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“El Rey ha acometido la crisis catalana con valentía”

La historiadora y preceptora de Felipe VI aborda en una entrevista los retos de su reinado y sus cualidades como monarca

Felipe VI y la directora de la Real Academia de la Historia, Carmen Iglesias, durante un acto en junio de 2016.
Felipe VI y la directora de la Real Academia de la Historia, Carmen Iglesias, durante un acto en junio de 2016. EFE

Carmen Iglesias (Madrid, 1942), historiadora y directora de la Real Academia de Historia, es una de las personas que mejor conoce a Felipe VI. Fue su profesora desde 1988 hasta que terminó sus estudios universitarios y académicos y como preceptora pudo contemplar de cerca cómo se iba forjando su carácter como persona y como futuro Rey de España. Iglesias atiende a EL PAÍS en conversación telefónica, justo la víspera del 50 cumpleaños de su antiguo alumno, mientras prepara su comparecencia en la Comisión para la Modernización del Estado Autonómico en el Congreso.

Pregunta: ¿Cómo llega don Felipe a los 50 años?

Respuesta: Creo que llega en plena madurez intelectual y emocional, personalmente y como estadista. Don Felipe lo ha demostrado públicamente con el discurso del 3 de octubre y los que le han seguido, donde creo que ha habido un antes y un después en la percepción del problema principal que en este momento tenemos en España, que es el intento de secesión saltando las leyes de Cataluña. Personalmente, ha demostrado lo que hemos aprendido en historia, que un príncipe es el que sabe ponerse a la cabeza de su tiempo en el momento oportuno.

P. ¿Cree, precisamente, que el desafío independentista catalán es el principal reto del reinado de Felipe VI?

R. Desde el punto de histórico-político lo que tiene verdadera hondura es la crisis catalana. Efectivamente, a mí me parece que hay un problema serio, que se han saltado el imperio de la ley. La Constitución y nuestras leyes son producto del diálogo, de haber consensuado y haber cedido unos y otros. Cierta parte de los dirigentes catalanes han utilizado el poder que les da el Estado para ir contra el Estado y contra los que no piensan como ellos. Eso, en ciencia política, es la técnica característica del golpe de Estado, utilizar la legalidad para subvertirla desde dentro. Don Felipe, el Rey, lo ha acometido con toda valentía, rigor y dentro de la Constitución. Siempre sin pasarse más allá, dentro de su función de moderación y de arbitraje, que ha sido muy importante.

Ha demostrado que un príncipe es el que sabe ponerse a la cabeza de su tiempo en el momento oportuno

P. ¿Existe algún hecho o personaje histórico al que recomendaría a don Felipe que se remitiese como ejemplo de cómo actuar ante la crisis catalana?

R. Ahí está, por citar algo muy a mano, ¿Qué pasa en Cataluña? de Manuel Chaves Nogales, lo que ocurre en 1931. En la historia nunca los contextos son iguales, parece que se repiten los mismos hechos porque la condición humana cambia poco. La historia, en general, enseña cuando pasa el tiempo que nada es irremediable, nada es inevitable.

P. ¿Se diferencia en algo la educación que se debe impartir a un rey de la de cualquier otro estudiante?

R. Para mí, en sustancia, ninguna diferencia. Soy muy webberiana en el sentido de que, en las aulas, lo fundamental es la probidad intelectual y mostrar, abrir puertas, abrir horizontes. Y en ese abrir puertas es el estudiante el que las tiene que pasar solo. Esta única enseñanza privada que he tenido con el rey ha sido un privilegio, porque me encontraba con un interlocutor lleno de curiosidad, con adicción al conocimiento, algo que cada vez que uno se lo encuentra en las aulas, es muy fructífero, para uno mismo. Siempre he explicado los hitos históricos a don Felipe de la misma manera que los he explicado en las aulas universitarias. Depende a veces de las preguntas que hace el propio interesado, el poner más o menos énfasis en el sentido de proporcionar más material, más ejemplos, para que pueda profundizar en un tema.

P. ¿Hizo especial hincapié en que don Felipe aprendiera alguna asignatura de manera más específica?

R. La Historia, en general, es absolutamente básica para todo, porque si no entendemos nuestro presente, no podemos planificar nuestro futuro. Para alguien que va a ser rey, mucho más, indudablemente. Supone conocer todas las vicisitudes, desde luego las de sus antepasados directos. Don Felipe siempre ha leído constantemente, sobre todo a cerca de los momentos más críticos, los estudios científicos básicos que se han hecho sobre un tema, pongamos, por ejemplo, Fernando VII.

P. ¿Hay algún momento histórico o algún monarca en concreto por el que sintiera más curiosidad o que le llamara más la atención?

R. Me resulta difícil precisar. Le he visto entusiasmado en el siglo XVII, con todo el movimiento que surge en Gran Bretaña de Locke, de Hobbes, es decir de la modernización. Y le he visto entusiasmado con la Ilustración y con los griegos. Dicho todo esto, es indudable que la Ilustración, que es también mi especialización personal, le ha encantado siempre, porque seguimos siendo herederos todavía de la Ilustración. En España, qué duda cabe que Carlos III ha sido para él un modelo en el fundamento del Estado. Ha puesto su retrato en su despacho.

P. ¿Qué cualidad tiene Felipe VI que pueda definir o contribuir a asentar su reinado?

Su fortaleza es el sentido de la realidad profunda que tiene

R. Su fortaleza es el sentido de la realidad profunda que tiene. Cree en lo que hace, lo tiene verdaderamente interiorizado. Se trata de lo que los clásicos llaman la “libertad de aquiescencia”, que vale para él sobre todo, pero vale para todos, en el sentido de que uno no elige el nacimiento. Te toca lo que te toca. En su caso está muy determinado. Lo que decían los clásicos es que hay aceptar eso y hacerlo propio, es decir hacerlo tu vocación y tu destino. Don Felipe eso lo tiene muy arraigado, el ser muy de su tiempo, el tener convicciones profundas y estar muy identificado con la función que tiene que hacer, y, al mismo tiempo, estar muy atento a todo lo que ocurre en el exterior y en su propio tiempo. Creo que lo ha demostrado con su vida personal y con su proyección pública.

P. ¿Ha apreciado cambios en la personalidad de don Felipe desde que es Rey?

R. Sigue siendo igual de afectuoso. Además, una cualidad de don Felipe, además de la inteligencia y del sentido común que tiene, de la serenidad, es que es una persona buena. Y eso lo sigue mostrando. El cambio que le he apreciado es el paso del tiempo y la preocupación porque tiene la responsabilidad que tiene ahora.

P. ¿Cuál es el mejor recuerdo o anécdota que conserva de su etapa como preceptora de don Felipe?

R. Uno de los episodios que siempre recuerdo con emoción es el primer momento, al cabo de tres o cuatro clases, que le vi emocionado al comprender algo más profundamente de lo que él había leído, esa emoción. Y un comentario, si no en ese momento, un poco después, que me hizo sobre la apertura a la vida y al conocimiento de la condición humana que da la Historia. Para él, la Historia no se destila en unas líneas simples y dogmáticas, sino todo lo contrario, se hace más compleja y más rica.

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