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El menor acusado del asesinato de una joven en Zamora participó en su búsqueda

El juez ha ordenado su ingreso en un centro de menores. A la espera de los resultados de la autopsia, se enfrenta a ocho años privado de libertad por "asesinato"

Terraplén en el que fue hallado el cuerpo de Leticia Rosino, en Castrogonzalo (Zamora). Al fondo, unas flores lo recuerdan. VÍDEO: ATLAS

Los vecinos de Castrogonzalo (Zamora) recuerdan perfectamente a “esos dos niños pegados a las faldas de su madre, sin querer soltarla de la mano; cuando venía, no querían saber ya nada de su abuela María, que los crió hasta su muerte, hace pocos años”, cuentan. “Esta mujer viene, les lleva a cortar el pelo y ya no se acuerdan de mí”, dicen que se lamentaba la señora. Los hijos de Fostrón, como se conoce en esta pequeña población zamorana de 500 almas a “el pastor”, “se quedaron con el padre porque si le daban la custodia a la madre también tenía que quedarse ella con la casa y el ganado, y eso no lo consintió ni el padre ni la familia paterna”, cuentan quienes han vivido con ellos puerta con puerta. Y recuerdan: “No la dejaron ni entrar en la iglesia el día de la comunión de los chiquillos”. Uno de ellos, el menor, de 16 años, ha sido acusado este sábado del asesinato de Leticia Rosino, una joven de 33, que vivía con su pareja en el municipio desde hacía dos años.

El chico, que ayer el juez ordenó ingresar en un centro de menores, es conocido por todos, y “compañero del instituto de Benavente” de sobrinos y nietos de los mayores de esta localidad. La tarde del pasado jueves, cuando los familiares de Rosino denunciaron su desaparición porque desde las 18.30 no contestaba al teléfono, él andaba con las ovejas en las inmediaciones del pueblo. A las 22.30, y ante lo extraño de la falta de señales de la muchacha, un guardia civil de paisano organizaba la búsqueda en la puerta de la casa de David, su novio, cuya familia es oriunda de este pequeño municipio. Allí estaba también el hijo menor del pastor, en el círculo formado por los vecinos que se habían ofrecido voluntarios para participar en la batida. “¿No has visto tu a Leticia cuando andabas por ahí con las ovejas?”, le preguntó Marisol, la abuela de David. Él respondió que no.

Tres horas más tarde, hacia las 1.30 encontraban el cuerpo de la joven en un pequeño barranco, a la entrada del pueblo, junto a la planta de basuras en la que trabajaba su suegra, Clari, y el abrevadero de las ovejas. Una zona próxima a la orilla del río Esla muy transitada por paseantes y una de las vías de acceso y salida de la localidad. “Un reguero de sangre, unas piedras, los leggins y las bragas de la chica…”, fueron configurando para los investigadores una escena del crimen que terminó apuntando hacia la casa del pastor.

El viernes por la tarde, en su primera declaración, el chico acusó a su propio padre: “Quiso violarla y la mató”, contó a los agentes de la Guardia Civil de Benavente, que detuvieron inmediatamente al pastor. “Habían estado juntos esa tarde, sacando a las ovejas”, aseguran fuentes próximas a la investigación. El chaval aportó numerosos detalles acerca de lo ocurrido, que teóricamente había visto y le había contado su padre. “Explicó donde ocurrió y cómo, llegó a contar que la chica trató de escapar corriendo tras recibir el primer golpe en la cabeza con una piedra y que volvió a atraparla y le asestó más golpes con otra, y que finalmente la tiró por el terraplén cercano, al que incluso tuvo que bajar para ocultar más el cuerpo”, aseguran las mismas fuentes. Todo habría ocurrido en ese paraje transitado, a plena luz del día.

Sin embargo, el padre que se mantuvo callado inicialmente ante los agentes, al ser preguntado negó esos hechos. Y su escueta declaración fue avalada más tarde por unas cámaras ubicadas en un local del pueblo y por testigos, que aseguraban haberle visto aquella tarde a la hora a la que supuestamente se perpetró el crimen.

Su hijo menor no soportó un segundo interrogatorio: “Las contradicciones e incoherencias en su relato le convirtieron en el sospechoso principal”, aseguran los investigadores. El caso dio un giro. Este lunes el chico, de porte corpulento, confesaba los hechos e ingresaba en prisión acusado de asesinato, de momento, y a falta de los resultados de la autopsia que determinará si hubo también agresión sexual. Se enfrenta, según la Ley del Menor, a una pena de ocho años.

“Nadie entiende por qué lo hizo”, dice una joven del pueblo que conoce al acusado. “Es un chico gamberro, que sabemos que ha robado gallinas a los vecinos, que ha roto cristales y ha incriminado a los amigos, que ha hecho fechorías de ese tipo, pero nadie podía esperar nada semejante”, cuenta. “Conocía tanto a Leticia como cualquiera de aquí, no es que tuviera ninguna obsesión con ella ni nada; se le cruzó un cable y pudo ser ella como cualquier otra o ninguna si no pasa por ahí”, dice.

El pastor, que “es un hombre huraño, un poco temido, pero saludado por todos”, ayer había soltado a los perros, que custodiaban su casa. La madre de los chicos, “que huyó en su día con la hija que tenía de una pareja anterior al norte de España”, no se ha dejado ver por el pueblo, según los vecinos, que señalan que el pastor tiene también otras dos hijas en la localidad de otra pareja anterior. Su abogado ha negado que el hombre, de unos 60 años, tenga “antecedentes penales”, frente a lo que se dijo inicialmente, y trata de limpiar su imagen, aunque no defenderá a su hijo. Fuentes próximas a la investigación aseguran que los Servicios Sociales quisieron quitarle a sus dos vástagos hace tiempo "por la vida desordenada que llevaba y por su afición a la bebida, pero la familia se interpuso y lo impidió".

El móvil del crimen solo lo conoce su autor. Pero por qué quiso inculpar a su padre: “No llevaba bien sus castigos, quizá quiso vengarse de él”, dicen los vecinos de un pueblo espantado por el suceso cuyo alcalde, Joaquín García (PSOE), llama a "mantener la calma".