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La moción de censura de Podemos, la tercera de la democracia

El PSOE amenazó con presentar otra contra Rajoy para forzarle a ir al Congreso por el 'caso Bárcenas'

La moción de censura de Unidos Podemos

Cuando Pablo Iglesias y los suyos formalicen la moción de censura que acaban de anunciar contra Mariano Rajoy por los escándalos de corrupción, esta será la tercera que se debata en la democracia española. Podría haber sido la cuarta, porque en el verano de 2013 el PSOE, entonces liderado por Alfredo Pérez Rubalcaba, amagó con formalizar otra contra el mismo Rajoy y por la misma corrupción.

Entonces los socialistas amenazaron con este instrumento a Mariano Rajoy para forzarle a que diera explicaciones en el pleno del Congreso sobre el caso Bárcenas. Y el todavía hoy jefe del Ejecutivo accedió a explicar a finales de agosto de 2013 sus relaciones con el tesorero del PP, con lo que la moción quedó en simple amago. Por ello esta de Podemos es la segunda amenaza de moción de censura en cuatro años sobre el actual presidente del Gobierno por la corrupción en su partido.

Y esta tercera, como las anteriores, está condenada al fracaso (salvo hipotéticos e improbables futuros cambios de postura de los socialistas), ya que Podemos carece de apoyos parlamentarios suficientes para echar al presidente del Gobierno de turno, como en su momento les pasó al PSOE de Felipe González y la Alianza Popular de Antonio Hernández Mancha.

La primera: González vs. Suárez.

La primera moción fue en 1980, con la democracia aún jovencita. La protagonizó el entonces secretario general del PSOE, Felipe González, frente a Adolfo Suárez. Se debatió en el Congreso del 28 al 30 de mayo de ese año. La mera presentación de esta medida, una de las más extremas del parlamentarismo español, agarró por sorpresa a Adolfo Suárez, un factor que aprovechó el candidato Felipe González para proyectar su figura política y foguearse parlamentariamente, que era realmente lo que buscaba. 

Felipe González, durante la moción de censura de 1980.
Felipe González, durante la moción de censura de 1980.

Los socialistas tenían la derrota asegurada, ya que no contaban con los diputados suficientes como para sacarla adelante. Y era una prueba de fuego tanto para el presidente Suárez como para el candidato. De hecho, todos los ministros y el propio líder de la UCD interrogaron al aspirante González, después de que este presentara un programa de gobierno. Y este era el objetivo: presentar al candidato de los socialistas como presidenciable.

Tanto el candidato como su entonces brazo derecho, Alfonso Guerra, se esforzaron en mostrar que no existía un pacto PSOE-PCE, una unión que en aquellas fechas provocaba recelos en determinados sectores y espantaba a toda la derecha española. 

Los socialistas, de hecho, subrayaron que Suárez era "inservible" para la democracia en aquel momento de su escasa andadura, e insistieron en que lo que tenía que hacer la UCD era buscar a otro candidato (luego vinieron la renuncia de Suárez, el golpe del 23-F, la llegada de Calvo Sotelo...)

González perdió la votación, pero ganó el debate; al contrario que Suárez. Dos años después, en 1982, el PSOE llegaba al poder con 202 diputados y permanecería en el Gobierno durante 14 años consecutivos (hasta 1996).

La segunda: la oportunidad de Hernández Mancha

Hernández Mancha, cuando presentó su moción contra González, en 1987.
Hernández Mancha, cuando presentó su moción contra González, en 1987.

La siguiente moción de censura la presentó en 1987 el entonces presidente de Alianza Popular, Antonio Hernández Mancha, contra quien era el presidente del Gobierno, Felipe González, que probó su propia medicina, pero con diferente suerte.

Hernández Mancha quiso utilizar la moción de censura de la misma manera que en el 80 lo hizo González contra Suárez: para proyectar su imagen, ya que por entonces era un político prácticamente desconocido para el gran público e incluso para la AP que había levantado Manuel Fraga.

El 26 de marzo de 1987 comenzó el debate, y la oposición parlamentaria criticó a Hernández Mancha por utilizar el debate para revitalizar su imagen pública. Hernández Mancha fracasó ante González y también en su disputa como líder de la oposición parlamentaria ante Adolfo Suárez. Un fracaso que entreabrió la puerta a José María Aznar, que con 34 años, se convirtió poco después en el presidente de Castilla y León y, dos años más tarde, en el líder de la oposición (sin "tutelas ni tu tías", como dijo Fraga), cuando AP ya era el PP.

La tercera, la de Podemos, no tiene fecha. Aún.

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