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Cebrián: “Si no hay reformas políticas, el sistema no sobrevive”

El presidente de PRISA aconseja "cambios que garanticen la convivencia" durante un homenaje a Francisco Tomás y Valiente

Juan Luis Cebrián, en una imagen de archivo. Ampliar foto
Juan Luis Cebrián, en una imagen de archivo. EFE

“Si no hay reformas políticas, el sistema no sobrevive y no prevalece”. Juan Luis Cebrián, presidente del consejo de administración del Grupo Prisa (editor de EL PAÍS) ha recordado este miércoles la vigencia de “la lección sobre la necesidad del reformismo” que para él ejemplifica la obra intelectual de Francisco Tomás y Valiente, expresidente del Tribunal Constitucional asesinado por ETA hace ahora 20 años. “Hablo de la necesidad de reformas que garanticen la convivencia y la gobernación del espacio público, que es en definitiva en lo que consiste la política”, ha concretado Cebrián durante un homenaje al catedrático de Historia del Derecho en el que se ha presentado el libro Una mirada valiente (Polifemo), de José Manuel Gómez Bravo.

Hace 20 años, Tomás y Valiente fue asesinado en su despacho de la facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) por el etarra Jon Bienzobas Arretxe, Karaka. El recuerdo de su figura ha reunido en el Colegio de Abogados de Madrid a, entre otros, la profesora y exministra Carmen Alborch; la vicepresidenta del Tribunal Constitucional, Adela Asuala; y la hija del homenajeado, Ana Tomás y Valiente, que ha celebrado el fin del terrorismo de ETA.

“[A mi padre] Le disgustaría profundamente el desprecio de algunos dirigentes políticos actuales por el trabajo de todos aquellos que con enorme dedicación, ilusión y convencimiento construyeron en este país un sistema jurídico e institucional democrático y lo fueron dotando de contenido”, ha dicho Ana Tomás y Valiente. "Sé que no callaría ante la falta de rigor de algunos procesos en marcha en tanto en cuando primase en ellos lo emocional sobre lo racional, y que reflexionaría y escribiría sobre posibles vías de solución, siempre desde el rigor histórico y jurídico", ha seguido. "Sé que le indignarían las bravuconadas fascistoides que pervierten la esencia de lo que siempre, también en los años difíciles de falta de libertad, defendió. Sé que intentaría mejorar el clima que impera actualmente en el país, deteriorado por múltiples actores que están en la mente de todos", ha terminado entre una cerrada ovación la hija del catedrático.

España, Europa y Estados Unidos asisten al combate entre la ilustración y la identidad, ha advertido Cebrián. En ese contexto se está produciendo, ha dicho, “un crecimiento del fundamentalismo democrático, que es que la democracia es buena si efectivamente es mi democracia". Y ha ejemplificado: "Las elecciones son aceptables, decía el señor Trump, si yo las gano, si no las gano es que habrán sido falsificadas. Las instituciones son necesarias si yo las ocupo, y si no ocupo las instituciones hasta el punto que yo deseo, voy a ocupar las instituciones y la calle, porque soy el propietario de la calle y el representante de la gente, quien define los contornos morales y legales de la democracia”. El legado de Tomás y Valiente, ha subrayado el académico, sirve de brújula frente a esa “deriva preocupante”.

“Tomás y Valiente hace cuenta de su decepción con los regímenes del socialismo real”, ha explicado Cebrián sobre uno de los textos del libro. “Esa decepción le llevó a una conclusión que marca su actividad: que es necesario impulsar las reformas”, ha seguido. “La lección sobre la necesidad del reformismo sigue vigente”.

Francisco Tomás y Valiente era profesor de la Universidad Autónoma de Madrid. Allí murió asesinado mientras sus alumnos le esperaban para ser examinados. Hace poco más de un mes, el exdirector de EL PAÍS debía impartir una conferencia junto al expresidente Felipe González en el auditorio de la facultad de derecho de esa Universidad, bautizado en memoria del catedrático. Un grupo de enmascarados impidieron el acto mientras sitiaban la sala entre gritos, empujones y gestos amenazantes.

“Fui testigo de la amargura que le produjo a Felipe González que eso sucediera en la sala Tomás y Valiente y a escasos metros del despacho en el que fue asesinado”, ha lamentado Cebrián. “Eso puso de relieve el deterioro que las instituciones actuales han padecido y el olvido que las generaciones actuales tiene respecto a lo que fue la Transición como reconciliación entre españoles”.

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