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Comandante Gallego, una militar española con mando en Irak

“Integrarnos con las tropas americanas es un reto”, explica la jefa de la unidad del Ejército con cinco helicópteros y 75 militares

Gala Gallego será la primera militar española que mandará una unidad del Ejército de Tierra en zona de conflicto.

La comandante Gala Gallego asegura que la amenaza contra los helicópteros en Irak es “muy baja”. Aunque un Pave Hawk HH-60G estadounidense se estrelló el pasado 15 de marzo junto a la frontera siria, muriendo sus siete ocupantes, los informes de inteligencia aseguran que no fue derribado sino que sufrió un fallo mecánico.

Pese a ello, la comandante advierte a sus hombres de que “no hay que bajar la guardia” y repasa una y otra vez las medidas de autoprotección, tanto activas como pasivas: tiradores a bordo, blindaje balístico, bengalas y otras que no quiere revelar. “Como en Afganistán, la amenaza en Irak es un enemigo asimétrico, muy camuflado en la población civil, al que es prácticamente imposible detectar”, explica.

Embutida en su mono de piloto, parece una mujer menuda y frágil, pero rodeada de sus subordinados —varios de los cuales le sacan algún palmo—, o a los mandos de un helicóptero de nueve toneladas, se agiganta.

El Ejército de Tierra ha puesto a esta comandante de 42 años, natural de La Línea de la Concepción (Cádiz), al frente del contingente de cinco helicópteros y 74 militares, nueve de ellos mujeres, que en mayo se desplegará en Irak. Nunca antes una mujer había mandado una unidad operativa de las Fuerzas Armadas españolas en zona de conflicto. El único precedente es la teniente coronel Ana Betegón, que en 2014 dirigió un hospital de campaña en Afganistán.

“Supone una gran responsabilidad; entre otras razones porque, logísticamente, poner en marcha toda la maquinaria de una unidad tiene toda la responsabilidad del mundo”, admite.

Las fuerzas de la coalición internacional liderada por EE UU tienen prohibido circular por carretera, ya que el Gobierno de Bagdad no quiere que sea demasiado visible la presencia de tropas extranjeras en su suelo. De ahí que los helicópteros resulten indispensables para garantizar su movilidad. Y que la mayoría de los vuelos sean nocturnos.

De la llanura manchega a la ribera del Tigris

M. G.

En la base de las Fuerzas Aeromóviles del Ejército de Tierra en Almagro (Ciudad Real), la unidad de la comandante Gallego ultima los preparativos para su misión. Los tres helicópteros de transporte pesado Chinook y los dos medios Cougar ya están en la base de Rota (Cádiz), listos para embarcar en el buque de proyección estratégica Juan Carlos I, pero en la llanura manchega sus tripulaciones repasan procedimientos operativos con aparatos del mismo modelo. En la tercera semana de mayo, viajarán por vía aérea a Kuwait para recibir al Juan Carlos I.

Desde la cubierta del buque, tras poner a punto los helicópteros, volarán a la base de Taji, a 27 kilómetros al norte de Bagdad, en la ribera del río Tigris, con escala intermedia en una base americana en Kuwait. La misión de la ISPUHEL (Unidad de Helicópteros Españoles en Irak, por sus siglas en inglés) tiene duración indefinida, pero el actual contingente, procedente de El Copero (Sevilla) y Colmenar Viejo (Madrid), será relevado en seis meses.

La misión principal de los militares españoles, explica Gallego, será el transporte de personal y material entre las bases de la coalición. La gran novedad es que el contingente español se integrará en una unidad del Ejército estadounidense, la 449 Combat Aviation Brigade. El control operativo de los soldados españoles pasará a un coronel estadounidense, que les asignara las misiones. Incluso un helicóptero español podría operar en pareja con otro americano.

“Es un reto profesional, porque los procedimientos no son exactamente los mismos y habrá que llegar a un equilibrio. El idioma también es un hándicap porque, aunque todos dominamos el inglés, no es nuestra lengua materna y por radio no puedes apoyarte en el lenguaje corporal”.

Sus misiones serán las mismas que las de los estadounidenses, con una salvedad: los españoles no pueden operar en Siria. Además, España se reserva un 20% de las horas de vuelo para sus necesidades nacionales —hay otros 480 militares españoles en Irak en tareas de instrucción— y la comandante será la responsable de organizar turnos de trabajo y descanso.

Gallego ha estado una vez en Bosnia y tres en Afganistán. En este último país perdió a amigos y compañeros en el accidente del Cougar en el que murieron 17 militares en agosto de 2015. Y también vivió allí su experiencia más dura: acudir a rescatar “a personal [militar] español en algunos casos herido y en otros, desgraciadamente fallecido”.

En esta misión, sin embargo, hay una circunstancia que no se daba en ninguna anterior: se deja en España a un niño de cuatro años y una niña de 22 meses a quienes durante el próximo semestre deberá contentarse con ver crecer por Skype.

“Para cualquier padre o madre es difícil, sobre todo a estas edades, pero no me lo planteo. En su día decidí ser militar con todas sus consecuencias y esto forma parte de mi trabajo”.

— ¿Siente que se le mira con lupa por su condición de mujer?

“No sé cómo se me mira, porque no estoy al otro lado. Yo he llegado a donde he querido, no he notado ningún veto. Al final, el mando designa a la persona idónea [para el puesto], no es lo importante que sea mujer o no”.

 

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