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¿Para qué sirve PISA?

"Hemos aprendido que algunas cosas no sirven para mejorar, a pesar de los prejuicios de muchos"

Institución Educativa Coras, en Perú.
Institución Educativa Coras, en Perú. EFE

Antes de contestar la pregunta del título, déjenme contestar a otra legítima pregunta que quizá tengan. ¿Qué demonios hace un economista hablando de educación? Pues bien, la culpa es del examen de PISA (y otros exámenes como TIMSS y PIRLS). Cuando no existían teníamos un problema. Nuestra intuición y nuestros modelos nos decían que la educación es muy importante para el progreso económico, pero los datos parecían decir que no. La Educación, medida por los años de escolarización media de una población, no presentaba ninguna relación con el crecimiento económico. Estos exámenes nos dieron la solución: para que un país crezca no basta con meter a los chicos 10 o 12 años en un aula. Lo que hagan dentro de ella importa, y mucho. En suma, es la calidad de la educación, no la cantidad, lo que cuenta para el progreso social.

Vale, dirá alguno, pero ¿es eso todo? ¿Hemos aprendido algo más con estos costosos ejercicios? Pues sí, hemos aprendido que algunas cosas no sirven para mejorar, a pesar de los prejuicios de muchos. Por ejemplo, aunque algunos piensan que PISA es parte de una vasta conspiración neoliberal contra la escuela pública, sus datos muestran que una vez se tiene en cuenta el nivel socioeconómico de las familias, la escuela pública y privada tienen el mismo resultado. O sea, que no basta con privatizar. Pero tampoco basta con inyectar más recursos en la escuela. Más allá de unos mínimos, que se consiguen de sobra en países como España, si se quiere mejorar hay que organizarse mejor.

También sabemos algunas cosas positivas. Los exámenes externos de fin de ciclo con consecuencias son buenos para la calidad educativa. También lo es la autonomía decisoria de los centros, siempre que ésta vaya acompañada de rendición de cuentas, vía exámenes externos y una buena supervisión que pueda hacer cambios si algo no va bien.

Para acabar, déjeme responder a un par de críticas mal guiadas. La primera es que PISA solamente mide habilidades cognitivas. Pues resulta está tan bien diseñado que nos permite medir algunas no cognitivas. Como cada estudiante es obligado a enfrentarse a las preguntas en un orden distinto al azar, la variación a lo largo del examen no puede deberse a que la dificultad de las mismas siga un orden determinado. Y generalmente los estudiantes lo hacen mejor al principio que al final. Pero, crucialmente, no todo el mundo tiene el mismo decaimiento en el resultado. Y ese decaimiento es una medida muy buena de la capacidad de persistencia del estudiante.

Y, finalmente, la crítica menos inteligente de todas. ¡Es que los exámenes estándar fomentan que la gente haga trampas, eliminémoslos! Siguiendo esa línea lógica, la declaración de la renta fomenta que la gente defraude, eliminemos los impuestos.

Para mejorar hay que medir, y PISA mide bien algunas cosas. No todas, es cierto, pero eliminar PISA por eso sería como dejar de tomarse la tensión porque no es el único predictor de un ataque al corazón.

Antonio Cabrales Goitia es catedrático de Economía en el University College London.

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