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Narbona defenderá como presidenta del PSOE los postulados de izquierdas y la reconciliación

La exministra de Medio Ambiente abandonará el Consejo de Seguridad Nuclear

Cristina Narbona ha dado el sí a Pedro Sánchez, secretario general del PSOE, para presidir el partido. Durante días ha dudado sobre si debía colaborar desde fuera o integrarse en su ejecutiva. La exministra dejará el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) un año y medio antes de tiempo para dedicarse plenamente al proyecto de Sánchez. Pondrá atención especial a la transición verde de la economía. Se esforzará en la reconciliación y en la defensa de los postulados de izquierdas.

Cristina Narbona, a la izquierda de Pedro Sánchez, junto a Margarita Robles, Manuel Escudero y José Fèlix Tezanos en una imagen del pasado mes de mayo.
Cristina Narbona, a la izquierda de Pedro Sánchez, junto a Margarita Robles, Manuel Escudero y José Fèlix Tezanos en una imagen del pasado mes de mayo. EFE

El próximo domingo Narbona, que fue ministra con José Luis Rodríguez Zapatero y que ocupó varios cargos en los Gobiernos de Felipe González, será elegida presidenta del PSOE en el 39 congreso del partido. Después de una insistencia sostenida de Pedro Sánchez para que ocupara el cargo, el viernes por la noche decidió aceptarlo y abandonar su puesto en el CSN, adonde llegó a finales de 2012 y donde estaba satisfecha.

Después de unas consultas oficiosas sobre si sería legal compatibilizar ambos cargos, supo que no había problemas para continuar en el consejo y ser presidenta del partido. Pero consideró que éticamente no podía asumirlo y ha optado por el partido. "No sería comprensible que criticara la acumulación de cargos e hiciera lo mismo", explica uno de sus colaboradores.

Desde que Sánchez reemprendió la tarea de volver a optar a la secretaría general del PSOE, Narbona ha colaborado con él y ha estado muy implicada con el proyecto Por una nueva socialdemocracia. El documento fue presentado por Sánchez y Narbona lo defendió en primera fila junto a sus coordinadores Manuel Escudero y José Félix Tezanos. En la elaboración del texto también participó el exministro José Borrell, pareja sentimental de Narbona.

Esta doctora en Ciencias Económicas por la Universidad de Roma ha decidido ahora apoyar el proyecto de Sánchez, aunque no fue su opción hace solo tres años, cuando el político madrileño compitió por la secretaría general con el vasco Eduardo Madina y el andaluz José Antonio Pérez Tapias. Narbona y Borrell votaron entones al profesor Pérez Tapias, que representaba al ala izquierda del partido, cuya candidatura obtuvo el 15% de los votos. Ahora, Pérez Tapias, Narbona y Borrell están con Sánchez.

La relación con el actual líder del PSOE empezó cuando ella fue designada miembro del CSN en diciembre de 2012 —con Alfredo Pérez Rubalcaba como secretario general del PSOE—. Sánchez sustituyó a Narbona como diputado en el Congreso al correr la lista. De ella heredó la portavocía de cambio climático, para lo que le pidió asesoramiento.

La futura presidenta del PSOE será la quinta del partido desde la recuperación de la democracia en España. Le han antecedido el histórico Ramón Rubial, los presidentes andaluces Manuel Chaves y José Antonio Griñán, y Micaela Navarro durante el periodo convulso de Sánchez y su enfrentamiento con la gestora.

Reconciliación

En su entorno señalan que considera posible empezar de inmediato la reconciliación dentro del partido y, singularmente, con algunos dirigentes que son referentes en el PSOE y que apoyaron a Susana Díaz frente a Sánchez. Esos interlocutores resaltan el enorme afecto que Narbona tiene al expresidente Rodríguez Zapatero. Los que han trabajado con ella la definen como una persona de buen talante y firmeza en sus convicciones, que defiende siempre con guante de seda. De la defensa de sus convicciones ha tenido que hacer gala en su etapa en el CSN, donde se ha enfrentado en solitario al resto de miembros del consejo en algunos importantes asuntos sobre las centrales nucleares.

Uno de los aspectos que le ha hecho dudar ha sido, precisamente, no estar dentro del CSN en el próximo año y medio; su mandato finalizaba en diciembre de 2018. Los próximos meses pueden ser claves para el futuro de la energía nuclear en España. Y ahora se abrirá una negociación en el Parlamento para designar al sucesor de Narbona en el consejo, algo que tendrá que ser pactado entre los partidos.

Ahora asumirá un papel esencial dentro del PSOE en una de las prioridades de Sánchez: propiciar una transición ecológica de la economía. Esa transición se tiene que afrontar esta legislatura en el Congreso con la elaboración de la ley de cambio climático. Precisamente, Narbona ha sido una de las encargadas de diseñar el programa de Sánchez en lo referente a energías limpias y a la estrategia de eliminación de los gases de efecto invernadero de la economía española.

Voz discordante en el consejo nuclear

En su último cargo público, miembro del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN), Cristina Narbona ha sido la voz discordante. No tanto por el número de veces en las que ha discrepado de sus compañeros, sino porque su crítica siempre se produjo en votaciones sobre temas de calado.

Desde que el 28 de diciembre de 2012 tomó posesión, ha votado en contra o se ha abstenido en 19 asuntos. Pese a su rechazo, siempre salieron adelante, porque ella era la única discrepante. Ha redactado 17 votos particulares, algunos muy duros con las decisiones de los otros cuatro miembros del consejo del CSN. Pero esas 19 veces en las que se ha opuesto no representan más allá de “un 1% o un 2%” de todas las decisiones tomadas por este órgano, según fuentes del ente.

La exministra ha rechazado las decisiones más polémicas tomadas por el supervisor. Por ejemplo, se opuso a que el CSN diera su visto bueno a los terrenos para el Almacén Temporal Centralizado para residuos nucleares en Cuenca. De la idoneidad de esos suelos dudaban también algunos técnicos, lo que no impidió al CSN respaldar el emplazamiento.

También se negó a apoyar la reapertura de la central de Garoña ya que el CSN concedió ese aval a pesar de que los propietarios no acometieron unas inversiones que eran obligatorias, según manifestó el presidente del supervisor. Igualmente, rechazó los cambios normativos para permitir que las centrales nucleares operen más allá de los 40 años.