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La estrategia del imán de Ripoll abre un nuevo frente en la lucha antiterrorista

Vecinos y expertos tratan de explicarse cómo logró el imán de Ripoll inocular el yihadismo a jóvenes integrados

Familiares de los presuntos terroristas y miembros de la comunidad musulmana de Ripoll se concentran en rechazo a los atentados. Foto: AP (Francisco Seco). Vídeo: ATLAS

Los integrantes de la célula que llevó a cabo los atentados de Barcelona no fueron los únicos a los que el imán de Ripoll (Girona) Abdelbaki es Satty intentó radicalizar. Al menos dos familiares de los terroristas han admitido que el imán se aproximó a ellos en alguna ocasión con un discurso que les repelió. "Me quiso dar alguna charla y un día empezó a hablarme de que escuchar música era malo o no sé qué ... y le dije que no me comiera la cabeza. Nunca más me volvió a hablar", relataba ayer a EL PAÍS un primo de uno de los fallecidos en Cambrils. El cuñado de otro terrorista abatido por los Mossos tampoco ha ocultado a su círculo de familiares que nunca se fio de Es Satty. Nunca. Y todos en el municipio se preguntan cómo el imán logró inocular el virus del yihadismo en un puñado de jóvenes de Ripoll que aparentemente estaban plenamente integrados en Cataluña.

Hubo amigos o familiares de los terroristas de Ripoll que desconfiaron de los discursos del imán Albdelbaki es Satty. La pregunta que surge es: si sospechaban de su radicalidad, ¿por qué no advirtieron a las autoridades? En el entorno de una de las personas que se negó a escuchar al clérigo se encogen de hombros primero y responden después: “Porque no creía que llegarían tan lejos. No sé. Es que de verdad que nadie podía imaginar que estos chavales podían hacer algo así”.

Los terroristas respondían al perfil más alejado de las sospechas. Eran los últimos por los que apostar. Más jóvenes de lo habitual, sin dificultades sociales ni económicas ni laborales, según sus amigos. Sin actitudes sospechosas ni antecedentes. El imán que se acercó a ellos apostó por radicalizar a los más complicados de detectar.

Maria Dolors Vilalta, concejal de Seguridad Ciudadana, Convivencia y Participación del Ayuntamiento de Ripoll, de Convergència, explica: “Eran chicos que hablaban perfectamente catalán, escolarizados aquí, que sacaban buenas notas y que no estaban metidos en ningún tipo de problema”. Núria Perpinyà, educadora y técnica de la misma área municipal —y también vecina de dos de los terroristas— añade que “jamás tuvieron mala actitud ni eran demasiado religiosos”.

Manuel Gazapo es el director del Observatorio de Seguridad Nacional. Expone varios factores para tratar de encontrar una explicación a cómo estos perfiles de jóvenes pudieron llegar a estar convencidos de cometer un atentado. “El primer factor es la edad: eran más jóvenes de lo que habitualmente son los terroristas y, por tanto, estamos ante una personalidad moldeable”. El segundo factor que él plantea abre debate: su origen. “Se dice que estaban integrados, sí, pero no dejan de pertenecer a una minoría en riesgo de exclusión. Basta cualquier percance para convertirse en chicos fáciles de engatusar. Una cosa es hablar de integración desde las instituciones y otra bajar a la calle”.

En la calle, Rashid, primo de dos de los terroristas y vecino de Ripoll, coincide: “Sí, nos criamos aquí y no tenemos problemas de convivencia, pero somos y siempre seremos los moros. En el colegio éramos los moros y las chicas no querían salir con nosotros. Y los mayores creen que vendemos hachís”. La conclusión que Manuel Gazapo extrae es que “la integración no es un factor definitivo”. “Ninguno lo es”, subraya. “Que un chico esté excluido no significa que vaya a matar a nadie. Y, al revés, lo mismo”.

Esta imprevisibilidad ha dejado perplejos a instituciones y vecinos. Tanto Maria Dolors como Núria Perpinyà, del Ayuntamiento, se confiesan “en shock” y admiten: “Se ha roto la confianza en la comunidad. Hay un sentimiento de decepción muy grande y tenemos mucho trabajo por delante para restablecerla”.

No solo se ha producido un terremoto en el área social y educacional. También en la que tiene que ver con la seguridad. El perfil a vigilar se ha ampliado. “Ahora comprendemos que cualquiera puede ser radicalizado. Si antes los servicios de inteligencia se fijaban en jóvenes de más de 25 años y sin formación, ahora el abanico se amplía hasta los niños e incluye a jóvenes adaptados”, explica Manuel Gazapo.

El foco, pues, se pone sobre la macabra habilidad del imán. Lenta y concienzudamente se ganó la confianza de los jóvenes y moldeó sus ideas. “Volvió al viejo estilo de Al Qaeda”, dice Gazapo. “No se sirvió de internet, sino que usó el cara a cara, reuniéndose con los chicos en furgonetas o pisos secretos”.

Y apuntó bien, según explica Rashid, primo de dos de los terroristas. “A los primeros a quienes se dirigió fue a Youssef [Youssef Houli, muerto en la explosión de Alcanar] y a Moha [Mohamed Hichamy, abatido en Cambrils]. Ellos eran los líderes del grupo. Después vinieron sus hermanos y los demás. Y el hecho de ser casi todos familia... Lo llevaron todo en secreto”, interpreta.

Dice Rashid que la clave está en el imán: “Un tío muy inteligente en media hora te convence. Te quita el miedo. Y esa es la clave”. Los reclutadores, como este imán, son piezas apreciadas por el Estado Islámico. Por eso los investigadores creen que, de no haber muerto accidentalmente en la explosión de la casa de Alcanar, estaría ahora mismo de vuelta en Siria, sin haber participado en los ataques. “Por desgracia, hay más reclutadores”, señala Gazapo. Y Rashid añade, sentado en una cafetería de Ripoll: “Es que esto no ha acabado”.

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