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¿Dónde está Diana Quer?

El desbloqueo del móvil de la madrileña desaparecida el pasado verano en A Pobra de Caramiñal da nuevas esperanzas para encontrar a la chica

Diana López-Pinel, madre de Diana Quer, con una fotografía de su hija, en 2016.

Los lunes a primera hora, en Barajas, se suben al avión que va a Coruña un grupo de hombres, a veces tres a veces cinco, de entre 35 y 50 años. Al llegar al aeropuerto de Alvedro comparten un taxi y se dirigen a la Comandancia de la Guardia Civil de A Coruña. Una vez allí, entran en un despacho habilitado para ellos al que se accede mediante un código, y se zambullen en un sinfín de datos y posicionamientos de teléfonos móviles. Utilizan la información dada por las antenas de Taragoña, Boiro y Pobra do Caramiñal; un 90% de su trabajo allí dentro consiste en cruzar datos. Son los miembros de la UCO que, un año después, buscan el rastro perdido de Diana Quer.

Un día a la semana, al menos, los agentes se desplazan a la comarca de O Barbanza. Suelen comer de menú en un popular restaurante de A Pobra do Caramiñal. Cotejan datos sobre el terreno, vuelven a comprobar distancias, tiempos de recorrido. Son los miembros de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil. Lo que queda un año después del gigantesco operativo puesto en marcha en los primeros días de la desaparición de Diana Quer, una chica madrileña de 18 años cuyo rastro se esfumó en la madrugada del 22 de agosto en A Pobra. Es el equipo que trabaja a tiempo completo en un caso oscuro y complejo, cuya causa judicial ha sido sobreseída provisionalmente por el juez (criticado por la Guardia Civil por esa decisión; polémico por su dureza con las fuerzas de seguridad del Estado debido a las filtraciones del caso Quer y otros: hace unos meses amenazó con abrirle diligencias a un veterano comisario de la comarca).

Esos agentes de la UCO son el motor en marcha de la investigación, los hombres a los que se aferran los padres de Diana para conocer la verdad de la desaparición de su hija. Hay más —todos los cuerpos de seguridad están alerta y recibiendo y contrastando información— pero esos agentes trabajan con solo un objetivo: encontrar a Diana. Para ello cuentan desde hace unos días con trabajo extra: los datos del teléfono móvil de la joven.

Juan Carlos Quer, padre de Diana Quer, durante una rueda de prensa en A Pobra de Caramiñal, en 2016.
Juan Carlos Quer, padre de Diana Quer, durante una rueda de prensa en A Pobra de Caramiñal, en 2016.

"Es una investigación que sigue en marcha y de la que todavía no puede hablarse", zanja el padre de Diana, Juan Carlos Quer. Desde Xobre, en la casa de verano de la familia, cerrada el pasado jueves a cal y canto, se observa un paisaje impactante: la playa de Areal, el parque Valle-Inclán, más allá el puerto y de fondo el monte de Curota. Todo tiene un significado distinto ahora: en el paseo de la playa fue vista Diana por última vez (a la altura de un restaurante italiano, Mi Manda Piccone); en el parque Valle-Inclán se celebraban las fiestas a las que había ido Diana; el monte Curota fue el primer sitio en el que tuvo lugar una batida, al día siguiente de su desaparición.

La familia Quer llegó a Pobra do Caramiñal hace 17 años. Fue una elección cuidadosa. Pretendían huir de destinos veraniegos típicos de muchas familias pudientes de Madrid, estilo Marbella, y les gustaba el norte. Pero tampoco el norte clásico, tipo Santander o San Sebastián, ni destinos populares en Galicia como Sanxenxo. En A Pobra, dice la familia, se encontraron un pueblo pequeño (cerca de 10.000 habitantes) con un ambiente propicio para que las niñas creciesen en un entorno reconocible. Se hicieron con un velero y un grupo con el que salían a navegar desde Rianxo. El divorcio, en 2003, detonó el aparente equilibrio exterior de la familia.

La madre y la hermana de Diana, Diana López-Pinel y Valeria, siguieron acudiendo cada mes de agosto a su casa de Xobre, en una urbanización de Cabío. Ambas tenían allí sus amistades de verano. En su grupo Diana era un año o dos mayor que el resto; cuando empezó a sacarse el carné de conducir conoció a gente nueva, también más problemática: amigos "al borde de la legalidad", como los describió su familia. Sobre uno de ellos se puso el foco después de la desaparición de la chica, pero se demostró inocente. No fue el único sobre el que se acumulaban más sospechas. Hubo otro, un pescador furtivo con antecedentes por tráfico de drogas en los 90, al que se le intervino el teléfono y se le realizaron seguimientos. Al menos dos potenciales sospechosos más fueron objetos de la atención policial. Sin resultado, como decidieron las fuerzas de seguridad del Estado y el propio juez al decretar el sobreseimiento provisional: "Al no existir en el momento actual indicios suficientes para dirigir el presente procedimiento frente a persona alguna determinada". No sólo la Guardia Civil, si bien internamente, criticó la decisión al ser la reapertura del sumario una dificultad añadida en la investigación; también la familia de Diana calificó la noticia de "triste".

Un grupo de la Guardia Civil y voluntarios, durante una batida en el monte de A Curota, en 2016.
Un grupo de la Guardia Civil y voluntarios, durante una batida en el monte de A Curota, en 2016.

¿Dónde está Diana Quer? La joven se fue a pie desde las fiestas de A Pobra a su casa alrededor de las 2.30 de la mañana. No es un camino corto. Tras ser vista por última vez 15 minutos después, pasó por delante de la antigua discoteca Boomerang, un lugar de culto en los 80 y 90 para la juventud de O Barbanza; allí al lado, en un páramo, acampaban los propietarios de las barracas de la feria. Fue entonces cuando Diana le escribió a una amiga "me estoy acojonando, un gitano me está llamando", y luego especificó que le había dicho: "Morena, ven aquí". Toda la zona fue barrida, todos los censados por las fiestas fueron chequeados; todo sin resultado. Por la mañana, la madre observó que la chica no había regresado y se personó en la Guardia Civil de Pobra; allí fue derivada a Boiro. Los agentes acudieron a la casa y la madre de Diana explicó que no era la primera vez que su hija se escapaba (llegó a estar tres días refugiada en casa de una amiga) pero nunca había sido sin discusión previa; esta vez algo iba mucho peor de lo de costumbre.

En A Pobra apenas hay cámaras, salvo las ubicadas en unos semáforos cercanos al Valle-Inclán que no han aportado nada. El teléfono móvil de Diana se movió posteriormente por una ruta coincidente con la autovía de O Barbanza, y su señal se pierde en Taragoña; las cámaras de la autovía, sin embargo, no distinguen ni modelo ni color del coche en la oscuridad, así que el trabajo con ellas es infructuoso. En Taragoña dos pescadores dijeron que vieron a una chica salir de un vehículo y subirse a otro. Su testimonio fue tenido en cuenta y acudieron a declarar más de cuatro veces; a su declaración tuvo acceso La Voz de Galicia. Cuando fueron requeridos por medios de comunicación, citaron a periodistas en un hotel y pidieron, primero, 25.000 euros por una entrevista. Días más tarde, olvidaron el dinero y reclamaron un puesto de trabajo.

"No hay ninguna evidencia de que mi hija no esté viva. Ninguna. Y mientras no la haya esperamos que aparezca, y que cuando lo haga se encuentre bien", dice su padre.

"¿Puede atender a 14.000 desaparecidos?"

Con la gigantesca exposición mediática lidian los investigadores de la desaparición de Diana Quer. En un mes la gente ha llegado a ver a la chica 300 veces en distintas partes del mundo, la última de ellas en un concierto en Leganés (Madrid). Ha habido medios entrevistando a videntes y se ha explorado hasta la saciedad alguno de sus múltiples mensajes en redes sociales buscando significados absurdos. Ese hecho trágico, la desaparición de la joven, ha provocado la exposición pública de su familia, objeto de atención debido a la relación conflictiva entre sus miembros y el cambio de custodia de la hermana menor de Diana, Valeria. Ha llegado a filtrarse un informe psiquiátrico de la familia realizado durante el divorcio de la pareja. El escrutinio ha sido constante. La última noticia hecha pública fue la detención de la hija menor por amenazar a su madre en el domicilio de ambas en Pozuelo de Alarcón (Madrid); la mujer llamó a comisaría diciendo que Valeria estaba fuera de sí y armada con un palo.

¿Pero por qué Diana Quer y no otras desaparecidas? Joaquín Amills, de la asociación SOS Desaparecidos, responde: "¿Puede su periódico atender a 14.000 desaparecidos? ¿Dedicarles el mismo reportaje? En este caso se han dado unas circunstancias que han hecho que el caso sea muy mediático. Ocurre cada año, ocurrió con Yeremi Vargas, con Marta del Castillo. Cada año hay una desaparición que copa los medios y 1.100 que no. Hoy mismo ha habido cinco alertas de desaparecidos: ¿las ha visto en medios? Lo importante es que lo que salga en los periódicos sensibilice y recuerde a los ciudadanos que hay mucha gente desaparecida cuya investigación debe continuar".