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Los obispos, “perplejos” ante la indiferencia religiosa de los jóvenes

El cardenal Blázquez califica la escasez de vocaciones de “penuria seria e indigencia básica”

El cardenal Ricardo Blázquez en la sede de la Conferencia Episcopal en una foto de archivo.
El cardenal Ricardo Blázquez en la sede de la Conferencia Episcopal en una foto de archivo.

Los obispos iniciaron en la mañana de este lunes su asamblea de primavera encerrados en sí mismos, sin referencia alguna a las vicisitudes en que está sumida la sociedad española. Es lo que se deduce del discurso inaugural de su presidente, el cardenal arzobispo de Valladolid, Ricardo Blázquez, centrado en los problemas internos, fundamentalmente en la escasez de vocaciones sacerdotales y en el “enfriamiento” de la fe entre los jóvenes. ¿La Iglesia es para ellos indiferente e irrelevante?”, se ha preguntado el líder episcopal. En 2017 se ordenaron 109 sacerdotes en los seminarios españoles, frente a los varios miles que lo hacían hace décadas. Es “el invierno eclesial” al que se refería el cardenal Antonio María Rouco hace un lustro. Blázquez habla ahora de “penuria seria”, incluso de “indigencia básica”. Añade: “Si hace varios decenios la abundancia era extraordinaria, actualmente la escasez es también extraordinaria. Aquella abundancia impulsó a la construcción de muchos seminarios, que poco tiempo más tarde no fueron necesarios”.

Es el tema principal de una semana que los prelados españoles, en activo y eméritos, dedican a analizar sus problemas de apostolado, que su líder califica como “fuente de inquietudes y sufrimiento”. En primer lugar, alude al “ambiente”, que Blázquez califica como “debilidad de fondo”. Frente a la abundancia del pasado, la penuria actual se prolonga más allá de lo que los obispos suponían hace años. La plenaria se produce una semana después de que el Tribunal Constitucional haya avalado la ley educativa del Gobierno de Mariano Rajoy, que facilita a los prelados, con dinero público (en torno a 700 millones cada año), todo tipo de privilegios para enseñar catolicismo en las escuelas, con una asignatura llamada de “Religión y Moral cristiana” que cuenta para la nota media y para obtener becas.

La crisis eclesiástica, muy profunda, se refleja en la propia cúpula eclesiástica. La Iglesia romana tiene en España 10 cardenales, 17 arzobispos, 74 obispos diocesanos y 17 prelados auxiliares, de los que 35 tienen más de 80 años y los que siguen en activo superan una media de edad de 65. “Las consecuencias de esta carestía larga y dura, es decir, el descenso del número de presbíteros y su media de edad cada vez más alta, nos puede acechar la tentación de cubrir la falta de vocaciones con soluciones improvisadas y atajos arriesgados”, advierte Blázquez. Se refiere a la tentación de relajar “el marco de preparación para el ministerio, en ocasiones insatisfactorio”. El número de seminaristas es muy reducido, descendiente cada año, pero también escasean los profesores dedicados a su formación.

La Conferencia Episcopal lleva tiempo intentado descubrir las causas y las circunstancias de la crisis de vocaciones. Los obispos están perplejos, en palabras de Blázquez. “En un tiempo pensamos que la crisis de seminarios podía proceder de la crisis de sacerdotes, ya que nos vimos inmersos en perplejidades sobre el sentido del ministerio que condujeron junto con otras causas a numerosas secularizaciones”. Pendiente de las reflexiones que realicen los obispos esta larga semana de reuniones y debates, hasta concluir el próximo viernes, Blázquez fue muy duro con la tarea episcopal. “Quizá más que crisis de vocaciones podría tratarse de una crisis de convocantes”, sentenció.

La asamblea plenaria elegirá a los prelados que van a participar en el Sínodo de los Obispos sobre los jóvenes convocado por el papa Francisco para el próximo otoño. Blázquez dedicó buena parte de su discurso al tema, interrogándose por los motivos de la indiferencia religiosa entre la juventud. “¿Qué buscan los jóvenes? ¿Por qué, sin motivo personal conocido, se distancian de la participación en la vida de la Iglesia y se colocan silenciosamente como al margen, de ordinario sin agresividad? ¿La Iglesia es para ellos indiferente e irrelevante? ¿Están convencidos de que poco o nada pueden esperar de ella? ¿Son los jóvenes como un sismógrafo que detecta los movimientos subterráneos de la historia?”

Fueron algunas de sus preguntas. El Vaticano tiene en su poder el resumen de las respuestas ofrecidas en una encuesta realizada en el orbe católico, también en España. El documento final, elaborado por 300 jóvenes reunidos en Roma del 19 al 25 de marzo, será una de las bases de debate en la Asamblea del Sínodo de los Obispos de octubre. Por España participaron los jóvenes Javier Medina (Valencia) y Cristina Cons (Santiago de Compostela).

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