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Juan Carlos I, irritado por su exclusión de las celebraciones del 40º aniversario de la democracia

El rey emérito, sorprendido por no haber sido invitado a una ceremonia que reconocía su propio papel en la Transición

Acto conmemorativo 40 años de las primeras elecciones. Ver fotogalería
Acto conmemorativo 40 años de las primeras elecciones.

La ausencia del rey Juan Carlos en la ceremonia parlamentaria del 28-J ha sorprendido al propio rey Juan Carlos. Fuentes del entorno del Rey emérito han asegurado a El PAÍS que este tenía pensado asistir a la conmemoración del 40 aniversario de la constitución de las Cortes y se había reservado incluso la fecha en su agenda de actividades.

Le disuadieron de hacerlo los motivos protocolarios expuestos por la Casa Real, que presentaban como una anomalía la coincidencia de un rey en ejercicio y de otro emérito en un acto de semejante valor institucional. Según la explicación de la Casa del Rey a EL PAÍS, cuando el Monarca se dirige al Pleno no cabe la presencia del rey anterior, y recuerdan que fue Juan Carlos I quien impuso este criterio desde la proclamación de su hijo.

La resignación de Juan Carlos I explica que haya visto la ceremonia a medias por televisión. Y que haya mostrado su contrariedad e incredulidad a los más allegados, sobre todo porque no terminaba de explicarse por qué ha terminado excluido de un acto en el que se ha alabado su papel fundamental y al que han asistido los demás supervivientes y artífices de las elecciones de 1977.

El rey Juan Carlos se había concedido unos días en Sanxenxo (Pontevedra) para dedicarse a la vela, pero también había despejado la última semana de junio, contando con que sería invitado a la conmemoración. No con el ánimo de presidirla ni de hacer competencia a su hijo, pero sí con la expectativa de reencontrarse con los protagonistas políticos de aquellos comicios.

Estuvo incluso el rey Juan Carlos en conversaciones con la presidenta del Congreso, Ana Pastor. Ella misma le había mencionado la existencia de gestiones con la Casa Real para acomodar el protocolo y favorecer que el rey emérito pudiera adherirse al acontecimiento parlamentario.

Es verdad que no estuvo hace tres años en la Cámara baja con ocasión de la proclamación de su hijo, pero las razones institucionales que se mencionaron entonces palidecen frente al embarazo que implica no haberlo incluido en un acto litúrgico y político que hace memoria de la Transición y que sitúa al propio Juan Carlos en el papel de protagonista determinante.

De hecho, el concurso del PCE en aquellos comicios de junio de 1977 se produjo precisamente por la mediación del rey Juan Carlos y Adolfo Suárez, además de las concesiones que hizo Santiago Carrillo a la bandera, el himno y la fórmula resultante de la monarquía parlamentaria.

Se ocupa ahora de encabezarla Felipe VI, pero su discurso, igual que el de Ana Pastor, tuvo presente el papel catalizador del Juan Carlos I. Un motivo que hace difícil explicar el escrúpulo protocolario con que se ha hecho incompatible la “convivencia” del Rey actual con el pretérito.

La explicación semioficial de este aparente desplante tiene que ver con la elección de los espacios donde se ha celebrado la ceremonia. No solo el escenario del besamanos. También, por lo visto, el propio Hemiciclo. “Si el acto hubiera sido, por ejemplo, en un lugar más informal, como el salón de los Pasos Perdidos, no se habría producido problema alguno”, deslizaban esta mañana fuentes de la Casa Real. Sin embargo, estas explicaciones no parecen tener en cuenta que las instalaciones del Congreso ofrecían una posible solución: la utilización de la Tribuna de Honor, que en ocasiones han utilizado los presidentes autonómicos o invitados ilustres. Desde ella asistieron la reina Sofía y las infantas a la proclamación de Felipe VI.

No han convencido las explicaciones al rey Juan Carlos. Más que irritado, a decir de sus allegados, se ha mostrado estupefacto. “Hasta han invitado a las nietas de La Pasionaria”, confiaba esta mañana como prueba de su sorpresa.

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