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ANÁLISIS

Cataluña como Crimea

¿No hay precedentes? Los hay desde ayer, cuando se consagró la prevalencia de los hechos consumados sobre la legalidad

Carles Puigdemont y Oriol Junqueras en el Parlament de Catalunya.
Carles Puigdemont y Oriol Junqueras en el Parlament de Catalunya. AFP

¿No hay precedentes? Los hay desde ayer, cuando se consagró la prevalencia de los hechos consumados sobre la legalidad. Es hecho consumado una ley de transitoriedadque plasma una Constitución segregada (aunque interina) aprobada antes incluso de votarse en referéndum.

Pasó en Crimea, con la diferencia de que la había invadido un Ejército extranjero, el ruso. Salvo eso, todo fue también improvisado, unilateral e ilegal.

Crimea, tierra siempre en disputa, había convocado unilateralmente un referéndum secesionista para el 25 de mayo de 2014. Al caer febrero, la Rada lo adelantó al 30 de marzo. En otra improvisación, el 6 de marzo lo volvió a adelantar al 16 del mismo mes. Con el territorio ya infiltrado por las tropas de Putin, la autoridad de la región ucraniana declaró antes la independencia, el 11 de marzo… para votarla en referéndum popular cinco días después, el 16. Y tras 48 horas Moscú se la anexionó.

El 21 de marzo, el Consejo Europeo declaró que no reconocía la votación porque constituía “una violación de la Constitución de Ucrania”. El 24, hizo lo mismo la Asamblea General de la ONU. La Crimea rusa es un ente paria solo reconocido en el mundo por Moscú y Minsk.

Los hechos improvisados y consumados eran efectivamente contrarios al Estatuto regional y a la Carta Magna. “La soberanía de Ucrania se extiende a su entero territorio”, proclama el artículo 2 de su Constitución (el 2, ¿les suena?), y añade que “es un Estado unitario” de fronteras “indivisibles e inviolables”. Más aún: “las alteraciones” de su territorio “se deciden exclusivamente por referéndum de todos los ucranianos”.

Así, la Comisión de Venecia del Consejo de Europa (que integra a Rusia) dictó el mismo 21 de marzo —CDL-AD(2014)002— su ilegitimidad. Y reprochó que un período de diez días para convocar un referéndum era “excesivamente corto”; que cualquier consulta debió ser “precedida de serias negociaciones” entre los actores; y que la declaración previa de secesión “provocaba dudas” sobre la “la neutralidad de las autoridades”.

Por si acaso, el entonces presidente de la Generalitat, Artur Mas, se mostró ofendido: “Es delirante comparar a Cataluña con Crimea”. ¿Delirante? Quizá tuvo la suerte de que los chirridos del Gobierno regional de Crimea los tapaba y amparaba el ruido de los tanques rusos.

Al invadir, despanzurraron hasta diez disposiciones legales de obligado cumplimiento internacional (Jean-Dominique Giuliani, Russia, Ukraine and International Law, F. Robert Schuman, doc. 344, 17/2/2015). Los catalanes de hoy tienen la suerte de que su vecino sea Andorra y no la Rusia de Putin.