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En busca del delito en los huesos de Diana Quer

Los cuerpos en estado de saponificación, como el de la joven madrileña, aparecen irreconocibles y es muy difícil distinguir lesiones

Agentes de la Guardia Civil trasladan el cuerpo de la joven Diana Quer a una furgoneta en la nave abandonada en Asados.

Después de 16 meses sumergido en un aljibe sin uso, que no sufrió alteraciones en su masa de agua a pesar de la larga sequía, el cuerpo hallado este domingo en la nave industrial de Rianxo (A Coruña) que los investigadores atribuyen a Diana Quer a falta de la prueba de ADN se hallaba en estado de saponificación. Este es un proceso natural que se repite normalmente en los cadáveres que pasan largo tiempo sumergidos, en el que los tejidos adiposos reaccionan químicamente de la misma manera que ocurre con la grasa en la fabricación de jabón. Los cuerpos aparecen a lo largo del tiempo irreconocibles y es muy difícil distinguir lesiones, heridas de arma blanca, contusiones, impactos de bala o signos de violación.

Con el cuerpo hallado desnudo en el pozo de Rianxo, trabajaron este domingo tres forenses del Imelga (Instituto de Medicina Legal) de Santiago a lo largo de unas cinco horas. En ese tiempo tomaron abundantes muestras de tejido que han sido remitidas ya a varios laboratorios, según ha podido saber EL PAÍS, en Galicia y en Madrid. En estos análisis no solo se dilucidará si los restos corresponden a Quer, sino que se podrán confirmar algunas sospechas sobre la causa de la muerte y los últimos instantes de vida de la víctima que por ahora son meras sospechas de los forenses.

Una vez retirados los tejidos, la osamenta ha sido trasladada a la Unidad de Antropología Forense del Imelga, ubicado en la localidad ourensana de Verín. Según fuentes del instituto forense de Galicia, el responsable del centro ubicado en el hospital de Verín, Fernando Serrulla, ha empezado ya con el proceso de limpieza de esos huesos, la llamada esqueletización cadavérica, y en tres o cuatro días podría empezar a obtener resutados.

Los antropólogos forenses describen esta fase como "cocer" los cuerpos. Es ahí, en el hueso limpio, donde aflora la verdad de los crímenes y se desmonta la estrategia de defensa de los homicidas. En los huesos se pueden descubrir orificios de proyectiles, cuchilladas, golpes, lesiones anteriores, simultáneas a la muerte o post mortem. También la trayectoria e incluso la posición de un asesino con respecto a su víctima. No obstante, las lesiones de tipo sexual pueden no llegar a descubrirse jamás, especialmente si un cuerpo ha permanecido bajo el agua. Según expertos en autopsias, lo normal es que cualquier rastro de semen haya desaparecido de un cuerpo saponificado.

El estudio del esqueleto puede revelar, en algunos casos, si ha sido golpeado por un vehículo, en caso de homicidio por atropello, o incluso si ha sido estrangulado, por la rotura de vértebras cervicales al ejercer una fuerte presión. Los forenses que trabajaron el primer día con las partes blandas del cuerpo no pudieron concretar signos de violencia en su informe preliminar, pero sí "indicios" de criminalidad que de momento el TSXG no concreta. El más claro, sin embargo, tal y como indican fuentes de la investigación, era el propio escenario del crimen: el pozo del que fue rescatado el cuerpo desnudo de la joven.

Este lunes, José Enrique Abuín, alias el Chicle o el Chiqui, ha sido trasladado a la cárcel de Teixeiro (A Coruña) para cumplir prisión provisional incomunicada y sin posibilidad de fianza, mientras continúa siendo investigado como presunto autor de la muerte de Quer. La titular del Juzgado de Instrucción número 3 de Ribeira, en funciones de guardia, lo considera sospechoso de la detención ilegal y el homicidio doloso de la joven madrileña desaparecida el 22 de agosto de 2016 en A Pobra do Caramiñal. También le atribuye el intento de rapto de otra joven el pasado lunes en la localidad vecina de Boiro, un delito frustrado que fue denunciado por la propia víctima y precipitó la hasta entonces estancada resolución del caso Quer.

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