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Rajoy se reconcilia con el pasado

El presidente del Gobierno recibió el año almorzando con su primer adversario político, el tránsfuga Xosé Luis Barreiro

Rajoy (centro), Barreiro (derecha) y Pastor (de espaldas) con sus parejas el 2 de enero en Sanxenxo. Ampliar foto
Rajoy (centro), Barreiro (derecha) y Pastor (de espaldas) con sus parejas el 2 de enero en Sanxenxo.

El lunes 2 de enero, tras responder por el caso Trillo (“ha pasado muchísimo tiempo”, zanjó), Mariano Rajoy aprovechó el sol de Sanxenxo (Pontevedra) para comer en su lugar preferido, el Club Náutico. Allí ha pasado buena parte de sus vacaciones, siempre acompañados él y su mujer por la presidenta del Congreso, Ana Pastor, y su marido.

Ese lunes estaba citada una pareja nueva en la mesa; para sorpresa de la clientela del Náutico, el hombre era Xosé Luis Barreiro Rivas, protagonista absoluto de la política gallega en los ochenta. El primer tránsfuga famoso de la democracia, apodado El Felón por un Fraga fuera de sí y enemigo histórico, el primero que tuvo en política, de Mariano Rajoy.

Así que allí estaban los dos en la mesa, después de tantos años. El primer deshielo se había producido en 2010 en una entrevista a Rajoy en La Razón; allí dijo sobre Barreiro que tenía “mejor opinión de él que la que tuve en un momento de mi vida. Todos nos equivocamos”. Y hace dos años, en noviembre de 2014, Rajoy entregó a Barreiro el premio de periodismo que concede La Voz de Galicia, diario en el que Barreiro escribe. Allí Barreiro tendió su mano: “Más allá de las dificultades que ambos hemos tenido, sigue vivo el cariño y el compromiso con el que nos consagramos juntos en 1981 al servicio del país”. Rajoy se limitó a alabar su figura como analista. El titular en EL PAIS fue elocuente: Barreiro, el regreso del conservador pródigo.

¿Quién fue Xosé Luis Barreiro Rivas? Personaje clave en la fundación de Alianza Popular (AP) de Galicia, tuvo un rol protagonista en el primer Estatuto de Autonomía. Fue el director de campaña de AP de las primeras elecciones al Parlamento de Galicia, en 1981. Ejerció la vicepresidente del Gobierno gallego de Fernández Albor y fue conselleiro de Presidencia; entre sus subalternos estaba un director general de 27 años, Mariano Rajoy. La carrera de Rajoy despegó meses después: el 8 de mayo de 1983 fue elegido concejal del Ayuntamiento de Pontevedra y semanas más tarde era el presidente de la primera Diputación provincial. Allí permaneció hasta el año más decisivo de su vida política, 1986. Su vida cambió a causa de Xosé Luis Barreiro.

Boinas y birretes

Cuando el profesor Barreiro cayó, Rajoy se vio envuelto en otra guerra dentro del PP con el siguiente todopoderoso, Xosé Cuiña Crespo. Esa batalla hizo correr tantos ríos de tinta que quedó en la memoria el nombre de los bandos que lideraban: os da boina (Cuiña) y os do birrete(Rajoy).

El 2 de enero pasado, durante la comida con su primer adversario político, Rajoy vio llegar a la hija del segundo, el fallecido Xosé Cuiña Crespo. Se saludaron todos afectuosamente y se desearon feliz año nuevo. En aquel comedor se habían reunido 20 años de la historia política gallega.

A finales de 1985 Rajoy era presidente del PP de Pontevedra y candidato a la reelección. Pero Fraga, desde Madrid, dio orden de que se le descabalgase en favor de Barreiro. Rajoy dio la batalla a Fraga en contra del consejo de todo el mundo. Hizo unas declaraciones insólitas que cayeron como una bomba en Madrid. Hoy son historia: “Sin entrar en el análisis político de estos hechos, creo mi deber afirmar que los comportamientos personales de Manuel Fraga no me parecen, desde luego, ni correctos, ni democráticos, ni leales”.

Fraga lo llamó a consultas. Rajoy, cuya inspiración política era Pío Cabanillas, logró poner precio a su propia cabeza: dejaba a Barreiro el mando de AP si él encabezaba a lista al Congreso de los Diputados en las generales de 1986. Así sucedió, y así llegó Rajoy al Congreso. Pero sólo por unos meses.

Barreiro, ese mismo año, protagonizó el caso de transfuguismo más famoso del principio de la democracia. “¿Es un tránsfuga permanente, un vendido”, le preguntó Feliciano Fidalgo en EL PAÍS. “Son manipulaciones; sólo cambié una vez de partido, pero el cambio fue espectacular y eficaz políticamente”. El vicepresidente de la Xunta inició una rebelión contra el presidente, Fernández Albor, despojándole de la mayoría con diputados afines para forzar su marcha; la rebelión falló, Barreiro dejó sus cargos en la Xunta (¿quién regresó de Madrid para ocupar la vicepresidencia vacante? Mariano Rajoy) y fundó un partido nuevo con el que apoyó una moción de censura del PSOE contra AP.

Así que Barreiro fue en 1986 vicepresidente de la Xunta con AP y en 1987 vicepresidente de la Xunta con el PSOE. Fraga distribuía el apodo para el antiguo amigo: El Felón. Maquiavélico, intelectual y analista fino, Barreiro era hijo de una familia humilde del pueblo de Forcarei. Su padre era cartero, algo que provocó un titular a cinco columnas en la portada de Diario de Pontevedra cuando se consumó la traición: “El hijo del cartero también llama dos veces”.

Aquel escándalo que ocupó periódicos y telediarios, y que cambió la historia de Rajoy y de Fraga –el de Vilalba dejó Madrid para presentarse en Galicia contra los que habían promovido la moción de censura- fue resumido por el diputado Iglesias Corral en un pleno extraordinario del Parlamento con una frase para el recuerdo: “Aquí pasou o que pasou”.

Cuando el profesor Barreiro cayó, Rajoy se vio envuelto en otra guerra dentro del PP con el siguiente todopoderoso, Xosé Cuiña Crespo. Esa batalla hizo correr tantos ríos de tinta que quedó en la memoria el nombre de los bandos que lideraban: os da boina (Cuiña) y os do birrete (Rajoy). El 2 de enero, durante la comida con su primer adversario político, Rajoy vio llegar a la hija del segundo, el fallecido Cuiña Crespo. Se saludaron todos afectuosamente y se desearon feliz año. En aquel comedor se habían reunido treinta años de la historia política gallega.

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