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Asociaciones profesionales y culturales preparan la primera “cumbre social”

El miércoles nacerá un movimiento reivindicativo que trascenderá a las centrales y a los partidos

El objetivo es organizar una marcha “sobre Madrid” a mediados de septiembre

La iniciativa ha partido de dos líderes sindicales, Cándido Méndez e Ignacio Fernández Toxo, secretarios generales de UGT y CC/OO respectivamente, pero solo como impulsores ya que quieren trascender la misión, la tarea y la lógica sindical ortodoxa, para dar cauce organizado al descontento ciudadano en general y el que concierne a colectivos concretos. Ambos han dirigido un escrito a ciento veinte personas, la mayoría representantes de organizaciones, asociaciones y colectivos para convocarles el miércoles a una reunión que han bautizado “primera cumbre social”. De este primer encuentro en Madrid se pretende que nazca un movimiento plural con acciones reivindicativas y que culminarán a mediados de septiembre en “una marcha sobre Madrid”. Han sido llamados desde la Asociación de Inspectores de Hacienda hasta la Conferencia de Rectores y profesionales de los distintos ámbitos de la Cultura.

Será el miércoles en una sede de CC/OO en Madrid donde se espera la asistencia de más de cien personas para que debatan y organicen una hoja de ruta de “protesta y de resistencia” contra los recortes y medidas del Gobierno. La diversidad de grupos que han manifestado de palabra y de obra, acudiendo a las concentraciones, malestar por los ajustes ha movido a los dos sindicatos mayoritarios a promover un cauce de un movimiento de claro carácter social, que recuerda a la diversidad de colectivos que se unieron contra la guerra de Irak.

Por primera vez van juntos CC/OO y UGT con el sindicato de funcionarios CSIF, cuyo líder, Miguel Borra, está en plena sintonía con las dos grandes centrales. Este ha sido también convocado para la “cumbre social” del miércoles junto al resto de sindicatos de España. Hasta aquí podría ser lo habitual en una coyuntura de conflicto laboral, provocado por leyes que los trabajadores de la empresa privada y los funcionarios y empleados públicos consideran lesivas para sus derechos. Ahora la situación es diferente por cuanto que el conjunto de medidas de ajuste hieren a una diversidad de grupos que no militan ni en sindicatos ni en partidos.

El descontento se ha palpado en estos días de movilizaciones. Todo empezó el once de julio cuando el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, anunció en el Congreso las medidas de ajuste cuyo alcance se ha conocido en el transcurso de los días. Desde el primer momento los funcionarios se echaron a la calle y la culminación de este primer brote de enfado se comprobó el viernes en las ochenta manifestaciones que hubo en toda España.

Profesionales de la Sanidad, de la Educación, entidades culturales (arte, cine, escritores, entre otras ), vecinales, y de diferentes movimientos asociativos quieren expresar su malestar por la respuesta que el Gobierno da a la crisis. Además, la subida del IVA ha aglutinado a sectores que ven su actividad en grave peligro. La Hoja de Ruta saldrá de la reunión del miércoles de esta llamada cumbre social pero en conversaciones preliminares se ha hablado de la posibilidad de preparar “una marcha sobre Madrid” para mediados del mes de septiembre.

Aunque el objetivo es difícil la idea inicial es que en agosto haya acciones de protesta pero de manera muy descentralizada. Los portavoces informantes señalan que cada comunidad autónoma tendrá su propia plataforma de manera que las iniciativas tengan sello y personalidad regional y autonómica. Cada grupo y cada colectivo tendrá la oportunidad de hacer sus propuestas y ponerlas en común aunque los sindicatos el miércoles recordarán que sigue vigente su iniciativa de convocar un referéndum sobre las medidas del Gobierno, aun sin fecha. La carta de convocatoria de esta reunión coincide con la prima de riesgo disparada a niveles insoportables para pagar los intereses de la deuda y cuando la comunidad valenciana ha solicitado ser intervenida por el Estado, por lo que los sindicatos no se atreven a hacer previsiones de qué es la pregunta que harán a los españoles cuando convoquen su consulta, que siempre tendrá carácter simbólico.