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Chuletas inteligentes para aprobar los exámenes

La tecnología revoluciona la manera de copiar en los exámenes, por ello la comunidad educativa busca maneras de controlar la presencia de dispositivos de todo pelo en las aulas

Estudiantes del IES Josep Miquel i Guarda, en el municipio de Alaior de Menorca, se examinan en 2017.
Estudiantes del IES Josep Miquel i Guarda, en el municipio de Alaior de Menorca, se examinan en 2017. EFE

“Bolígrafo con bluetooth para exámenes”. “Pinganillo para exámenes”. “Reloj chuleta”. Todos estos artilugios, con precios entre los 20 y los 160 euros, forman parte del catálogo de Amazon. Y con la selectividad y los exámenes finales, la búsqueda de los mismos se acelera. Las chuletas de toda la vida hace tiempo que se volvieron más sofisticadas: de ir escondidas en cualquier recoveco del estuche o en el reverso del típex han pasado a estar integradas en dispositivos móviles o directamente a usar un sistema de transmisión. En la Tienda del Espía, que tiene varias sedes por toda España, no tienen datos exactos del aumento de la venta de pinganillos en estas fechas, pero constatan que en época de exámenes o de oposiciones experimentan una fuerte subida de ventas.

Algunos alumnos graban el examen con una cámara o le hacen una foto y se la mandan a un cómplice que está fuera del aula. El cómplice responde las preguntas y se las comunica vía pinganillo al que está examinándose. La figura del ayudante es clave: en realidad es el que va a contestar el examen por lo que, en algunos casos, no lo hace un mero compañero sino que se paga a alguien (un profesor particular, un alumno aventajado...) para que chive bien. Para hacer esto, la gente usa el denominado e-pinganillo, de diminuto tamaño y muy difícil de detectar. Los relojes inteligentes son otra práctica en auge.

Desde las instituciones educativas, los profesores se muestran preocupados y algo impotentes por el crecimiento de estos mecanismos de copia: “En algunos casos, por mucho que revises, son muy complicados de detectar”, dice Luis Agudo, profesor en un instituto de Madrid. “Algunos pinganillos son minúsculos, no los ves. Tampoco puedes cachear a todos los alumnos ni pasarte 10 minutos revisándoles a todos”, añade.

Por eso, se han ideado otras maneras de detección. Se probó con los inhibidores de frecuencia, pero este año, en las pruebas de Selectividad, un grupo de inspectores apareció por sorpresa en algunas aulas. Con ellos llevaban un pequeño aparato, un detector de ondas que percibe si hay algún mecanismo de emisión en los alrededores. Con el sensor se paseaban por las clases para detectar si alguien estaba usando algún tipo de dispositivo. El barrido es rápido, pero por si algún alumno está ojo avizor para apagar el dispositivo, los profesores también vigilan los gestos y movimientos sospechosos. En breve, quizá esta práctica se extiende a todas las convocatorias de exámenes y las chuletas de toda la vida vuelven. Una web (Chuletator) permite diseñarlas para luego hacerlas pequeñas y fácilmente ocultables con la finalidad de sacarlas en medio de la prueba. 

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