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Juicio a uno de los yihadistas más peligrosos detenidos en España

El fiscal pide siete años de cárcel para Ahmed Samsam, que combatió tres años con el ISIS y volvió a Europa para adquirir armas

Ahmed Samsam, detenido por la Guardia Civil en Málaga el pasado verano.
Ahmed Samsam, detenido por la Guardia Civil en Málaga el pasado verano.

A sus apenas 28 años, el historial de Ahmed Samsam, alias Abu Bakr o Syri, resulta extenso. Condenado en su país natal por tráfico de drogas, agresión, amenazas a la autoridad, hurto, lesiones y quebrantamiento de condena; este danés viajó en 2012 hasta Siria para enrolarse en las filas del autodenominado Estado Islámico. Allí coincidió con su hermano Hamza y, durante tres años, combatió con el ISIS, según los servicios de Inteligencia, que lo sitúan en episodios considerados cruciales por el grupo terrorista, como la toma del aeropuerto de Raqqa en el verano de 2014 o la decapitación de 87 militares del Ejército sirio en la Base 17. Una actividad en la primera línea de combate que dejó en 2015 para regresar a Europa, desde donde no ha dejado de financiar a la organización y tratado de adquirir armas de fuego, según explica la Fiscalía de la Audiencia Nacional, que pide siete años de cárcel y seis de libertad vigilada para el yihadista. El juicio comienza este martes.

Durante tres días, la sección cuarta de la Sala de lo Penal celebra la vista oral contra Samsam, considerado por los agentes de Inteligencia como uno de los terroristas islámicos más peligrosos detenidos en España. Abu Bakr cayó el 30 de junio en Málaga. Llevaba unos días en el país. En apenas tres semanas había cambiado nueve veces de hotel, según la Guardia Civil, que lo capturó después de que intentase adquirir armas y chalecos antibalas. Eso sí, durante su estancia en la Costa del Sol, no se privó de excesos. "Gastaba grandes cantidades de dinero, bebía, se drogaba y se hacía acompañar de prostitutas", aseguraron entonces agentes del instituto armado.

Al acusado se le considera un absoluto adepto al ISIS. "La investigación realizada ha constatado la total interiorización por su parte del ideario yihadista y su acrítica adhesión a sus premisas", subraya el Ministerio Público, que detalla cómo difundía también los postulados de la organización a través de las redes sociales para tratar de ganar adeptos. Contaba con una cuenta de Facebook, desde donde alababa la labor terrorista y donde llegó a amenazar a varios usuarios con aplicarles el mismo "castigo que en la Base 17". También había subido toda una batería de fotos donde se le observa haciendo el juramento del Estado Islámico, con armas y uniformado.

Tenía otro perfil de Youtube, donde hacía proselitismo del Estado Islámico y difundía vídeos entre su entorno —usando, por ejemplo, el WhatsApp— de decapitaciones y sangrientos combates del grupo yihadista. "Manifestando su satisfacción al poder expandir la que para él constituye la única verdad", sentencia el fiscal, que apunta que envió partidas de cientos de dólares a combatientes localizados en Siria. "Mantenía estrechas relaciones con varios de ellos, integrados en grupos que operaban en localidades como Alepo".