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Los familiares cometen el 60% de las agresiones a menores

Los casos de violencia por parte de las parejas de los padres o madres de los niños han crecido y suponen un 7,8% del total

Alumnas de un instituto de Madrid.

Los menores que sufren maltrato suelen tener al agresor cerca. En el 60% de los casos pertenece a sus familias. Son datos del informe que una organización de ayuda a niños, la Fundación Anar, ha presentado este jueves en el Congreso. Los casos de violencia ejercida por parte de las parejas de sus padres o madres —como ha ocurrido supuestamente en el caso del niño Gabriel— suponen un 7,8% del total, con un incremento de cinco puntos en los ocho años que analiza el trabajo.

La fundación ha presentado este jueves el estudio Evolución de la violencia a la infancia en España según las víctimas en el que analiza las llamadas recibidas en sus teléfonos de ayuda entre 2009 y 2016. En ese tiempo atendieron 2,4 millones de llamadas que dieron lugar a 25.314 casos de violencia sobre menores, de los que 3.605 se consideraron “en situación de riesgo y desamparo” y requirieron la intervención con servicios sanitarios y Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

El informe analiza la evolución de los datos de tres trabajos previos —2009, 2013 y 2016—, un periodo en el que las llamadas atendidas se dispararon casi un 300% y en el que la fundación ganó presencia pública fundamentalmente por sus informes públicos sobre acoso escolar. Y determina que las agresiones han evolucionado a peor: son más frecuentes, duran más y son más graves. En concreto, señala que ha aumentado la frecuencia con la que los menores son agredidos —en el 62,2% de los casos es a diario— o la duración del maltrato, que en más de la mitad de los casos se alarga más de un año (puede revisar el gráfico aquí).

Más chicas entre las víctimas

El informe señala que ha aumentado el porcentaje de víctimas femeninas respecto al de chicos, pasando de un 54,1% al 57,3% del total en los ocho años analizados. El aumento “se debe fundamentalmente a los casos de abuso sexual, donde el 75% son mujeres y la violencia de género adolescente, donde el 100% son mujeres”. La edad media de las víctimas se sitúa en 11,5 años aunque ha crecido el número de casos registrados en los que los menores tienen entre cinco y 12 años de edad —el 22% en 2016 frente al 14,5% en 2009—.

Es la familia donde se registran la mayoría de las agresiones, principalmente por parte del padre biológico del menor (en uno de cada tres casos) o de la madre biológica, en una de cada cinco ocasiones. La violencia parte sobre todo del seno familiar pero, en el extremo opuesto, es también un lugar de consuelo. Los abuelos son el principal apoyo familiar cuando fallan los padres o son estos quienes agreden a sus hijos (19,3% de los casos).

Pero los principales cómplices y respaldo de las víctimas son los amigos de su edad, casi en la mitad de los casos. Y donde menos apoyo reciben es entre los adultos de su centro escolar, ya que solo un 7,3% de los menores atendidos por la fundación fueron ayudados por profesores del colegio o instituto en el que estudian.

Tras la familia, el siguiente agresor más habitual es un compañero del colegio. En uno de cada cinco casos, el maltrato proviene del entorno escolar si bien, tal y como señalaba otro informe publicado hace menos de un año por Anar, el silencio ya no es una constante en estos casos y más de la mitad de los acosados y de sus amigos se enfrentan a los acosadores, que suelen actuar en grupo.

Aunque haya aumentado la concienciación, el informe alerta de que los agredidos mantienen el silencio mucho tiempo. Las víctimas tardan casi dos años en dar la voz de alarma, un tiempo similar al que tardaban cuando la fundación comenzó a analizar datos en 2009.

En uno de cada tres casos, el menor sufre violencia física, lesiones, golpes, bofetadas, puñetazos y patadas, además de amenazas graves, coacciones y gritos. Y en el 6,7% de los casos sufrieron traumatismos, como huesos rotos o contusiones fuertes, detalla el informe.

“Un niño que crece a base de golpes, sacudidas y puñetazos o es víctima de abusos, aprenderá que la violencia es el instrumento para resolver los conflictos en su vida y podrá repetir esa violencia con otras personas, o por el contrario vivirá temeroso y aislado”, señaló ayer la responsable del departamento jurídico de Anar, Sonsoles Bartolomé.

La fundación considera en una nota que al disminuir la edad de las víctimas y al aumentar la frecuencia, la duración y la gravedad de la violencia, los problemas psicológicos causados también se agravan y aumentan en la mayoría de los casos: ansiedad, miedo, síntomas depresivos, trastornos psicológicos, agresividad, aislamiento y soledad.

“Necesitamos poner freno a este ascenso alarmante de la violencia que padecen los niños”, consideró el director de programas de la fundación, Benjamín Ballesteros, que pide una ley que “los visualice, les apoye, proteja y dé asistencia”. Desde esta organización han iniciado una recogida de firmas para pedir al Gobierno y Administraciones Públicas que se tramite una ley integral contra la violencia a la infancia y adolescencia.

La fundación atiende casos a través de tres líneas telefónicas: la de Ayuda a Niños y Adolescentes (900202010), del Adulto y la Familia (600505152) y la de Niños Desaparecidos (116000).

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