siete hermanos—, razonablemente abrumado por la popularidad —se refugió en casa de un amigo cuando se hizo pública su relación con la Infanta— y aparentemente preocupado por su porvenir. “¡Estamos encantados!”, proclamó la Reina en las escalinatas de La Zarzuela el día que se anunció el compromiso. Hoy reniegan de él.

La Casa del Rey le ha apartado de la vida oficial de la familia real y borrado todo rastro suyo de su página web. El chico perfecto ha resultado ser tóxico para la institución, que no ha logrado recuperar los niveles de popularidad previos al estallido del caso Nóos. ¿Cuándo se torció Urdangarin? ¿En qué momento pasó de estar preocupado por encontrar un puesto de trabajo a asumir que sus servicios valían millones de euros?

La historia de cuento empezó a torcerse con un máster en Admnistración de empresas en el ESADE, donde Urdangarin conoció a Diego Torres, el hombre que pocos años después, convertido en su peor enemigo, descargaría sobre él decenas de correos electrónicos con sus peores secretos. Torres, su profesor en la escuela de negocios, diseñó la estrategia de mezclar patrocinio, deporte y responsabilidad social con el reclamo del yerno del Rey, presidente del Instituto desde 2003, para abrir las puertas al dinero público. La aparente institución sin ánimo de lucro ingresó entre 2004 y 2007 nueve millones de euros.

Los ingresos de Urdangarin se multiplicaron por 18 entre 2002 y 2009: desde los 30.783 euros que declaró en 2002 hasta 571.000 en 2009. El informe que el juez del caso Nóos solicitó a la Agencia Tributaria revela cómo varias grandes compañías pagaron al duque de Palma elevadas cantidades de dinero a cambio de nada o casi nada. Por aportar “ideas interesantes” Mixta África le pagaba 6.000 euros al mes; Por “estrategia de negocio” y “comunicación para patrocinios” Lagardere Ressources ingresó en el Instituto Nóos 200.000 euros al año; Por “servicios de asesoramiento” Motorpress Iberica le abonaba 209.000 euros anuales. La lista aportada en el informe es mucho más larga. Y a Hacienda no le convencieron las “explicaciones vaporosas” sobre por qué se habían pagado tales cantidades. “No hay ningún documento, producto o resultado”, señalaba en su informe.

Txiqui, como le llamaban los amigos antes de que se conviertiera en conosorte de la duquesa de Palma, había dado un gran salto: del modesto piso en Barcelona había pasado a vivir en un palacete de 1.100 metros cuadrados, que acaban de poner a la venta por 9,8 millones de euros.

Su alto tren de vida alertó a La Zarzuela. En 2005, el asesor legal del Rey, José Manuel Romero, conde de Fontao, pidió a Urdangarin que se apartase del boyante Instituto Nóos y le aconsejó que crease una fundación si realmente quería dedicarse a una actividad sin ánimo de lucro. El yerno del Rey y Torres la crearon (Areté), pero según explicó el propio conde de Fontao al juez y al fiscal del caso, se trataba de una mera réplica de Nóos con fines mercantiles. Urdangarin había desobedecido al emisario del Rey.

La Zarzuela empezó entonces a marcar las distancias. En 2009, los duques de Palma, como era el deseo del Monarca, se fueron a vivir Washington, donde Telefónica Internacional había trasladado oportunamente a Urdangarin, consejero de la compañía desde tres años antes. Pero ya era tarde. Urdangarin se había distanciado de Torres en 2008 y había cometido el error de dejar en Nóos todos sus e-mails y papeles. Y su antiguo profesor no iba a perdornarle que se opusiera en marzo de 2012 a que levantaran la imputación a su mujer, Ana María Tejeiro. Urdangarin, y sobre todo su abogado, Mario Pascual Vives —elegido unilateralmente por el duque de Palma para que la Casa del Rey no pudiera controlarle— no había calibrado bien el afán y poder de venganza de su antiguo profesor y amigo. Un error de estrategia que ha pagado caro.

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