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Ya está bien

Las univerdidades públicas no deben tomar partido en debates partidistas como el del derecho a decidir

Asistentes a un acto convocado por el Pacto Nacional por el Referéndum, en el Palacio de Congresos de Barcelona.
Asistentes a un acto convocado por el Pacto Nacional por el Referéndum, en el Palacio de Congresos de Barcelona.

Después de cuarenta años y medio de dedicación exclusiva a la vida universitaria, y en concreto a la Universidad de Barcelona (UB), la realidad supera la ficción, y uno se encuentra con que el claustro de la UB aprobó el jueves de esta semana, por 24 votos a favor, 14 en contra, dos en blanco y dos abstenciones, dar respaldo “a las iniciativas realizadas hasta ahora en apoyo del Pacto Nacional por el Referéndum”, cita textual del comunicado.

Añade la nota que el grupo promotor de la iniciativa (24 personas de un total de casi 70.000) “ha recordado que las universidades catalanas ya expresaron en octubre de 2012 su adhesión al Pacto Nacional por el Derecho a Decidir a través de la Asociación Catalana de Universidades Públicas (ACUP)”.

Hasta aquí podían llegar las contorsiones de la democracia representativa. Esto se parece cada vez más a una versión cómica de la democracia asamblearia al estilo CUP. Un miembro de la comunidad universitaria tiene derecho a preguntar cómo es posible que un Consejo de Gobierno de la UB pueda autoconcederse unas competencias expansivas que van mucho más allá de lo que es su mandato representativo. No parece que tenga competencias para una toma de posición de este tipo.

La verdad es que estamos entrando en una dinámica en la que, ante los síntomas crecientes de desorientación del llamado bloque soberanista/independentista, todo parece valer para simular que las torpezas de sus políticos se ven arropadas por una incierta “sociedad civil”.

Las universidades públicas son esto, públicas, tienen una naturaleza y unas funciones que cumplir. No toman partido en debates partidistas, y este lo es. La mitad (o casi) de las fuerzas parlamentarias están siendo marginadas hasta extremos venezolanos. Lo que Junts Pel Sí está haciendo con las reglas de la democracia parlamentaria no tiene nombre. Ya está bien.

Y si no, ¿por qué no posicionarnos sobre la gestación subrogada? Es un tema crucial en el campo de la bioética y la legislación subsiguiente. O ¿por qué no sobre otra cosa mucho más importante (puesto que atañe a 1.300 millones de católicos a escala mundial)? ¿Por qué no posicionarnos sobre la decisión de la jerarquía vaticana respecto a que las hostias sin gluten invalidan el sacramento de la comunión?

Por decirlo con otras palabras: no en mi nombre, gracias.

Pere Vilanova es catedrático de Ciencia Política de la Universidad de Barcelona.