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Podemos cumple cuatro años lejos del asalto al cielo

Iglesias apela a los vínculos afectivos con el 15-M para recuperarse de los errores en Cataluña y reflotar su imagen

Iglesias, entre Echenique y Montero, en el último consejo ciudadano de Podemos. En el vídeo, análisis del politólogo Pablo Simón sobre la estrategia del partido.

Podemos cumple hoy cuatro años más débil que nunca. Por debajo de las expectativas que sus fundadores se impusieron. Sin que el asalto a los cielos se haya producido. El aniversario de la presentación en el Teatro del Barrio de Lavapiés (Madrid) de la candidatura a las elecciones europeas de ese año por un grupo de intelectuales y activistas sociales desconocidos para el gran público salvo quien le puso literalmente cara al proyecto, Pablo Iglesias, coincide con la noche más oscura del partido.

“Hay que hacer autocrítica, pero no perdamos de vista lo que hemos conseguido en estos cuatro años. Es inimaginable”, reivindicó Iglesias en el consejo ciudadano estatal del pasado sábado mientras apelaba al espíritu de los indignados del 15-M para tratar de voltear el periodo más crítico de la formación que el 17 de enero de 2014 se aprestó a “desbordar las reglas del juego político” y a “cambiar el tablero y las normas del tablero”, como resumió entonces Íñigo Errejón.

Mayoría de errejonistas y anticapitalistas

Las diversas familias sin las que hoy no se podría explicar Podemos no existían el 17 de enero de 2014. Sin embargo, la presentación del proyecto que meses después daría la gran sorpresa al lograr cinco eurodiputados tras catalizar el descontento social contó con una abundante representación de actores que, cuatro años más tarde, se consideran principalmente errejonistas, como Rita Maestre y quien da nombre a la corriente, o anticapitalistas como el eurodiputado Miguel Urbán y Teresa Rodríguez. “Es necesario generar ilusiones nuevas que no desemboquen otra vez en la penúltima traición de un sistema que se alterna para continuar. Necesitamos de verdad comprobar que sí se puede, que podemos pasar de la resistencia a la ofensiva”, expresó la actual responsable de Podemos en Andalucía.

Por parte del pablismo destacó la figura de Juan Carlos Monedero, que desde su dimisión de la dirección en abril de 2015 no tiene ninguna responsabilidad orgánica. “No es tiempo de migajas. Tenemos que reclamar la tarta entera”, instó hace cuatro años el profesor universitario de Ciencia Política tras afirmar que el “régimen del 78” estaba “muerto” y era el momento “de enterrarlo”.

Las contradicciones de Podemos en Cataluña lo han hundido en las encuestas, arrastrado por un discurso del que cofundadores del partido como Carolina Bescansa han criticado los guiños al independentismo y sus efectos devastadores para la formación en el resto de España. El léxico empleado por Podemos para justificar su posicionamiento ha coincidido con el de los secesionistas en la consideración de “presos políticos” de los impulsores del procés detenidos. También en la denominación de “bloque monárquico” a los partidos constitucionalistas que han respaldado la aplicación del artículo 155.

Consecuencia de esa estrategia, la confluencia que Podemos lidera se ha desplomado y en menos de un año ha pasado de ser la alternativa al PP a cuarta fuerza. Adelantada por Ciudadanos y cada vez más alejada del sueño del sorpasso al PSOE. Y con Iglesias, su secretario general, como el líder peor valorado, según el último CIS. Tampoco convence a la mitad de sus votantes.

El pobre rendimiento de Podemos coincide con la peor valoración de Iglesias por más que se trate de un proyecto “colectivo” y “coral”, como insisten dirigentes como Pablo Echenique o Irene Montero.

Reinvención

“La posición volátil y poco clara con Cataluña ha tenido un clarísimo impacto y repercute por extensión en la valoración de Iglesias, que ya de por sí tenía un altísimo nivel de exposición pública”, subraya Jorge Galindo, sociólogo y editor de Politikon. Miguel Urbán, líder del sector anticapitalista y fundador de Podemos, defiende que en estos cuatro años se han situado como la “principal fuerza de cambio y transformación de un sistema injusto” aunque reconoce que Podemos “se debe reinventar para evitar que no se convierta en un partido más”.

El desgaste detectado en Podemos ha llevado a Alberto Garzón a reclamar la revisión de la relación con su aliado. El coordinador federal de Izquierda Unida exige mayor peso en la confluencia y da de plazo hasta Semana Santa, con vistas a firmar un tratado más favorable a un año de las elecciones autonómicas y municipales de 2019. Un escenario en el que IU es consciente de la importancia de su estructura municipal y del tirón que todavía atesora en las candidaturas de unidad popular con las que Podemos desembarcó en las locales de 2015.

Iglesias reconoce los “errores” cometidos pero pone en valor la gestión en las principales ciudades de España, los denominados Ayuntamientos del cambio, o la capacidad del grupo confederal que aglutinan Podemos, IU, En Comú Podem y En Marea (71 diputados) para presentar una moción de censura, garantizar un referéndum si hay reforma constitucional y poder presentar recursos al Tribunal Constitucional.

La solución a los males de Podemos pasa, según Iglesias, por “ir más allá de la propia institucionalidad”. Esto es, del trabajo parlamentario y de gestión en las instituciones que gobierna. “Es nuestra responsabilidad que la España del 15-M gane a la España de las banderas”, exhortó el secretario general de Podemos ante el máximo órgano del partido. Para lograrlo agitará las demandas sociales, en una competencia que se prevé feroz con el PSOE. Entretanto, la prioridad del secretario general de los socialistas, Pedro Sánchez, es explotar el aparente agotamiento de su rival por la izquierda y reducir los cinco millones de votantes de Podemos las generales de 2016 a una versión de IU en sus mejores tiempos.

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