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“¡Pablo presidente!”

Montero evoca a Parks y Campoamor y lista todos los casos de corrupción del PP

Pablo Iglesias y Luis de Guindos este martes en el Congreso. FOTO: EFE. VÍDEO: ATLAS

“¡Sí se puede! ¡Sí se puede!”. Unos tímidos gritos han recibido a los diputados de Unidos Podemos cuando han bajado la carrera de San Jerónimo en dirección al Congreso. Es martes y 13. La jornada de la moción de censura contra Mariano Rajoy. Pablo Iglesias, el candidato alternativo a la presidencia, traspasa la verja negra que separa el Hemiciclo de la calle entre un pequeño coro unido alrededor de una consigna: “¡Pablo presidente! ¡Pablo presidente!”. “Estoy con muchas ganas”, contesta Iglesias antes de que Irene Montero, la portavoz de Podemos, compare la iniciativa de su partido con “la rebeldía” de Rosa Parks, símbolo de la lucha contra la segregación racial en EEUU; o de Clara Campoamor, la diputada que peleó por el voto femenino. Así ha comenzado la tercera moción de censura de la democracia: con referencias históricas y la corrupción como tema estrella.

Para empezar, un espejismo. Una ovación ha unido a todos los diputados de la Cámara cuando Montero ha arrancado su intervención condenando el asesinato de una mujer en Granada. Ha sido el único momento de pausa para el presidente del Gobierno. La portavoz parlamentaria de Unidos Podemos ha iniciado inmediatamente un duro discurso que ha acompañado de gestos acusadores, el dedo extendido hacia Rajoy, señalándole continuamente. “Corruptos”. “Machistas”. “Hoy, señorías, los jueces dicen que son una organización criminal”, ha desgranado Montero mientras acusaba al PP de ser heredero del franquismo y de actuar como la familia de El Padrino.

La bancada del partido que sostiene al Gobierno ha reaccionado con gritos, risas irónicas y protestas. Rajoy, impertérrito, quieto en su escaño, apenas agitando una pierna frente a las andanadas de Montero. “Silencio, señorías, silencio para que se pueda escuchar a la oradora”, ha intervenido Ana Pastor, la presidenta del Congreso. 

De los gritos sobre Maduro a la beca de Errejón

Las largas intervenciones de Irene Montero, Mariano Rajoy y Pablo Iglesias han estado acompañadas de los murmullos y gritos del resto de diputados. Además de palabras de ánimo ("¡bravo! ¡sí señor!"), también las ha habido de protesta mientras los representantes de Unidos Podemos desgranaban los múltiples casos de corrupción que presuntamente han afectado al PP.

"Por respeto, le pido que mantenga las formas y el decoro", le ha llegado a espetar Iglesias al ministro Cristóbal Montoro mientras enumeraba sus propuestas para combatir la pobreza energética.

"¿Y [Nicolás] Maduro?", han gritado diputados del partido de Rajoy sobre los vínculos de los fundadores de Podemos con Venezuela. "¿Y la beca de Errejón?", han bramado también desde la bancada popular, en referencia al estipendio que recibió el diputado como investigador de la Universidad de Málaga cuando ya se dedicaba a su trabajo en el partido. Tanto la Universidad como la fiscalía investigaron el caso y lo archivaron.

"¡Pudiste hacerlo!", ha chillado un diputado del PSOE cuando Iglesias se ha disculpado por los errores cometidos, especialmente en la infructuosa negociación que derivó en la fracasada investidura como presidente de Pedro Sánchez.

Así han transcurrido las primeras horas de la moción de censura: mezclando momentos de alta tensión con otros de tranquilidad que los diputados han aprovechado para consultar sus móviles y abandonar poco a poco el Hemiciclo.

Y entonces, efectivamente, el silencio. Durante minutos eternos, Montero ha enumerado uno a uno todos los casos de corrupción en los que están implicados presuntamente miembros del PP. Al largo listado en el que se integran los casos Púnica, Lezo, Acuamed, Gürtel o Bárcenas se ha añadido luego el de los expolíticos populares condenados por los jueces. “Basta ya de corrupción, su tiempo se ha acabado”, ha dicho Montero ante un Hemiciclo enmudecido.

Acallados los escaños, tampoco ha habido ruido en las tribunas, que se han llenado de visitantes ilustres desde primera hora de la mañana. Julio Rodríguez, exJemad con el Gobierno de Zapatero, ha acudido como invitado del partido de Iglesias, con el que ha intentado ser diputado en dos ocasiones (2015 y 2016); al igual que Juan Carlos Monedero, fundador de Podemos; o Pablo Echenique, secretario de Organización de la formación de Iglesias. Hasta Madrid han viajado también Martiño Noriega, alcalde de Santiago de Compostela; Gerardo Pisarello, teniente de alcalde del Ayuntamiento de Barcelona y número dos de Ada Colau; o integrantes de los consistorios de Zaragoza, Badalona o Cádiz. Por la tribuna también se han dejado ver Rita Maestre y Carlos Sánchez Mato, del Ayuntamiento de Madrid. Esta es una jornada clave para Podemos. La formación de Iglesias ha querido reflejar que su proyecto ya está enraizado en instituciones de toda España. Y por eso han hecho acto de presencia algunos de sus rostros más conocidos; representantes de las alcaldías del cambio; y miembros de los sindicatos UGT y CCOO.

“Venimos a hablar hoy de su decadencia, aunque hayan tardado 25 días en permitir esta moción de censura, por la sencilla razón de que lo que es urgente para España no es urgente para ustedes”, ha dicho Montero. “Son ustedes el nuevo bunker”, ha seguido. Y ha añadido: “Sí se puede porque ya no les tienen miedo”.

Montero ha ocupado la tribuna de la Cámara Baja durante dos horas. Soraya Sáenz de Santamaría, vicepresidenta del Gobierno, ha escuchado su intervención mientras tomaba notas. Íñigo Méndez de Vigo, portavoz del Ejecutivo y titular de Educación y Cultura, leyendo un libro. Y Albert Rivera, líder de Ciudadanos, apurando un café mientras compartía unas golosinas con sus compañeros de bancada. La portavoz de Unidos Podemos ha cerrado su discurso fundiéndose en un abrazo con Iglesias. Su bancada le ha dedicado un larguísimo aplauso, extendido segundo a segundo como quien busca un récord. Ha sido el primer pulso escenográfico de la jornada: Rajoy ha sorprendido a todos decidiéndose a darle la réplica desde la tribuna y ha sido recibido y despedido con sendas ovaciones de sus diputados. 

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