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La sierra de los rayos

El mayor número de descargas eléctricas de España, causa de numerosos incendios, se registra en la montañosa frontera entre la Comunidad Valenciana y Aragón

Incendio de La Calderona, en junio de 2017.

El incendio que a finales de junio arrasó 1.289 hectáreas de la valenciana Sierra Calderona se inició, según los primeros indicios, por un rayo. Si la investigación lo confirma, no será una sorpresa. La sierra se ubica en el extremo sur del área donde más rayos se registran en España. Y, como consecuencia de ello y de las condiciones de su masa forestal, donde estos fenómenos meteorológicos más incendios provocan.

Por ello, los técnicos antiincendios de la Comunidad Valenciana se han convertido en una referencia en la lucha contra este tipo de fuegos, que presentan modalidades diferentes. Un rayo puede partir en dos un árbol y provocar instantáneamente un incendio. Pero también puede generar una combustión lenta y subterránea, que permanece días oculta y acaba dando la cara con gran violencia. La combinación de tecnología y trabajo de campo ha permitido al Grupo Operativo de Investigación de Incendios Forestales de la Generalitat valenciana llegar a desactivar estas bombas de relojería en su fase incipiente: cuando solo se distinguen por un pequeño montón de ceniza blanca en el suelo del monte y un hilo de humo no más grande que el que desprende un puro.

En España caen al año algo más de 1,3 millones de descargas eléctricas. El número no es exactamente sinónimo de rayos: estos representan “la descarga principal, que se ramifica y puede tocar tierra en varios puntos”, que son los que engloba esa cifra, explica José Ángel Núñez, jefe de sección de Climatología de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) en la Comunidad Valenciana. La densidad media anual de descargas eléctricas en España es de 1,2 por kilómetro cuadrado. Sin embargo, en esta área, la más activa del país, caen 6,1 por kilómetro cuadrado.

Combinación de factores

Esta zona tiene a La Calderona como límite sur y abarca las sierras de Espadà, Gúdar y Javalambre, además de las comarcas del Alcalatén, el Alt Maestrat y Els Ports. El núcleo más peligroso se sitúa a caballo entre las provincias de Teruel y Castellón. El motivo, explica Núñez, es la combinación del calor que se acumula en la superficie de las montañas con la brisa más fría que procede del Mediterráneo.

Mientras en el conjunto de España los rayos causan en torno al 5% de incendios, en la Comunidad Valenciana y Aragón rondan el 25%. La estadística supera algunos años el 40% en Castellón —en 2016 hubo 36 incendios por este motivo—. Y en Teruel, donde la baja densidad de población hace que los fuegos por negligencia o intencionados sean poco frecuentes, llega a dispararse hasta el 80%.

“Cuando el territorio está seco, temo a los rayos más que a los incendiarios. Los rayos pueden provocar incendios en puntos inaccesibles por tierra, suelen caer más al atardecer y si estás privado de la aviación, estás perdido”, afirma Francisco Tejedor, jefe del Grupo Operativo de Investigación de Incendios Forestales de la Generalitat valenciana. Tejedor recuerda una tormenta seca que en 1991 causó 18 focos.

El riesgo potencial ha convertido a los técnicos de Medio Ambiente de la Generalitat en especialistas en prevenir estos fuegos. La AEMET remite cada día un parte indicando los lugares aproximados, en un área de centenares de metros, donde han caído rayos. La información se obtiene a través de la red de antenas de la agencia meteorológica —una veintena en España—. Con esa información se vigilan las zonas de impacto, sobre todo en época de alto riesgo, como el verano.

Según el delegado del Gobierno en la Comunidad Valenciana, Juan Carlos Moragues, el incendio de La Calderona se debió a un rayo caído días antes. “Estas combustiones, que llamamos ‘en carbonera’, pueden ser muy peligrosas. Cuando han cogido suficiente energía y hay condiciones ambientales óptimas, salen tirando a mucha velocidad”, afirma el jefe del Grupo Operativo de Investigación de Incendios de la Generalitat.

Incluso con ayuda de la tecnología, localizarlos en su primera fase se asemeja a buscar una aguja en un pajar. Tejedor muestra una imagen en la que se ve un palmo de ceniza blanca rodeado de pinocha del que sale un tenue hilo de humo. “Un observador detectó un rayo a las 22.07 del día 9 de julio de 2013. AEMET confirmó que en la zona había habido impactos a esa hora. Se vigiló el 10 de julio sin encontrar nada, pero a las 19.30 de ese mismo día surgió un incendio, que fue apagado. Nosotros fuimos a revisar la zona quemada el 11 de julio. Y fuera del perímetro afectado, un poco alejado del tronco de un pino, encontramos este regalo. Es un punto de combustión lenta, sin llama, causado por un rayo a partir de una raíz. ¿Cuánto tiempo había estado ahí escondido? Desde las 22.07 horas del 9 de julio hasta las 12.34 del 11 de julio”.

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