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La sequía se agrava

Los embalses están al 43% de capacidad, cuando suelen estar casi al 60% en esta época. Muchos han restringido el riego

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Embalse de Barrios de Luna, en el norte de la provincia de León, el pasado día 31, al 7% de su capacidad.

“Mira, se ve hasta la puerta tal cual estaba”. Lourdes y Javier, una pareja de veinteañeros, se hacen fotos entre los esqueletos de las casas que hace 60 años eran un pueblo de la comarca de Luna, en León. Están de vacaciones, querían salir de excursión y decidieron conducir hacia el embalse de Barrios de Luna, al norte de la provincia. “Habíamos visto por redes sociales que tenía poca agua, pero no esperábamos esto. Es espectacular”. Hasta los coches se adentran por el lecho seco de este pantano que está solo al 7% de su capacidad. La sequía ha sacado a la luz una decena de los antiguos pueblos que fueron desalojados para construir el embalse.

A los pies del muro de contención, en el pueblo de Barrios de Luna, el propietario del bar se pregunta por qué tanto jaleo con el pantano, si no es la primera vez que se queda prácticamente seco. “No deja de venir gente, pero en octubre hay años que está así también”. Ese es el problema. Hace un año, por estas mismas fechas, tenía casi seis veces más agua que ahora y los agricultores regaban las 35.000 hectáreas de cultivos que abastece el pantano. Ahora ya no. La situación obligó a cortar el riego en agosto, y el campo leonés teme perder la cosecha. La que no ha perdido ya.

La situación del noroeste español destaca por su excepcionalidad, pero la sequía se está cebando con toda España. Hace semanas que la reserva media de los embalses bajó de la mitad de su capacidad. Según los últimos datos del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, ahora están al 42,9%, con cuencas como la del Segura al 17,2% de su capacidad. Para comprobar el alcance, conviene comparar no solo con las mismas fechas del año pasado, sino con la media de la última década. Al hacerlo se ve que la reserva hidráulica está casi un 26% por debajo de lo que ha sido habitual en los últimos 10 años.

Embalse de Barrios de Luna, en el norte de la provincia de León, el día 31, al 7% de su capacidad.

“Lo de este año es inaudito. Llevamos 50 años regando con agua de estos pantanos y nadie ha conocido nunca una sequía como esta”, dice Matías Llorente, secretario general del sindicato agrario Ugal-UPA. Calcula que al menos el 30% de los cultivos de primavera (maíz, patatas, remolacha, alubias), que se riegan hasta el 30 de septiembre, se perderán. “Y estamos dejando los pantanos a mínimos, lo justo para el caudal ecológico y para abastecer la ciudad de León”, asegura.

El de Barrios de Luna es el embalse que está en peor situación de toda la cuenca del Duero. Una cuenca para la que este año el Gobierno ha declarado la situación de sequía prolongada. En las cuencas del Segura y el Júcar la sequía lleva declarada desde 2015.

La falta de lluvias explica buena parte de la situación. Las precipitaciones acumuladas en lo que va de año hidrológico, que se extiende desde el 1 de octubre de 2016 hasta el 30 de septiembre de 2017, marcan un registro un 12% por debajo de lo normal, explicó Ana Casals, portavoz de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet). Este 2017 sería el tercer año más seco, por detrás de 1981 y 2005, añadió.

De hecho, el año hidrológico empezó con un volumen de agua almacenada en los embalses de unos 17.100 hectómetros cúbicos, lo que suponía un 44,2% de su capacidad máxima. Era el tercer año consecutivo que esta cifra decrecía. Los tres años hidrológicos anteriores al presente ya fueron bastante secos, según el último informe oficial sobre la sequía hidrológica, fechado el 11 de julio pasado.

Las restricciones al riego se multiplican por todas las cuencas. Una de las últimas ha sido la suspensión del trasvase del Negratín-Almanzora, en Almería, que permite regar 19.000 hectáreas de cultivos.

Hasta 37 áreas de España —de las 150 en las que se dividen las ocho confederaciones hidrográficas nacionales— estaban en situación de “emergencia” por la escasez de agua a finales de junio, según los últimos datos. Este es el nivel más grave según los indicadores de los Planes de Sequía.

Una de las primeras tareas del Congreso en cuanto se reanude la actividad parlamentaria será la aprobación de un proyecto de ley de medidas urgentes para paliar los efectos de la sequía.

Todavía lejos de los cortes al abastecimiento humano

“Hemos tenido sequías en España reiteradamente. La singularidad de esta es que afecta a zonas que tradicionalmente no la han tenido, o no tan grave, como la cuenca del Duero o la cabecera del Ebro”, explica Antonio Fanlo, catedrático de Derecho Administrativo de La Rioja experto en derecho de aguas, que insiste en la diferencia entre la sequía meteorológica (falta continuada de lluvias) y la hidrológica (falta de agua en los embalses). En su opinión, la primera todavía no ha dado como resultado la segunda, puesto que no ha habido cortes al abastecimiento urbano.

“Los casos que hemos visto de pueblos con cortes de suministro son reflejo de la sequía meteorológica. Son municipios que normalmente no tienen agua regulada, dependen de fuentes naturales y tantos meses de sequía afectan a sus fuentes. Son problemas puntuales”, asegura Fanlo. “Eso sí, los grandes paganos del sistema han sido los regadíos”.

Este experto defiende el sistema de embalses español, “único en Europa”, porque permite corregir irregularidades, como el paso de inundaciones a sequías o las fuertes pendientes de los ríos españoles. “En un verano como este se pone de relevancia el sistema de embalses”, asegura. Y avisa: “Si la sequía se prolonga seis meses más, se verá si se han gestionado con prudencia los caudales ecológicos. Podríamos quedarnos sin agua”.

El otoño será ligeramente más seco en el noroeste español, con precipitaciones hasta 50 litros por debajo de la media, según la predicción del portal de meteorología eltiempo.es. La sequía, por tanto, podría “continuar y agravarse”. La Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) ha hecho sus predicciones para los próximos meses. "Nos sale una probabilidad muy alta de que sea un otoño más cálido de lo normal", explica Ana Casals.

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