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“Ojalá los niños puedan venir pronto a Italia”

La familia de la expareja de Juana Rivas le pide que “reflexione sobre lo que está haciendo” y devuelva a sus hijos

Juana Rivas, en el centro, en una concentración contra la violencia de genero en Maracena, el pasado 25 de julio.
Juana Rivas, en el centro, en una concentración contra la violencia de genero en Maracena, el pasado 25 de julio. EFE

Juana Rivas y sus hijos, de 3 y 11 años, se desvanecieron el pasado 26 de julio. La mujer no acudió al punto de encuentro en el que debía entregarlos por orden judicial a su expareja, el italiano Francesco Arcuri, condenado en 2009 por agredirla. Rivas huyó hace más de un año desde Italia a Maracena (Granada), donde tampoco ha tenido ningún contacto con la familia de su expareja, que siguen el caso con tristeza desde la distancia.

“La Juana que yo he conocido a lo largo de los años no es lo que veo en las fotos y videos publicados estos días en internet”, señala al teléfono desde Génova Alberto Ghiara, cuñado de Acuri. En la ciudad del norte de Italia residen los abuelos paternos, una de los dos hermanos de Arcuri, y sus sobrinos, que llevan más de dos años sin ver a los menores. “Estamos conmocionados al ver cómo este asunto se ha convertido en un tema nacional en España”, añade Ghiara, que pide a la mujer que “reflexione sobre lo que está haciendo” y entregue a sus hijos: “Espero que los niños puedan venir pronto a Italia”.

Repite varias veces que su cuñado “no es un maltratador ni un tipo violento”. La condena de 2009, según su explicación, “fue por lesiones leves, un episodio específico en el que alcanzaron un acuerdo legal”. Un juzgado español consideró probado que Arcuri golpeó a su entonces pareja y le condenó por lesiones en el ámbito familiar a tres meses de cárcel, por los que no llegó a ingresar en prisión, y a un año de alejamiento de Juana Rivas. Tiempo después, retomaron la convivencia y tuvieron un segundo hijo.

Ambos pasaron dos meses con sus hijos a finales de 2014 en la casa de los abuelos, que viven en Génova, a 800 kilómetros del pueblo del sur de Cerdeña, Carloforte, donde Rivas sostiene que sufrió un infierno junto al padre de sus hijos. “Cuando vinieron aquí, ella estaba contenta y feliz y los chicos también”, sostiene Ghiara. “Juana nunca habló de malos tratos, ni siquiera después de la separación en 2009. Ella y sus hijos pasaron muchos momentos felices en Génova, que recordamos y que se reflejan en imágenes y vídeos muy diferentes de los que en España se ha visto en las últimas semanas”, prosigue el cuñado.

La versión de la mujer, que ha trasladado su asesora Paqui Granados, es que cuando convivían en Carloforte permaneció “aislada, trabajando mucho y sin contacto con casi nadie. A ocho kilómetros de la ciudad más cercana y a tres horas en ferry de un juzgado”. Allí se repitieron los episodios de malos tratos vividos en 2009, según la denuncia que presentó la mujer una vez en España. Inicialmente rechazada por “falta de jurisdicción”, fue reabierta por orden de la Fiscalía General del Estado y sigue en tramitación.

Los abuelos paternos de los niños tienen 87 años. Ella, que se llama Angela, sufre problemas de memoria. El abuelo, Camilo, “sabe todo lo que está pasando y está sufriendo mucho”, explica el portavoz familiar. “Espero que Juana reflexione sobre lo que está haciendo y que se ponga en contacto con nosotros para devolver a sus hijos un pedazo de sus vidas, el que vivieron y el que todavía pueden vivir con su familia”, señala.

“Podía haber hablado con nosotros sin meter por medio a la política y los jueces”, reclama Alberto Ghiara. Juana Rivas haya ha recibido el apoyo explícito de la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz y del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. Su causa también ha concitado un gran respaldo social: #JuanaEstáenMiCasa, reza la campaña de apoyo a esta mujer que acumula miles de reacciones en las redes sociales.

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