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La versión del toro: desconcierto, espanto y muerte

El Partido Animalista estrena 'Tauromaquia', un documental que retrata la crudeza de las corridas desde el punto de vista del animal

Fragmento del documental 'Tauromaquia', dirigido por Jaime Alekos

La perspectiva es la del toro. La cámara se fija en el animal. Y es explícita: hay primeros planos de borbotones, espasmos, metal afilado rompiendo la piel, atravesando las costillas, puntillas siendo clavadas y reclavadas, heridas en las que se hurga. Estertores. Vómitos de sangre, babas asfixiadas, heces y orines del miedo. Y sin embargo, lo que más impresiona son las bovinas miradas de desamparo.

El montaje y la música (elegida y colocada con efectismo) terminan de componer un retablo estremecedor del espanto.

El último documental presentado por el Partido Animalista (PACMA) se titula Tauromaquia y arranca con una cita de Juan Belmonte, padre de la lídia moderna: “Cuando en su marcha por el campo se encuentra el toro con un supuesto enemigo, se limita a dar media vuelta y emprender la retirada a favor de la querencia”. Durante los siguientes 30 minutos, el mediometraje usa exclusivamente imágenes grabadas en corridas y citas literarias sobre el arte de toreo para contar “la muerte del toro como nunca antes se ha visto”, según afirma el PACMA.

No hay testimonios, ni opiniones de activistas o expertos. Tampoco cámaras ocultas... No hay nada que no se pueda ver en un ruedo cualquiera un día de fiesta.

La estética es taurina e incluso la estructura del filme sigue la de una corrida: tercio de varas, tercio de banderillas... Y, sin embargo, el resultado no se parece a una retransmisión convencional. “Las imágenes no son las que aparecen normalmente en una corrida televisada, pero sí están ahí, todo depende de hacia dónde apuntes la cámara”, explica por teléfono su director, el videoperiodista Jaime Alekos, cuyo objetivo era “retratar al toro como un ser sintiente”.

En 2016 Alekos, de 32 años, ya realizó para PACMA un vídeo de la becerrada de Valmojado (Toledo) que despertó una ola de indignación contra el maltrato animal (incluido un editorial de este periódico). En su nueva pieza, el toro no aparece como una bestia amenazante de 500 kilos, sino como “una criatura que no entiende lo que está pasando, y que desde que pisa la arena se ve atrapado y solo quiere huir del dolor y el miedo”.

La empatía ha guiado su cámara. El cineasta asistió por primera vez en 2014 a una corrida —le habían llevado de niño, pero no lo recordaba— con la intención de grabar a unos activistas que iban a saltar al ruedo. Al final no saltaron, pero Alekos grabó igual, “por curiosidad, ya que estaba allí”. “Al visionar las imágenes en casa me di cuenta de que instintivamente me había fijado en el toro; todos mis encuadres eran del animal... Y allí había muchas cosas que yo no había visto nunca: todas mis referencias visuales de una corrida eran artísticas, antropológicas, folclóricas...”, dice el cineasta. “Tuve claro que ahí había una historia que hacía falta contar”.

Fotograma del documental 'Tauromaquia'.
Fotograma del documental 'Tauromaquia'.

Para hacerlo pasó los siguientes tres años grabando corridas y leyendo tauromaquias (en el documental hay citas de José María de Cossío, Miguel Padilla Suárez o Francisco Montes “Paquiro”). El resultado se estrenará mañana en la web Misión abolición. Lo que más curiosidad le produce al director es la opinión que despertará su obra entre los aficionados.

Nadie va por morbo

“Lo que pasa en una plaza se puede ver desde dos prismas”, dice Alberto de Jesús, director de Bousalcarrer.com y antiguo banderillero: “Una vez llevé a un amigo a ver a José Tomás: yo salí extasiado y él horrorizado, vimos cosas distintas, yo el arte y él la sangre”. Según este taurino, el aficionado es el último que quiere ver sufrir al toro (“nadie va a la plaza por morboso”), cosa que solo ocurre, añade, cuando el animal es manso: “El toro bravo no sufre, quiere luchar”.

“El documental me parece bien, quiero decir, me parece bien para ser de PACMA”, matiza el crítico taurino de EL PAÍS Antonio Lorca. “Muestra una parte de la verdad —aunque tergiversada, en mi opinión— de la fiesta: la más sangrienta, la más desagradable, la menos interesante para todos, sean aficionados o no”. “La fiesta no se basa en el maltrato ni en la tortura, ni el aficionado goza con el sufrimiento de los animales”, continúa el periodista, “la violencia y la sangre forman parte de la fiesta, pero va más allá. Al igual que la gallina vive para poner huevos y hacer un buen caldo, el toro bravo existe para ser lidiado en la plaza. Como aficionado no me considero un torturador; más bien me siento partícipe de una sociedad en la que la lidia es una forma de entender la belleza”.

Tauromaquia no es un ataque a los taurinos”, explica Alekos. “En ningún momento niego que la tauromaquia pueda ser un arte. De hecho, en el metraje hay partes muy estéticas, aparecen quites, pases de muleta... Pero en paralelo ocurre algo más: el innegable sufrimiento físico y emocional del toro”.

Esa es la clave del documental: poniéndose torero, consigue poner en duda la mística de la bravura del toro y subraya la otra cara de esa belleza. “El debate no es si la tauromaquia es o no arte”, opina Alekos, “sino si en pleno siglo XXI tiene sentido que sea legal un espectáculo donde resulta imprescindible infligir sufrimiento y dar muerte a un animal”.

El documental Tauromaquia se estrena el miércoles 6 de septiembre en la página web www.misionabolicion.es/tauromaquia

Niños en el tendido

Dos niños en una plaza en un fotograma de 'Tauromaquia'.
Dos niños en una plaza en un fotograma de 'Tauromaquia'.

En su promoción del documental Tauromaquia el Partido Animalista ha subrayado que "la obra está catalogada para mayores de 18 años, por su alto nivel de crudeza, pese a que el trabajo se ciñe a documentar el trato que recibe el toro durante una corrida a las que está permitido el acceso a menores". La catalogación, que la hace el propio PACMA, incide en una larga reivindicación de los animalistas: prohibir que los menores puedan asistir a los toros, lo cual es legal en España. En el documental de PACMA, entre los sangrientos planos, aparecen varias escenas en las que se puede ver a menores en el tendido.

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