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“El cura estaba viciado con el niño”

Un juez condena a 17 años de prisión a un religioso de Badajoz por abusar de dos menores

“El cura estaba viciado con él”. Un testigo definía así la obsesión de José Donoso Fernández por una de sus víctimas, un chaval de 12 años. La Sección Tercera de la Audiencia Provincial de Mérida ha escrutado decenas de declaraciones, análisis psiquiátricos y testimonios para concluir que el expárroco de Mengabril (Badajoz) abusó de dos niños de 12 años. El tribunal condena al religioso a 17 años de prisión por este caso destapado por EL PAÍS en 2015.

José Donoso Fernández, sacerdote de Mengabril, Badajoz, en mayo de 2014.

Para entender esta historia de manipulación y silencios hay que remontarse a 2013. Donoso, de 68 años, ofrece entonces a un matrimonio rumano sin recursos alojarse en la parroquia de Mengabril, un pueblo de casas bajas de 500 habitantes. La pareja tiene tres hijos. Todos menores. El religioso se convierte en su protector. Costea su alimentación y ropa. Supervisa la burocracia. E, incluso, controla la educación de los jóvenes. Los padres le llegan a autorizar para ello en un notario.

Pronto el cura siente debilidad por uno de los chicos. Le acompaña al colegio y le compra ropa de marca. Falsifica justificantes médicos para que los profesores crean que está enfermo. Y, tras seis meses de convivencia, comienzan los abusos. “Llegó a pasar la noche y a dormir en la misma cama”, recoge la sentencia, que insiste en el "ánimo libidinoso" del pastor.

El fallo fija una pena de cuatro años a los padres de uno de las víctimas por consentir el abuso

El juez sostiene que los padres del niño, Florian C. y Donian P., “conocieron” y “consintieron” las prácticas sexuales del párroco. Y por eso les condena a cuatro años de prisión y a cinco de libertad vigilada.

La siguiente secuencia se desarrolla en el centro religioso. La víctima es un monaguillo de 12 años que sufre un trastorno intelectual. “Se lo llevo a uno de los dormitorios de la casa parroquial de Mengabril, se acostó en una cama con él, y le pidió que le realizará una felación, cosa que el menor hizo”, recoge el fallo. Los psicólogos relataron el miedo del chaval de que su madre se enterara del episodio.

El fallo revela también que Donoso vulneró una orden de alejamiento que el juez le impuso tras ser arrestado, en enero de 2015. Lo hizo al enviar al niño rumano los siguientes mensajes de WhatsApp: “Si vas a ver esta tarde a don Enrique, te dará 10 euros, ya se lo he dicho yo” y “No has abierto los mensajes que te he mandado de voz. Un gran beso y abrazo”. Otra de las misivas rezaba: “Te quiero mucho. Esta noche hablamos. Perdóname”.

La sentencia condena a 24 meses de multa al sacerdote por quebrantar esta medida cautelar. E impone al cura una sanción de 60.000 euros como responsabilidad civil. La Fiscalía solicitaba para Donoso 48 años de prisión.

Las pesquisas sobre los abusos sexuales del párroco arrancaron en 2014. Este periódico y el Ayuntamiento de Mengabril recibieron entonces una denuncia sobre la actividad delictiva del cura. Los servicios sociales del Consistorio elaboraron un informe que remitieron al Defensor del Menor de la Junta de Extremadura. Y advirtieron a la Guardia Civil de los movimientos de este clérigo que aterrizó en el pequeño pueblo pacense en 2011.

El confidente anónimo, que coincidió con Donoso en 1981 en el Seminario Metropolitano de San Atón de Badajoz, advirtió del peligro al Ayuntamiento de Mengabril. “Les dije que tuvieran cuidado con Donoso porque a mí me puso la mano en la entrepierna. Y, cuando se la retiré, comenzó a maltratarme”.

Antes de desembarcar en Mengabril, José Donoso Fernández (Don Benito, Badajoz, 1948) trabajó como formador del Seminario Menor de San Antón de Badajoz y ejerció como profesor de Geografía, Historia y Arte. Pasó por los Institutos de Educación Secundaria (IES) Castelar (Badajoz), Santiago Apóstol (Almendralejo) y Albárregas (Mérida).

La Diócesis de Plasencia suspendió de sus funciones al cura cuando este periódico publicó el caso. El pastor ya era famoso en el pueblo por sus soflamas sobre las mujeres. “Tened cuidado, son muy putas” o "se casan por dinero", prevenía a los jóvenes.

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