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Las dudas de los animadores del ‘procés’

Los columnistas y tertulianos independentistas hacen examen de conciencia tras el encarcelamiento del Govern cesado

Concentración en Barcelona por la liberación de los exconsellers.

El procés catalán vive un momento de rara concreción. Después de años de manifestaciones, peticiones y discursos inciertos, en poco más de una semana se ha declarado la independencia, se ha activado el 155, se han convocado elecciones y medio Govern destituido está en la cárcel y el otro medio en el extranjero. De las opiniones sencillas sobre discursos se ha pasado a la dificultad de explicar estos hechos. Los debates ahora no son solo sobre qué hacer sino cómo ha sido posible llegar hasta aquí y por qué.

Algunos opinadores públicos en Cataluña han animado y jaleado a los políticos para seguir en una vía unilateral. Era más habitual pedir valentía que cabeza fría ante lo desconocido. Ahora ante las noticias concretas, es un momento para reflexionar, aunque el análisis no podrá ser completo porque llegan unas elecciones cruciales con gente en la cárcel: "Siempre hay espacio para la autocrítica", dice el periodista Pere Mas. "Pero también es verdad que este momento es de excepcionalidad, con unos señores en la cárcel y con unas elecciones convocadas desde Madrid, y aunque se puede hacer autocrítica, sobre todo hay que trampear la situación como sea hasta el 21 de diciembre en defensa del autogobierno".

EL PAÍS ha contactado con 14 de los opinadores más a favor de la independencia que aparecen con frecuencia en las principales radios y televisiones catalanas y a menudo también españolas. Solo han aceptado o podido hablar 4. Es una prueba de que a pesar de ser un momento para la reflexión, no es aún una época de parón. Hay dudas sobre cómo enfocar lo que ha ocurrido: "He recibido muchas peticiones y prefiero pensar antes que hablar", dice uno de los que ha declinado la invitación.

Las dudas no impiden que algunos empiecen a analizar con más frialdad algo que ya ha concluido: el plan del antiguo Govern para declarar una república. "Siempre tuve claro que la declaración de independencia sería un punto de partida y no de llegada, era consciente de que la estrategia soberanista era un farol", dice Toni Soler, director del programa de humor "Polònia". "Lo que no sospechaba es que no habría nada previsto para esa noche y los días siguientes".

Desde fuera, parecía que el Govern tenía mejor controlada la situación: "Los opinadores no somos en general los más informados sino los más intoxicados. Todo el mundo nos dice cosas para que las digamos, pero el problema es saber cuándo te están mintiendo", dice Soler. El farol de los líderes ha tenido consecuencias reales y dramáticas: el Govern cesado repartido entre la cárcel y el extranjero.

El responsable de este final es doble para este grupo de opinadores: uno, la intención del Gobierno de España, y dos, el propio Govern, que podía haber hecho más para evitar su destino: "Están en la cárcel porque se han dejado coger, porque no han hecho la independencia. Estás diciendo que harás la independencia, llevas desde 2012 con este tema ¿y no has preparado nada ni para aguantar la República durante dos días? ¿Cómo se explica?", dice el escritor Enric Vila.

Las instituciones del Estado español habían avisado: "Si el president no quería ir a la cárcel, que lo hubiera dicho. No será que los españoles no avisaran", dice el filósofo Bernat Dedéu. Los exmiembros del Govern eran perfectamente conscientes de cómo podían acabar: "Algunos de los que están en la cárcel me habían dicho que imaginaban que acabarían allí", dice Soler.

La presión por las elecciones

Con la tremenda presión de los últimos días, ¿hubiera podido salir Carles Puigdemont a decir que no quería ir a la cárcel y hubiera digerido la opinión pública catalana una convocatoria de elecciones? Todos coinciden en que sí, y que si el jueves en que Puigdemont estuvo a punto de convocar elecciones y al final no lo hizo, no fue por la opinión de un tertuliano o por el tuit de un político: "No creo que haya que atribuir al linchamiento el cambio de opinión del president. Llevaba semanas aguantando amenazas, ¿va a encogerse por cuatro tuits?", dice Pere Mas.

Sea como sea, ahora Puigdemont está en Bélgica con una orden internacional de detención y los opinadores siguen opinando porque esa es su labor: "No pienso entrar en política, pero otra cosa es que no pueda decir cómo veo las cosas"; dice Vila. Ver las cosas sin tener que llevarlas a cabo es una ventaja para opinar: "Si fuera un político soberanista, no sé qué pondría ahora en el programa electoral", dice Dedéu.

La cárcel ha cambiado las reglas del juego. No será fácil para el independentismo seguir hacia delante y olvidar los que les han llevado hasta aquí. Para Vila, en cambio, eso es lo que debería ocurrir: "El papel que deberían hacer los políticos encarcelados es de políticos encarcelados. En cambio, intentarán usarlos de líderes políticos, un papel que no les toca", dice. Deberían entrar equipos nuevos, sin "mentalidad autonomista", para seguir. Vila es escéptico y cree que se caerá en el sentimentalismo: "El objetivo de la cárcel es demostrar la fuerza del Estado y hacer sentir impotencia a la gente y luego miedo. Quieren demostrar que la independencia es imposible y una manera es promover el sentimentalismo, que se conforma con el símbolo", dice. La propuesta del PDeCat de llevar a Carles Puigdemont de candidato va en ese sentido.

Soler cree que el cambio de foco de la independencia a una hipotética amnistía es uno de los objetivos básicos del Gobierno de España: "De una manera que para el PP imagino que ya estaba prevista, hemos pasado de reclamar la independencia a reclamar que saquen de la cárcel a los políticos", dice, y añade: "No solo son presos, son rehenes que limitan el alcance del debate político catalán". El debate de repente ha quedado reducido por unos límites que durante meses se jugó a que no existían.

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