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ANÁLISIS

Abu Mazen en España: una visita no de Estado

Aunque parezca que el tratamiento que el Rey dispensa a los dirigentes israelíes y palestinos sean los similares, las diferencias son abismales en términos diplomáticos

Abbas con el emir de Kuwait el 12 de noviembre pasado.
Abbas con el emir de Kuwait el 12 de noviembre pasado. Getty Images

Dos semanas después de que el presidente de Israel, Reuven Rivlin, visitara Madrid, este lunes lo hace el de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abbas, conocido por su nombre de guerra como Abu Mazen. La proximidad entre ambas visitas no es casual: España siempre ha querido mantener un equilibrio entre las dos partes enfrentadas en el conflicto que envenena Oriente Próximo. Aunque el tratamiento que el Rey dispensa a sus dos huéspedes parezca similar, las sutiles diferencias son abismales en términos diplomáticos.

El presidente palestino no será recibido con honores de jefe de Estado, porque formalmente no lo es o al menos España no lo reconoce. Don Felipe le ofrecerá una comida en el Palacio Real, con discursos y decenas de invitados, pero será un almuerzo y no una cena de gala, como la que tuvo Rivlin. Tampoco recibirá la Llave de Oro de la Villa, privilegio reservado a los jefes de Estado, ni pronunciará un discurso ante las Cortes Generales, reunidas en sesión solemne en el antiguo salón de plenos de la Cámara alta. Sí que será recibido por la presidenta del Congreso, Ana Pastor, y podrá dirigirse a los diputados de la Comisión de Exteriores de la Cámara baja. Y se reunirá con los líderes del PSOE, Pedro Sánchez; Podemos, Pablo Iglesias, y Ciudadanos, Albert Rivera.

Consciente de estas diferencias, Abbas pedirá a Rajoy que España reconozca al Estado palestino, como han hecho 136 países. El Congreso lo aprobó por amplísima mayoría en noviembre de 2014, pero no puso fecha al reconocimiento. Y los tiempos son fundamentales en diplomacia.

El 30 de octubre pasado, tres días después de que el Parlament proclamase unilateral e ilegalmente la independencia, el Ministerio palestino de Exteriores difundió una declaración de apoyo a “una España fuerte y unida” y subrayó que “el compromiso con la Constitución española y el diálogo son la única vía para resolver todos los asuntos internos españoles”.

La declaración israelí llegó el 1 de noviembre. Su Ministerio de Exteriores mostró su confianza en que la crisis interna en España se resolviera "rápida y pacíficamente, mediante un amplio consenso nacional”. En Madrid causó estupor: ¿ni una mención a la Constitución? ¿qué significaba “pacíficamente”? ¿es que alguien se planteaba resolverla violentamente?

Con sus palabras en Madrid, donde dijo que España es para Israel “una única entidad estatal soberana”, Rivlin quiso zanjar el asunto, pero en medios israelíes se aseguró que el presidente tuvo que arrancar esta declaración a Netanyahu bajo amenaza de cancelar su viaje a España.

Abbas recordará a sus anfitriones la distinta reacción de unos y otros y la usará de argumento para pedir relaciones diplomáticas plenas. Rajoy no se las dará, pero deberá agradecerle que el no-Estado más reconocido del mundo negase toda legitimidad a la nonata república catalana.