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“La sanidad universal es clave en el éxito de los trasplantes”

El responsable del liderazgo mundial de España en donaciones se jubila al acabar marzo

Rafael Matesanz, responsable de la ONT.

Después de 28 años casi ininterrumpidos como responsable de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT), a Rafael Matesanz (Madrid, 1949) apenas le quedan dos meses para jubilarse. Pero él no duda de que deja "un sistema engrasado", y por eso afirma tajante que "este año se volverá a batir el récord de donantes". Y lo dice aun sin saber quién le va a sustituir.

Eso "no quiere decir que todo vaya a funcionar por inercia", advierte. "Uno de los riesgos que puede haber es que mi sucesor o sucesora piense que esto va solo, y no va solo. El sistema lo forman médicos, enfermería y mucho personal que tienen trabajar coordinados, que es la clave". Aparte de este, ve otro posible peligro:. "Las tendencias centrífugas. Esto funciona porque las 17 comunidades autónomas hemos ido al unísono. Quien me suceda deberá tener un cuidado exquisito para que ninguna comunidad autónoma piense que yendo sola le va a ir mejor", dice.

Tanto ha sido el éxito del sistema, líder mundial desde hace 25 años en tasas de donantes, y tanto su protagonismo, que casi se olvida que en este tiempo llegó a caer en desgracia y a abandonar su trabajo. Fue en 2000, "cuando pasó lo de [Celia] Villalobos", dice en referencia al desencuentro con la política malagueña cuando fue ministra de Sanidad que le llevó a exiliarse en la Toscana –"les puse en marcha un sistema de trasplantes que puede comparase a los de España, y, ya de paso, les organicé la oncología", dice sin falsas modestias-. "En 2004 me repescó Ana Pastor", recuerda.

En este tiempo, ha convivido "con 15 ministros, y otros tantos en cada una de las comunidades. Ese es el reto: hacer que todos trabajen juntos", afirma. Pero no ha encontrado diferencias ideológicas. "Ha sido más importante la relación personal", dice Matesanz.

Aparte del apoyo oficial, Matesanz señala varios aspectos clave en el éxito del sistema. "El primero, un sistema nacional de salud universal y gratuito". Así se ha conseguido "que en 28 años el número de donantes se haya multiplicado por tres, y el de órganos trasplantados por cuatro. Sin duda, el mayor logro es que actualmente en España todo el que necesita un trasplante tiene posibilidad de recibir un órgano".  Esto choca con el modelo de otros países, como Estados Unidos. "Me producen escalofríos las declaraciones de algunos grandes trasplantados americanos intentando crear un gran mercado de órganos", señala. 

Otra característica del sistema español es el anonimato. Salvo en algunos casos, como los trasplantes de médula o riñón a familiares, quien da y quien recibe el órgano no se conocen. Matesanz admite que hay otros sistemas, pero él defiende este a capa y espada "por sentido común, por higiene mental". "Al principio, a uno y a otro les hace mucha ilusión conocerse, y, en los primeros años, muchas veces se conocían porque estaban juntos en la misma sala de espera, pero se pueden crear relaciones bastante viciadas, y hemos tenido casos de muchas complicaciones para las familias", afirma.

Aunque visto desde 2017 la historia es de un gran éxito, hace 10 años el sistema, aun siendo líder mundial, parecía atascado. La tasa de donantes estaba alrededor de los 35 por 100.000 habitantes, muy lejos del 45 actual. Ahí se llevó a cabo la penúltima revolución del sistema: "Con el descenso de la siniestralidad vial, cambió el perfil del donante. Vimos que si seguíamos haciendo lo mismo que hasta entonces, no creceríamos. Y nos fijamos en la donación en asistolia controlada, la que se hace en muerte cerebral". "Vimos que cada vez estaba más aceptada la limitación del esfuerzo terapéutico. Cada vez más familias estaban de acuerdo en que a su familiar le quitaran la respiración asistida, por ejemplo, pero en ese intervalo aún se puede donar. Era una práctica que en España no se hacía, quizá por cuestiones culturales, pero hicimos un programa piloto en Vitoria y funcionó muy bien, y ya representan el 25% de los donantes", narra el médico.

Todo el éxito, sin embargo, pasa por la baja tasa de negativas familiares a donar (un 15%), que es otro récord mundial en el que nunca se repara. "Hay comunidades, como el País Vasco, en que muchos años la tasa es del 0%", dice satisfecho. Incluso la que tiene una mayor proporción, Galicia, (el 20% o 25%), "sería un éxito en el mundo. Inglaterra y Francia la tienen del 40%",  apunta. Y la clave está en "la entrevista". "Nos dimos cuenta de que la negativa depende mucho de ella, más que del sitio o de otras condiciones". Aunque admite Matesanz que la tasa anda estabilizada los últimos años, lo atribuye al cambio en la demografía del país, "con cuatro o cinco millones de extranjeros que vienen de países donde ni se habla de donación". Al respecto señala que los de origen latinoamericano y europeo se han adaptado muy bien, pero con los musulmanes y asiáticos es más complicado. La solución es crear mediadores culturales, afirma Matesanz. 

Todo esto pasará a un segundo plano cuando se jubile el 31 de marzo. "Podré dedicarme a lo que ahora no he tenido tiempo, como leer, escuchar música y ver crecer a mi nieto", dice, para posteriormente admitir que, "quizá" se mantenga en contacto con el sistema con "trabajos de asesoría". Su "sucesor o sucesora", como le gusta decir, si quieren, le tendrán siempre dispuesto para opinar.

Aumento del 56% en Latinoamérica

EMILIO DE BENITO, Madrid

El éxito del conocido como modelo español de trasplantes ha tenido una repercusión inmediata en Latinoamérica. "Ya estábamos presentes en los noventa, pero desde 2005, desde que estamos en el Consejo Iberoamericano de Donaciones y trasplantes, la tasa de donantes ha crecido un 56%", dice Rafael Matesanz, presidente del organismo.

"El modelo está funcionando. Va muy bien en Argentina, Uruguay y algunas regiones de Brasil; en Colombia y Cuba no está mal; en Ecuador se están haciendo muchos esfuerzos y va muy mal, por distintos motivos, en Venezuela y Centroamérica", dice Matesanz.

El principal problema es "la fragmentación del sistema", afirma. "En España solo hay uno, pero ahí hay en algunos países que hablarse con la sanidad privada, la beneficencia, la del ejército, la seguridad social... En Chile, por ejemplo, el sector privado parasita al público. Las donaciones se producen en este último, pero el privado es el que luego usa los órganos". 

Parte del éxito del modelo se detecta, también por la presencia española en organismos internacionales. "Los responsables de trasplantes de la OMS, la OPS [al oficina americana de la OMS] y del Consejo de Ministros Europeo son españoles", dice con orgullo Matesanz.

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