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ETA ha desaparecido. Y ahora, ¿qué?

La batalla por el relato, el reconocimiento a las víctimas y la reinserción de los presos serán claves en los próximos años

Un trabajador municipal borra una pintada de apoyo a ETA, este sábado. En vídeo: Las heridas que deja ETA.

Maixabel Lasa, viuda de Juan María Jáuregui, ex gobernador civil de Gipuzkoa, asesinado por ETA, y primera directora de la Oficina de Víctimas del Terrorismo del Gobierno vasco, asegura en la película El fin de ETA que, tras su disolución, lo más importante es el relato que se va a legar a las futuras generaciones en el que debe quedar claro que el terrorismo de ETA no tuvo justificación alguna y que sus víctimas lo fueron injustamente.

La prueba de la importancia del relato está en el propio comportamiento de ETA que, en el comunicado del 20 de abril, el anterior a su desaparición, el jueves, otorgó especial relevancia a la justificación de su trayectoria terrorista desde sus inicios en 1961, en la dictadura franquista, hasta su final, el 20 de octubre de 2011, cuando en España ya se disfrutaba de casi cuatro décadas de democracia.

Con su tesis del "conflicto", cuyo origen sitúa en el bombardeo de Gernika por la aviación nazi con la autorización de Franco, en plena Guerra Civil, pretende justificar sus 853 asesinatos, cometidos en un 93% durante la Transición y la democracia, especialmente en los años más difíciles. ETA no tuvo justificación alguna y la historia debe condenarle sin remisión porque, como recordaba Maixabel Lasa, es fundamental que las generaciones jóvenes conozcan esa verdad para que la historia no se repita.

La batalla del relato. Por tanto, tras la disolución de ETA, la batalla por el relato será una cuestión clave en Euskadi. Primero, porque son muchas las personas que quieren olvidar. Un informe del Euskobarómetro, publicado hace unos meses, señalaba que una mitad de vascos (44%) quiere pasar página frente a un 43% que se decanta por cultivar la memoria del terrorismo.

Existe, también, mucho desconocimiento entre las jóvenes generaciones vascas de lo ocurrido durante los años de plomo. Una encuesta de la Universidad de Deusto, publicada el pasado octubre, señalaba que el 50% de sus universitarios desconocía la matanza del Hipercor de Barcelona, de junio de 1987, la mayor de la historia de ETA, que arrojó 21 muertos. Otro 40% desconocía quien era Miguel Ángel Blanco, el concejal del PP de Ermua (Bizkaia), cuyo secuestro y asesinato por ETA en julio de 1997 originó el mayor levantamiento civil contra el terrorismo etarra, y otro 58% ignoraba la existencia de los GAL.

La cara positiva de la encuesta es que el rechazo a ETA es abrumador —sólo un 2% de los jóvenes la justificaba— y la inmensa mayoría, hasta un 83%, consideraba que las víctimas del terrorismo merecen reconocimiento público y memoria. Asimismo, una abrumadora mayoría de estudiantes deseaba ampliar sus conocimientos sobre un tema del que subrayan que no se abordaba en los libros de texto ni en las tertulias familiares.

Las instituciones democráticas tienen clara la importancia del relato. El País Vasco cuenta con dos centros dedicados a la memoria, de reciente creación: Gogora, impulsado por el Gobierno vasco en Bilbao y dedicado a la memoria de la Guerra Civil, la represión franquista y el terrorismo (ETA y guerra sucia) y el Centro Memorial de Víctimas del Terrorismo, impulsado por el Gobierno central en Vitoria, dedicado exclusivamente al terrorismo. Ambos centros, que parten del planteamiento básico común de que el terrorismo etarra no tuvo justificación, pese a la represión franquista y a la guerra sucia, también injustificables, están obligados a entenderse en aras de un relato democrático.

Frente a ellos está el relato oficial de la izquierda abertzale en línea con el del comunicado de ETA del 20 de abril. Gaizka Fernández Soldevilla, jefe de investigación del Centro Memorial de Víctimas del Terrorismo, señala: "Los publicistas de la izquierda abertzale consideran que ETA fue una respuesta armada al Estado por la invasión española. Cualquier tergiversación de la historia es peligrosa. Pero esta es especialmente grave porque pretende justificar en parte los crímenes de ETA". Soldevilla añade que "hay toda una industria de la memoria, gracias a un entramado de asociaciones que, a pesar de su escasa calidad y partidismo tiene una notable difusión en las redes sociales, respaldo de los medios de comunicación, editoriales, audiovisuales, red de librerías, etc."..

Autocrítica de la izquierda abertzale. La memoria es una batalla que se mantendrá en Euskadi a largo plazo. Una memoria ajustada a la realidad de lo sucedido es necesaria para la convivencia. Gorka Landáburu, periodista y víctima de ETA, suele decir: "Tenemos que pasar página. Tenemos que favorecer la convivencia. Pero antes de pasar la página, hay que leerla bien". En la tarea de facilitar la convivencia, Bildu, la representación política de la izquierda abertzale, tiene mucha responsabilidad. Desde el cese definitivo del terrorismo, en 2011, la sociedad vasca y los partidos que la representan, excepto Bildu, ha dado un salto muy importante en el reconocimiento de las víctimas y la memoria crítica del terrorismo, situándolas en el centro del debate. La petición de perdón del lehendakari Iñigo Urkullu, hace tres años, a las víctimas, en nombre de las instituciones vascas, por no haber estado a la altura en los años de plomo le dio un importante impulso.

La dinámica política vasca ha empujado a Bildu a dar algunos pasos como su presencia en homenajes a víctimas de ETA como el de Miguel Ángel Blanco en Ermua, en julio, y el de Isaías Carrasco en Mondragón, recientemente, impensables en el pasado. El secretario de Paz y Convivencia del Gobierno vasco, Jonan Fernández, está convencido de que, desaparecida ETA, Bildu avanzará en "la dirección de reconocer el daño injusto causado por el terrorismo". Cree, también, que el comunicado de ETA, del 20 de abril, en el que por vez primera muestra su "dolor por las víctimas, ofrece su respeto a todas y pide perdón a las que lo fueron accidentalmente" es "tan sólo un punto de partida" para Bildu.

A su vez, algunas víctimas del terrorismo —a veces acompañadas de etarras arrepentidos— también están contribuyendo a la convivencia con su presencia en las aulas en las que, a través de sus testimonios, tratan de que los estudiantes conozcan lo injustificado del terrorismo en Euskadi, el daño que ha hecho a las familias, para superar el odio y no se vuelva a repetir.

Política penitenciaria y presos de ETA. La izquierda abertzale sabe, también, que "su reconocimiento del daño injusto causado a las víctimas va a facilitar la decisión de los jueces en favor de una aplicación más flexible de la legislación penitenciaria a los presos de ETA", señala Jonan Fernández.

ETA desaparece dejando a cerca de 300 presos en las cárceles —230 en España y 57 en Francia— y esa herencia la recoge Bildu. Aproximadamente, el 90% de los presos encarcelados en España están en primer grado y la mitad ha solicitado el cambio de grado, denegado por la Administración penitenciaria con el argumento de que ETA no ha desaparecido.

La banda ha decidido desaparecer, precisamente, cuando ha comprendido que su existencia era un obstáculo para mejorar la situación de sus presos, pues el Gobierno del PP había condicionado el cambio en su política penitenciaria a su desaparición. Es el mismo argumento que Rajoy ha presentado a las peticiones reiteradas del lehendakari Urkullu, tras el cese definitivo del terrorismo en 2011.

El Gobierno central ya ha anunciado que "estudiará caso a caso cada petición de acercamiento a las cárceles vascas y cambios de grado por parte de los presos a los que exigirá que cumplan los requisitos legales". Amaia Fernández, secretaria general del PP vasco, señalaba, recientemente, que "la desaparición de ETA no generará un acercamiento automático de presos a las cárceles vascas" pues "la revisión caso por caso necesitará tiempo". La izquierda abertzale ya ha asumido, también, que el proceso será lento.

El lehendakari Urkullu señalaba el miércoles a EL PAIS que, una vez desaparecida ETA, el Ejecutivo de Rajoy debe cumplir sus promesas del pasado de que la disolución de ETA acarrearía la revisión de la política penitenciaria. Urkullu precisaba que Rajoy no tiene excusas, ahora, para plantearse el acercamiento de presos de ETA a las cárceles vascas y aplicar la política penitenciaria de modo más flexible (cambios de grado, beneficios penitenciarios, etc.) sin necesidad de cambiar la legalidad. La reinserción de los presos de ETA es la otra cara de la convivencia en Euskadi y el Gobierno del PP no debe buscar ahora la excusa del relato para incumplir sus viejas promesas

Guerra sucia, niños y héroes civiles. El terrorismo de ETA, por la cantidad de las víctimas que generó y por su impacto en la sociedad vasca, está en el centro de las responsabilidades. Pero, en el recuento final del terrorismo, no puede obviarse la existencia de la guerra sucia —desaparecida mediados los años ochenta— con decenas de asesinatos. Más del 60% de estos casos están pendientes de esclarecer. Asimismo, las víctimas de la guerra sucia y de abusos policiales no están teniendo, en algunos casos, un tratamiento similar por parte de la Administración respecto a las víctimas de ETA.

Los niños, los hijos de los asesinados, son, generalmente, los que más han sufrido las consecuencias del terrorismo y no tienen visibilidad. Lo suelen tener, en muchos casos, hermanos y en algunos, menos, viudas. Los niños son los grandes olvidados.

Además del reconocimiento a las víctimas del terrorismo, las instituciones deben plantearse el reconocimiento a los que puede denominarse "héroes de la sociedad civil". El reciente homenaje de las instituciones gipuzkoanas a la Libreria Lagun, que resistió al franquismo y a ETA, y a los empresarios vascos por parte del Ejecutivo autónomo es un buen comienzo. En Euskadi hubo bastante gente corriente, más de la que se dice, que no miró a otra parte y se enfrentó a ETA