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Rianxo se sacude el horror

En Nochebuena, El Chicle ralentizó su Alfa Romeo tres veces a la altura de tres chicas, a las que invitó a subir a su coche. El día 25 Abuín lo intentó otra vez, pero en esta ocasión estaba dispuesto a todo

Los vecinos de Rianxo guardan un minuto de silencio para manifestar su dolor y repulsa por el asesinato de Diana Quer. VÍDEO: ATLAS

José Enrique Abuín, un antiguo narco de poca monta que había dejado de traficar con cocaína para hacerlo con gasóleo y marisco, perdió en Nochebuena la partida que llevaba jugando un año contra la Guardia Civil. Sucedió en Boiro, a 14 kilómetros de su casa. Esa madrugada Abuín ralentizó su Alfa Romeo tres veces a la altura de tres chicas, a las que invitó a subir a su coche. Ninguna accedió. Fue alrededor de las cuatro de la madrugada; a las ocho de la tarde del día 25 Abuín lo intentó otra vez, pero en esta ocasión estaba dispuesto a todo. Y así fue como en el centro del pueblo, a 200 metros del Ayuntamiento, salió del coche con un cuchillo de cocina e intentó meter a una chica en el maletero. El forcejeo y los gritos de ella alertaron a una pareja, que dobló la calle y vio la escena. La víctima, ya desde el maletero, les avisó de que tenía un cuchillo. Abuín se quedó petrificado viendo la carrera hacia él de uno de los chicos, la joven salió del vehículo y echó a correr mientras el asesino de Diana Quer se ponía al volante y arrancaba. Sus horas de libertad estaban contadas.

Hace dos meses, el periodista Javier Romero, de La Voz de Galicia, le arrancó una frase a Abuín: “No voy a hablar, a mí el caso Diana Quer me arruinó la vida”. La UCO había hecho hasta tres rondas de especial seguimiento a varios sospechosos, y uno de ellos era él, al que los agentes identificaban como El Chicle. Le habían interrogado con denuedo, tanto a él como a su esposa. Pero su pareja, Rosario García, era un dique imposible de superar por los agentes: él, según ella, había pasado la noche de la desaparición de Diana Quer en su casa. De los sospechosos, Abuín siempre fue el que tuvo más cartas y cuyo nombre más cerca estuvo de salir en los medios; era él el que estaba detrás del “pescador furtivo” o “condenado por tráfico de drogas” que se publicaba de vez en cuando como alguien a quien se le intervino el teléfono y se le hizo seguimientos.

Pero, además de la coartada de su mujer, dos circunstancias dificultaban la investigación. La primera es que escamaba la poca inteligencia de El Chicle: un hombre limitado (un vecino de Rianxo lo calificaba este lunes con un adjetivo gallego muy propio: cara de papán, que vendría a ser apampanado, bobo), bocazas y acomplejado, que presumía de menudear con droga y exhibía, cuando ganaba dinero haciéndolo, lujos ridículos. ¿Alguien así no iba a cometer ningún error? Un agente de la Guardia Civil, no involucrado en la investigación, resuelve: “De tan tonto foi listo”. La segunda razón fueron los ingentes recursos dedicados a explorar los feriantes que se encontraban aquel agosto en A Pobra do Caramiñal trabajando en las fiestas patronales. El acoso por parte de uno de ellos a Diana Quer, del que ella informó a una amiga por whatsapp (“Me estoy acojonando, un gitano me estaba llamando: ‘Morena ven aquí") centró todas las sospechas. Lo cierto, como recuerda este agente, es que una chica puede ser acosada por un hombre y, a los pocos minutos, ser asesinada por otro.

Boiro vivió, a finales de los noventa y principios de siglo, su edad dorada de la movida nocturna, centro de bares y discotecas de referencia fuera de las capitales gallegas. Con los cientos de jóvenes que llenaban las calles crecieron negocios ilegales como el tráfico de drogas, especialmente cocaína; Abuín era miembro del clan Os Fanchos: un recadero que fue encarcelado por llevar en su coche dos kilos de esa droga. Pero el antecedente no tenía relación con Diana Quer; el que lo tenía no llegaba a la categoría de antecedente, por eso se tardó en llegar a él: fue la denuncia de su cuñada por violación, desbaratada por la coartada de su propia hermana, esposa de Abuín. En cuanto la UCO lo supo, empezó a tejer la red exclusivamente sobre él.

Rianxo, el pueblo marinero donde vivió siempre José Enrique Abuín y en donde apareció el cuerpo de Diana Quer, es un lugar de cultura galleguista, origen y destino de tres intelectuales de calibre: Castelao, Rafael Dieste y el poeta Manuel Antonio, muerto a los 30 años de tuberculosis en la misma parroquia, Asados, donde ha aparecido el cadáver de Quer. Lo primero que ha hecho Rianxo en 2018 es sacudirse el horror. En un día de perros —viento, lluvia y frío— y presidido por el retrato de Castelao, el pleno del Ayuntamiento se reunió para decretar tres días de luto y recordar que un lugar pacífico, de gente que vive humildemente del mar y la tierra, y de donde salieron los mejores versos de la cultura gallega, sucedió que "o mal veu petar esta vez na nosa porta" (“el mal vino a llamar esta vez a nuestra puerta”), como dijo el alcalde, Adolfo Muiños. El regidor abrió el pleno con un poema de Rosa Aneiros que es, en realidad, un grito universal tirado a las calles: “Non, non, non. Non é non”, empieza. Salieron todos después a la Plaza de Galicia, junto a decenas de vecinos, y bajo la lluvia guardaron silencio en respeto y homenaje a una mujer convertida en símbolo, otro más, de la violencia machista.

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