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El funcionario que estuvo 10 años sin trabajar en Valencia no cometió ningún delito

La Fiscalía archiva la investigación con el argumento de que Carlos Recio avisó a sus superiores de que "carecía de puesto físico" y no le hicieron caso

Carles Recio en un cartel de su frustrada exposición artística. Atlas-Quality

El funcionario de la Diputación de Valencia que estuvo 10 años sin ir a trabajar no cometió ningún delito, según ha concluido la Fiscalía. El ministerio público ha archivado la denuncia presentada contra él con el argumento de que Carles Recio advirtió de su situación a sus superiores y que estos no le hicieron caso.

Una portavoz de la Fiscalía ha explicado a EL PAÍS que Recio ha acreditado, o ha sembrado al menos una duda razonable, sobre el hecho de que avisó a sus jefes de que carecía de un puesto y de un ordenador propio en la Diputación, pese a lo cual nadie hizo nada por subsanar la anomalía.

De no haber existido tal comunicación, indican las mismas fuentes, su prolongado absentismo sí tendría características de ilícito penal —tal vez de malversación—, al tratarse de un organismo público.

Recio solo aparecía por allí para fichar. A veces, ha precisado una de sus compañeras, cumplía el trámite muy temprano, llevando puesto aún el batín y las zapatillas de andar por casa

Recio fue nombrado jefe de actuación bibliográfica en 2006. En los 10 años siguientes, según la investigación realizada por la Diputación, no consta que hiciera trabajo alguno. El verano pasado fue despedido tras ser declarado autor de una "falta muy grave continuada de abandono del servicio" y otra grave "por haber realizado acciones dirigidas a impedir que fueran detectados los incumplimientos injustificados de su jornada de trabajo".

Recio solo aparecía por allí para fichar. A veces, ha precisado una de sus compañeras, cumplía el trámite muy temprano, llevando puesto aún el batín y las zapatillas de andar por casa.

El exfuncionario se ha librado del procedimiento penal gracias, sobre todo, a la declaración de una antigua responsable del archivo de la Diputación, que admitió a la fiscal del caso que desde que Recio fue relegado a este departamento, tras protagonizar un turbio escándalo, nunca dispuso de un espacio propio. El exempleado público ha aprovechado su testimonio para presentarse como una víctima y ha sostenido que se vio obligado a trabajar allá donde podía: en los bancos de madera de los pasillos de la Diputación y en bibliotecas públicas.

La discusión ante la Fiscalía ha sido desigual. Mientras Recio ha presentado alegaciones y testimonios en su descargo, la Diputación, que ya lo había despedido y consideraba el asunto zanjado, apenas ha intervenido en las diligencias. Estas se abrieron a instancias de la última superior directa que tuvo Recio, María José Gil, que sí tenía un interés personal en que prosperaran.

La apertura de la investigación de la Fiscalía implicó la suspensión del expediente administrativo que la Diputación había abierto sobre el caso Recio. El expediente, que ahora ha sido reactivado afecta a Gil, y la antigua jefa de Recio puede ser suspendida de empleo y sueldo entre tres y seis años si, como parece, se la considera responsable de una falta grave por no haber vigilado a su subordinado.

Nacido en Elda en 1965, autor de varios libros y de cómics de contenido erótico, Recio fue uno de los intelectuales del llamado blaverismo, el movimiento social que defendió la secesión lingüística del valenciano, y perteneció a Unión Valenciana, el partido político que lo representó.

En los años noventa, tras la alianza de Unión Valenciana con el PP para gobernar las instituciones valencianas, Recio entró en la Diputación, donde se hizo cargo del servicio de publicaciones.

Caída en desgracia

Su caída en desgracia se produjo después de que en 2005 saliera a la luz que tenía abierto un prostíbulo masculino en la casa donde había vivido con su mujer hasta que se separaron.

En febrero de este año, Recio montó una exposición en la que, sin pizca de ironía, reivindicaba toda una vida de trabajo. El exfuncionario reservó la sala de la Junta Municipal de Ciutat Vella de Valencia para exhibirla utilizando una identidad falsa. Tras descubrirlo, horas antes de la inauguración, el Ayuntamiento canceló la muestra y acusó a Recio de haber intentado aprovecharse nuevamente de las instituciones.

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