Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

Terapia para rehabilitar a maltratadores

Miles de hombres condenados por maltrato son enviados a programas psicológicos en lugar de a prisión. Los datos señalan reincidencia muy baja y las terapeutas lo consideran fundamental, pero hay voces críticas

Elena Terreros es psicóloga  del programa Contexto, donde acuden a terapia hombres condenados por maltrato. rn
Elena Terreros es psicóloga del programa Contexto, donde acuden a terapia hombres condenados por maltrato.

Habla al otro lado del teléfono Juan, el nombre ficticio de un hombre condenado por maltratar a su ex pareja. Juan no quiere dar la cara, no quiere decir de dónde es ni a qué programa de rehabilitación de maltratadores está acudiendo. “No quiero que haya una sola pista de quién soy o quién puedo ser. Quiero ese compromiso”. Y con ese compromiso cuenta Juan que al principio gritaba a su ahora ex novia, que más adelante ya le agarraba del brazo, al cabo de unos meses, un empujón contra la pared y, un día cualquiera, le dio un puñetazo en la cara. “Me denunció después de advertírmelo varias veces. Yo le decía que era su culpa, que estaba todo el día por ahí, que buscaba enfadarme… Le decía que había cambiado”, dice.

“Pensé que el juez me enviaba a la cárcel porque los jueces jamás nos creen a los hombres, están presionados por el feminismo. Pero me envió aquí. Llevo dos meses”. ‘Aquí’ es un Pria-Ma, un Programa de intervención para agresores de violencia de género en medidas alternativas. Una medida más polémica que conocida.

Al Pria-Ma acuden aquellos hombres cuya condena judicial por violencia de género supone una pena inferior a dos años de cárcel siempre que no tengan antecedentes. En lugar de ir a prisión, el juez envía a estos maltratadores a una terapia psicológica -grupal o individual- que dura aproximadamente un año y que llevan a cabo distintas organizaciones según cada Comunidad Autónoma. Todas ellas deben estar homologadas por Instituciones Penitenciarias, que es quien remite a los usuarios.

Aún hay muchas lagunas en lo que a efectividad se refiere. Los datos todavía no son concluyentes debido al escaso tiempo que estos programas llevan implementados en España. Sí hay estadísticas que apuntan hacia el éxito. El Informe de Reincidencia de Instituciones Penitenciarias explica que se ha realizado una muestra compuesta de 678 agresores que fueron tratados en el año 2010. En el período de los cinco años siguientes, solo 46 volvieron a ser detenidos por violencia de género. Es decir, la reincidencia policial es del 6,8%.

Cada terapia es llevada a cabo por un centro de profesionales de la psicología. En Madrid, uno de los referentes es la Fundación Aspacia, una organziación no gubernamental que trabaja para prevenir la violencia. En Valencia existe Contexto, un programa de investigación dependiente de la Universidad de Valencia donde se llevan a cabo las terapias. Ambas tienen sus propios datos de recaídas. Contexto señala una reincidencia de los hombres tratados de solo el 11%, esta vez en un período más amplio, los últimos 11 años . En la Fundación Aspacia señalan una drástica bajada en el sexismo de los hombres tras el programa.

La reincidencia policial de los maltratadores tras la terapia es, actualmente, del 6,8%

El Pria-Ma arrancó en 2004, pero entonces apenas había un par de centros en España que llevasen a cabo las terapias. “Los jueces condenaban a rehabilitación a los maltratadores y no había dónde enviarlos”. Lo recuerda Marisol Lila, catedrática de Psicología Social de la Universidad de Valencia y directora de Contexto en Valencia. No fue hasta 2010 cuando se reguló. “Al principio fue francamente difícil y recibíamos muchísimas críticas. Ahora hay más conciencia de la necesidad de estas medidas”.

Solo en el último trimestre -y según datos de la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias (SGIP)- 1.543 hombres desfilaron en España por estos programas. “Se trata de una medida preventiva. El daño ya está hecho, pero intentamos que no se repita con otras mujeres”. Lo explica Virginia Gil, directora de la Fundación Aspacia. “Hay que ser realista: estos hombres van a continuar viviendo y van a tener otras relaciones. Si logramos que en estas futuras relaciones se reduzca la violencia o no la haya, ya habremos logrado algo. Trabajamos para que no vuelva a ocurrir".

“La culpa es de ella y del juez”

Luisa Nieto es la terapeuta que conduce el tratamiento en Aspacia. Nos recibe en una sala de la Fundación, donde habla pausada y con seguridad. Explica que el tratamiento es en grupos de 12 hombres, que acuden dos horas a la semana y que dura un año.

“La mayoría de los que llegan aquí tienen una estructura mental machista, es un problema social y cultural. El objetivo es desactivar esas creencias y construir unas nuevas”, explica Luisa. “Tienen autoritarismo moral. Se creen superiores a las mujeres”, añade Virginia.

"Existe un tabú en poner el foco en los maltratadores debido a un convencimiento de que no pueden cambiar. Yo me pregunto, ¿por qué no? No solo pueden, sino que deben. El mensaje es: responsabilízate y cambia”.

Otro rasgo habitual que señalan es que los maltratadores que llegan al programa no tienen conciencia de haber hecho nada malo. Culpan a la pareja o al sistema judicial. “Se consideran buenas personas y buenos ciudadanos. El objetivo es hacerles responsables, que tomen conciencia de lo que han hecho, de cómo les ha perjudicado a sus parejas, a sus familias y a ellos mismos. Que es inaceptable lo que han hecho”, explica Luisa.

Para Bárbara Zorrilla, psicóloga especializada en atención a mujeres víctimas de la violencia de género, el principal problema de esta terapias tiene que ver con la actitud de los hombres que las reciben. “Que acudan obligados provoca que no exista una verdadera motivación al cambio. Así que, por mucho que trabajemos los roles de género, la gestión emocional, el control de los impulsos y la empatía, si están obligados, no sirve de nada”.

Pese a ello, la experiencia de los programas y los primeros datos parecen indicar lo contrario.

El debate

No son pocas las voces feministas que se muestran críticas con estas terapias. Esperanza Bosch es profesora del departamento de Psicología de la Universidad de las Illes Balears (UIB). “Como psicóloga entiendo que algo hay que hacer. Y que la cárcel solo no basta. Lo que pongo en duda es que los programas estén siendo completos, que se esté invirtiendo suficiente. Hay que mejorar protocolos, preparación y revisar programas que son muy superficiales. Que mandan mensajes que el maltratador ya conoce, que se los trasmite la sociedad constantemente pero que les da igual. Necesitamos formatos más complejos y premisas distintas”.

Elena Terreros, de Contexto, afirma que “la crítica siempre es bienvenida. Hemos recibido muchas y nos ayudan a mejorar”. Después añade: “Lo que sí nos hemos dado cuenta es que existe un tabú en poner el foco en los maltratadores debido a un convencimiento de que no pueden cambiar. Yo me pregunto, ¿por qué no? No solo pueden, sino que deben. El mensaje es: responsabilízate y cambia”.

Coincide Virginia, de Aspacia: “A la mayoría de estos hombres, si se les da la oportunidad, rompen con estos roles”. Y Esperanza Bosch completa:” ¿Por qué no iba a cambiar un hombre machista? Debemos creer que es posible. Pero debemos tener terapias fiables. Y admitir que no funcionará para todos”.

“Esta intervención surge del movimiento feminista. Se trata de que el maltratador cambie la actitud. Si no nos esforzamos en esto, entonces toda la responsabilidad recae sobre la mujer”, añade Elena.

Otra crítica es la financiación. “Como feminista no quiero que el dinero para estos programas provenga de las ayudas a las víctimas de violencia de género”, dice Esperanza Bosch. Responde Marisol Lila: “Estoy de acuerdo. Si el dinero viene de las mujeres víctimas, no lo queremos”. La realidad es que cada programa se busca la vida como puede. Algunas comunidades lo financian y otras han empezado a hacerlo todavía este año. No hay una partida presupuestaria estatal y sí algunas subvenciones.

“La violencia de género es un problema social. La sociedad debe implicarse. Enfocar todo a castigar al maltratador es desentenderse del problema como sociedad”

La victimización del maltratador suele ser otra tormenta en este debate. Luisa, psicóloga de Aspacia, es clara: “Soy consciente de lo delicado de estas palabras, pero los hombres también son víctimas del patriarcado. Y si no revertimos esto, va a seguir teniendo lugar el maltrato. Hay que prevenir y reeducar”.

Javier, el maltratador que acude al programa de forma voluntaria, explica que “a mí en casa no me enseñaron las cosas como me las tenían que enseñar. No me educaron. Y necesitaba que me reeducaran. ¿Cómo se va a negar alguien a que se reeduque a una persona, a que se reconduzca?”.

Esperanza Bosch responde: “No estoy de acuerdo en que esos hombres sean víctimas de nada. Hay hombres que han crecido en entornos muy machistas y no son maltratadores. Los violentos eligen serlo. El hombre que golpea es consciente del daño que hace. Si todos reprodujésemos comportamientos seguiríamos viviendo en cuevas”.

Elena Terreros media: “La violencia de género es un problema social. La sociedad debe implicarse. Enfocar todo a castigar al maltratador es desentenderse del problema como sociedad”. Y Marisol, la directora, cierra el intercambio: “El debate es positivo, pero no puede someterse a la ideología. En el tema de la violencia de género hay muchas opiniones y frases hechas. Y tenemos que basarnos en la ciencia. Es lo que nosotras estamos haciendo. Y creemos que está funcionando”.

 

 

Más información