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La víctima de La Manada: “Al entrar al portal empecé a sentir más miedo"

La joven presuntamente violada en los Sanfermines revela que tuvo pesadillas, insomnio y problemas de concentración tras la agresión

la manada
Los cinco acusados de agredir en julio de 2016 a una joven en Pamplona.

Una semana después de que el juicio a los cinco presuntos autores de la violación grupal de San Fermín en 2016 haya quedado visto para sentencia, Noticias de Navarra ha publicado la declaración íntegra de la víctima, que se hizo a puerta cerrada. Un relato pormenorizado de los hechos en el que se refleja la confusión, el miedo y el desamparo que sintió durante y después de la agresión. "Recuerdo la puerta [del portal], llegamos al cubículo ese, y fue cuando empecé a sentir más miedo", respondió la víctima a preguntas del fiscal. "Estaba totalmente en shock, no sabía qué hacer, quería que todo pasara rápido y cerré los ojos para no enterarme de nada y que pasara rápido".

La joven recuerda cómo conoció a uno de los integrantes del grupo, conocido como La Manada -por el nombre de un chat de WhatsApp-, y cómo caminó con él y el resto del grupo de camino al coche, adonde ella iba a dormir con un amigo. Todo era más o menos normal en una noche de fiesta, hasta que llegaron al portal donde uno de los chicos, con el que se había besado, y otro, le cogieron de las muñecas y tiraron de ella hacia dentro. “Me sorprendió la forma en la que me introdujeron en el portal, porque no lo entendía, pero repito que no pensé en que iba a suceder lo que sucedió”, contó.

La joven detalló cómo el miedo se apoderó de ella mientras los miembros de La Manada consumaban la agresión. "Me vi rodeada por aquellos cuatro, noté que me quitaban la riñonera, sujetador y me desabrochaban el jersey atado a la cintura", explicó ante los magistrados. Los recuerdos de aquellos momentos son confusos, algunos detalles como que le tiraron del pelo y le presionaron la mandíbula y que estaba en un estado de shock tal que no pudo reaccionar. "No sé lo que me obligaron a hacer ni cuánto tiempo duró, lo único que quería es que pasara", relató. "Solo cerré los ojos y veía tatuajes en la tripa y en la zona alta de la pelvis".

Después de un rato que para ella es indefinido, los cinco miembros de La Manada se marcharon rápidamente, según el relato de la víctima, que se encontró sola en aquel portal. "Yo estaba desnuda, con camiseta, me vestí, me puse el jersey y busqué la riñonera". La joven se dio cuenta de que no tenía el móvil, que buscó para llamar al amigo que ya se había ido a dormir al coche.  

"Al verme sola, sin teléfono, empecé a llorar muchísimo porque quería ir al coche y necesitaba tranquilizarme. Estaba hundida y me senté en un banco". Fue allí, de madrugada cuando ya había muy poca gente por la calle cuando, según su relato, una pareja le prestó ayuda al verla llorar y llamó a la policía.

Durante la presunta violación, la joven no se dio cuenta de que los integrantes del grupo estaban grabando vídeos, pero cuando la policía se lo contó, "no daba crédito, no podía entender el porqué". "Me generaba mucha angustia pensar que los vídeos esos podían salir, habérselos enviado a alguien", detalló.

La víctima de la agresión de Pamplona también explicó las secuelas en los días siguientes a lo sucedido. Sus emociones se parecen mucho a las que suelen relatar las víctimas de violación, una mezcla de culpabilidad y depresión. Culpabilidad "porque me podía haber ido, porque no tenía que haberme puesto a hablar con gente que no conozco, porque me separé de mi amigo, porque me quedé sola en una ciudad que no conozco".

"En mi cabeza estaba todo el rato pensando en esto, e incluso cuando estaba de fiesta me ponía a llorar y no podía parar. No hablaba del tema y a la vez buscaba noticias para encontrar una explicación lógica", continuó con su relato. La joven detalló que no se presentó a los exámenes de la universidad y que muchas veces lloraba, incluso cuando salía con amigos: "Tenía pesadillas, insomnio, problemas de concentración", agregó. La joven contó que desde entonces ha seguido terapia psicológica tanto individual como grupal, con sesiones que al principio eran dos veces al mes y a medida que se ha acercado el juicio, son una vez a la semana.

El juicio, y los detalles que se han revelado, como el seguimiento de detectives privados, también han tenido un impacto en la joven, que relata "un sentimiento de supervigilancia". "Salía a la calle pensando que me iban a secuestrar, sentía que todo el mundo me observaba y necesitaba sobreprotegerme".

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