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Cinco semanas de tibia y ambivalente respuesta de Israel a la crisis en Cataluña

El discurso del presidente Rivlin en Madrid reafirmando la unidad de España pone fin a la equidistancia

La reina Letizia ofrece una copa al presisdente de Israel, Reuven Rivlin, tras su discurso.
La reina Letizia ofrece una copa al presisdente de Israel, Reuven Rivlin, tras su discurso. AFP

Desde que, el pasado 13 de septiembre, el primer ministro Benjamín Netanyahu expresara su apoyo a “los legítimos esfuerzos del pueblo kurdo para lograr un Estado propio”, en vísperas del referéndum de autodeterminación convocado por el Gobierno Regional del Kurdistán en el norte Irak, se esperaba algún pronunciamiento de Israel sobre la crisis política en Cataluña. Pero después de la votación ilegal organizada el pasado 1 de octubre —a la que fue invitada como observadora internacional la diputada israelí de Unión Sionista (centro-izquierda) Ksenia Svetlova—, Netanyahu, que también ostenta la cartera de Asuntos Exteriores, ha guardado silencio sobre la cuestión. El portavoz del departamento, el diplomático Emmanuel Nahshon, se ocupó desde un principio en definirla como “un asunto interno de España” sobre el que no cabía hacer comentarios.

Tras la declaración unilateral de independencia de Cataluña del pasado 27 de octubre, la diplomacia española solicitó al Gobierno de Israel que expresara su posición sobre un asunto considerado central. Pasaron cinco días, sin embargo, hasta que el portavoz de Exteriores difundió un comunicado oficial. Entretanto, sus colaboradores se habían limitado a señalar que, “por el momento”, Israel no iba a emitir una declaración pública. El día 31 de octubre, el embajador de Israel en España, Daniel Kutner, sostenía aún ante un grupo de periodistas que su país no quería entrometerse en “un asunto interno español” (…) “que los españoles tiene que resolver”.

En el comunicado oficial del Ministerio de Exteriores del 1 de noviembre se observaban dos partes claramente diferenciadas. La primera, de mano tendida, en la que se afirmaba que “Israel y España comparten unas relaciones largas, fuertes y amistosas basadas en nuestra herencia común histórica y en valores democráticos compartidos”, tras el establecimiento de relaciones diplomáticas en 1986 con el Estado hebreo, fundado en 1948. La segunda, más ambigua, parecía resaltar la voluntad de equidistancia del Gobierno israelí: “Israel desea que la crisis interna en España se resuelva rápida y pacíficamente y mediante un amplio consenso nacional”.

La respuesta definitiva, expresada ante el Rey en la noche del lunes por el presidente de Israel, Reuven Rivlin, de visita oficial en Madrid, llega cinco semanas después del referéndum ilegal y 10 días después de la pretendida declaración de independencia catalana. Durante la cena oficial que Felipe VI le ofreció en el Palacio de Oriente en la primera jornada de su visita de Estado a España, Rivlin inició su discurso con estas palabras: “España es un país para nosotros y su majestad el Rey es el símbolo de esa unidad”. Esta declaración parece poner término al recelo del Gobierno español por la tibieza del Ejecutivo de Israel sobre el conflicto independentista en Cataluña. “Todos los ciudadanos de España son queridos para nosotros y nosotros esperamos y rezamos para que todos los conflictos sean resueltos por medios pacíficos”, remachó el jefe del Estado hebreo antes de proseguir la lectura de un texto protocolario.

No ha sido una declaración tan explícita como la formulada por Estados Unidos —el mismo día de la votación en el Parlament en Barcelona—, que a través del Departamento de Estado emitió un comunicado de este tenor: “Cataluña es parte integral de España y Estados Unidos apoya las medidas adoptadas por el Gobierno constitucional español para mantener a España fuerte y unida”.

En ningún caso ha estado tampoco próxima a los deseos manifestados por sectores independentistas en las redes sociales, que confiaban en alguna modalidad de reconocimiento israelí de la autoproclamada República de Cataluña. Durante una visita a Israel en 2013, el expresidente de la Generalitat Artur Mas reivindicó en un acto en la Universidad de Tel Aviv el apoyo de Israel ante “el momento único que vive Cataluña”. “Israel es claramente un compañero de viaje elegido por Cataluña”, destacó Mas la necesidad de ampliar socios internacionales tanto en la política como en la economía. El entonces president fue recibido por Simón Peres, que en aquel momento ejercía como jefe de Estado de Israel, pero no acudió a Ramala, sede administrativa de la Autoridad Palestina, como es norma en los viajes diplomáticos a Tierra Santa.

Tan solo unas pocas voces se han atrevido a romper en Israel la ley del silencio —las autoridades cancelaron en el último momento las entrevistas previas a su visita que Rivlin había concedido a medios españoles, entre ellos EL PAÍS— y la narrativa oficial de la no injerencia en la cuestión catalana. El diputado y viceministro de Defensa, el nacionalista religioso Eliyahu Ben-Dahan, afirmó el pasado 3 de octubre en su cuenta en Twitter que España había mantenido una actitud “hipócrita” al no haber permitido un referéndum sobre la independencia en Cataluña. “España ha pedido año tras año que se concedan plenos derechos a los palestinos, pero no está dispuesta a aceptar siquiera que los ciudadanos catalanes pueda celebrar un referéndum”, escribió Ben-Dahan, un rabino que reside en un asentamiento de Cisjordania próximo a Belén. Su partido, Hogar Judío, con fuerte implantación electoral entre los más de 600.000 colonos asentados en territorio ocupado, es un socio clave de la coalición de seis partidos que sostiene el actual Gobierno de Netanyahu, considerado el más derechista en la historia de Israel.

El exembajador en España Victor Harel —un veterano diplomático crítico con el actual Gobierno, al que acusa de haber desmantelado el otrora prestigioso servicio exterior israelí— argumentó en un artículo publicado en el diario Haaretz titulado “Por qué una Cataluña independiente sería un inmenso error”, que “la gran mayoría de los argumentos plantados por los organizadores del referéndum carecen de fundamento”.

La prensa israelí ha especulado también con la hipótesis de que Netanyahu haya intentado dejar solo ante el peligro a Rivlin —con quien mantiene cierta rivalidad política en el seno del conservador partido Likud— para que lidiara con la espinosa cuestión catalana. La tensión entre ambos es reciente. El 23 de octubre, en la solemne sesión de apertura del periodo de sesiones en la Knesset (Parlamento), el presidente acusó al Gobierno de Netanyahu de haber emprendido una “contrarrevolución” para limitar las atribuciones del Tribunal Supremo, que en Israel actúa también como Tribunal Constitucional y es visto como guardián último de los valores liberales.

Concluido el episodio de desencuentro entre el Gobierno español —que deseaba un rápido y explícito pronunciamiento sobre la crisis de Cataluña— y el Ejecutivo hebreo —que ha cultivado una relación especial con el nacionalismo catalán— fuentes diplomáticas consideran que a lo largo de las últimas cinco semanas, y en especial en sus 10 días finales, Israel ha tratado de obtener algún rédito político en medio del mayor conflicto interno registrado en España en más de tres décadas. A la petición que hizo llegar la Embajada española en Tel Aviv se respondió en un primer momento, según las fuentes consultadas, con un memorial de agravios sobre la posición española contraria a Israel en recientes votaciones en foros internacionales, como el Consejo de Seguridad de la ONU o la Unesco, la agencia de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura.

España suele adoptar posiciones sobre el conflicto de Oriente Próximo consensuadas en el seno de la UE, como la reclamación recientemente presentada contra Israel por ocho países de la Unión por la demolición y confiscación de bienes de un consorcio de ayuda humanitaria a Cisjordania del que forman parte. Las autoridades israelíes tampoco parecen haber recibido con agrado el anuncio de la visita oficial a España del presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, prevista dentro de dos semanas. Tras ser requerida por España, la diplomacia palestina emitió casi inmediatamente el siguiente comunicado: "Palestina apoya una España fuerte y unida y cree que el compromiso con la Constitución española y el diálogo son la vía para resolver todos los asuntos internos españoles".