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Las familias de la escuela pública apoyan la regulación de los deberes

La CEAPA califica de "éxito rotundo" el impacto del primer fin de semana de 'huelga' de tareas

Huelga deberes
Clara, que se ha sumado a la 'huelga', en su casa de Tres Cantos.

La confederación de familias de la escuela pública CEAPA, promotora de la huelga de deberes durante los fines de semana de noviembre, considera “un éxito rotundo” el resultado del primer fin de semana. “Hemos puesto el debate encima de la mesa”, resumía este martes su presidente, José Luis Pazos, que se ha mostrado partidario de que las tareas se regulen en normativas concretas y entren en las negociaciones del pacto educativo.

Durante los cuatro fines de semana de noviembre, la CEAPA, con 12.000 asociaciones representadas, ha planteado una huelga de lápices caídos: que las familias rechacen las tareas que les asignan a sus hijos, que disfruten juntos el tiempo libre y presenten un justificante los lunes junto con la libreta en blanco. Aunque la movilización persigue que se eliminen los deberes de la vida de los alumnos, Pazos asegura que quiere que esta actividad se incluya dentro de los temas a tratar en las negociaciones del pacto educativo: “El debate sobre los deberes es un debate sobre el sistema educativo”. Reclama que se regule de forma similar a como se hace con los planes de estudio y la distribución de horarios. "No queremos solamente un código de buenas prácticas porque la autorregulación en este país se ha demostrado que no sirve para nada", ha señalado.

España ya ha tenido regulaciones previas sobre la suspensión de deberes que no han surtido efecto, puesto que las tareas han ido en aumento. Un sondeo reciente de Metroscopia para EL PAÍS refleja que son mayoría quienes consideran que se mandan demasiados deberes a los alumnos. Al 27% le parecen adecuados y solo un 3% los estima insuficientes. Pazos considera que “acabarán desapareciendo como tareas para casa porque la sociedad está cambiando”.

Seguimiento “desigual”

Aunque CEAPA no ha ofrecido datos de las familias que han secundado su propuesta asegurando que es muy difícil de cuantificar, sí señalan que tres de cada cuatro asociaciones integradas en la confederación (8.000 de las 12.000 con las que cuentan, según sus datos) han mandado escritos a los centros escolares para reclamar lo que pide su campaña: En la escuela falta una asignatura: mi tiempo libre.

“Jugar con los amigos también es educación”

Camilo, su mujer Josefina y su hija Clara, en su casa de Tres Cantos, Madrid.
Camilo, su mujer Josefina y su hija Clara, en su casa de Tres Cantos, Madrid.

Joana Oliveira, Madrid

Clara Gener, de 14 años, está acostumbrada a cancelar planes con la familia los sábados y domingos por tener que dedicarse a los estudios. Pero este final de semana sus libros se quedaron guardados en la mochila, porque la alumna de 3º de la ESO y su padre, el arquitecto Camilo Gener, se han apuntado a la huelga de deberes. “Queremos disfrutar de la naturaleza y jugar con amigos, que eso también es educación”, cuenta Gener en su casa, en el madrileño pueblo de Tres Cantos.

El arquitecto, que también es padre de una universitaria y de un joven que está en bachillerato, es un categórico defensor de que los deberes escolares no son solo excesivos, sino prescindibles. “Lo que se hace en la escuela debería terminarse en la escuela. Si el sistema educativo nos demostrara la bondad de los ejercicios, defenderíamos entonces que se utilizara una hora del día lectivo para realizarlos en el colegio”, explica.

Su hija reconoce, sin embargo, que algunos ejercicios ayudan a afianzar el conocimiento, aunque critica la política educativa de “mandar más deberes por considerar que así se aprende más”. “En realidad siento que tengo más tiempo de estudiar de verdad cuando no tengo que hacer tantos deberes”, cuenta Clara. La estudiante confiesa que a veces deja de estar con sus compañeros en el recreo para poder concluir todos los ejercicios que le asignan.

El presidente de la confederación asegura que las comunidades más implicadas han sido Comunidad Valenciana, Madrid, Baleares y Asturias. Y la que menos, Castilla y León. Según Pazos, se debe a que esta última acaba de abrir con el Consejo Escolar un debate sobre la racionalización de las tareas escolares y las familias prefieren esperar las recomendaciones que salgan de este organismo. os padres catalanes no se han apuntado ni tienen un movimiento organizado, informa Jessica Mouzo. Señalan que tienen “otras prioridades”, aunque apoyan, en mayor o menor medida, la discusión contra las tareas escolares. “Nos estamos manteniendo al margen en este tema y tampoco notamos una excesiva preocupación con el tema entre los padres”, explica un portavoz de la FAPAC, la federación que aglutina las AMPAS de toda la educación primaria y algunos de secundaria en Cataluña.

Rechazo de los sindicatos docentes

Los principales sindicatos docentes han rechazado la protesta por distintos motivos. Para CC OO, es un debate que “no toca” en este momento. CSIF lo ve como “una iniciativa descabellada que deja al profesorado al pie de los caballos”. Y ANPE, la más beligerante, exige “respeto a la labor docente y a la libertad de cátedra”. “Este planteamiento de que iba a ser un enfrentamiento entre docentes y padres no se ha producido”, ha asegurado Pazos, que defiende que no se desautoriza a los profesores.

“Les estamos pidiendo que no nos digan que lo que tenemos que hacer el fin de semana, en nuestro ámbito privado. La desautorización es para las familias, no para el profesorado. En los documentos que hemos elaborado para los padres dejamos claro que hablen con docentes y lleguen a acuerdos”, añade el presidente de CEAPA. Asegura que no han recibido ningún aviso de que los maestros hayan sancionado a los alumnos que han vuelto el lunes a clase sin las tareas hechas. “Estábamos seguros de que no se iba a producir. Un docente que sanciona a su alumno por la decisión que toma su madre o su padre se ha equivocado de profesión”.

La otra gran confederación de familias, la Concapa, que representa a la concertada, tampoco comparte la huelga ni que se eliminen las tareas, pero sí pide su “racionalización”. El ministro de Educación, Íñigo Méndez de Vigo, consideró el viernes que la propuesta supone “una desconfianza grande hacia los profesores y hacia los directores de los centros escolares, que son al final los que tienen que juzgar”, aunque admitió, al mismo tiempo, que este asunto debe estar dentro de los temas a debate para un futuro pacto educativo.

La protesta, añade Pazos a este periódico, es un intento de cuestionar el modelo educativo: “Si los centros privados de élite ya están trabajando por proyectos y sin deberes escolares, ¿por qué la escuela pública tiene que renunciar a eso? No queremos un modelo que nos tiene a la cola”.

“Tanta tarea para casa trastoca nuestra vida”

Marius Fullana y su hija, que secundan la 'huelga'.
Marius Fullana y su hija, que secundan la 'huelga'.

Cristina Vázquez, Valencia

“Cuando salen del cole, la pregunta obligada a mis hijos es: '¿Tienes deberes?'. Y a partir de lo que te contestan repartes la tarde”. Lo dicen Màrius Fullana y Teresa Jordán, una pareja valenciana, con una hija de 10 años y otro de siete. Este fin de semana secundaron la huelga de deberes.

Màrius, de 50 años, es el padre de Ariadna y Ausiàs. Es físico teórico y da clases en la Universidad Politécnica de Valencia en el Departamento de Matemática Aplicada. “Yo no pongo deberes a mis alumnos”, confiesa este docente que. además. preside la FAPA de Valencia. “¿Por qué participamos? Pues porque creo que no es una acción de las habituales, crea conciencia de que las cosas pueden cambiar y persigue un cambio en la educación”. Está satisfecho de que la protesta de CEAPA tenga eco en otros países de Europa e incluso en América Latina. “Hay expectación”, dice.

Este padre opina que esta acción reivindicativa no es drástica, no va contra el profesorado ni cuestiona el sistema educativo. “Tantos deberes trastocan nuestra vida. Soy una persona muy activa, con muchas ocupaciones, y cuando estoy con mis hijos quiero disfrutar con ellos y no estar a las nueve y media de la noche con los deberes”.

La madre opina que los deberes son una tradición que se mantiene. “A partir de 3º de Primaria, notamos que Ariadna empezaba a tener deberes prácticamente todos los días; normalmente lo que no les da tiempo a acabar en clase”. Su hija mayor no se libra de una hora diaria de tareas y, si tiene que estudiar para un examen, pues el tiempo se dobla. “Ellos ven los deberes como una responsabilidad; tienen que llevarlos acabados al día siguiente. Es una carga importante para ellos después de las horas de clase”, comenta sin asomo de duda.

“¿Para qué tienen que prepararse nuestros hijos? ¿Para memorizar y saberse ríos y montañas, o para tener los instrumentos necesarios para buscar y conocer?”, plantea este matemático. “Debemos enseñarles valores y capacidades para que sean unas mejores personas”, opina.

La madre insiste en que, de algún modo, los profesores acaban responsabilizando también a los padres de los deberes. “Con un plan de estudio tan amplio, no les debe dar el tiempo suficiente y utilizan los deberes para que los alumnos den un segundo repaso en casa. Esa hora u hora y media que les falta, es la de deberes y se equivocan ahí porque no todos los padres tienen la competencia [o el tiempo] para ayudar a sus hijos”, apunta Teresa.

Ariadna, con solo 11 años, reconoce que haciendo deberes pone en práctica lo que da en clase, “pero si tienes dudas el profesor no está”, añade. Ausiàs, el pequeño de la familia, lo tiene claro: él prefiere jugar al fútbol que hacer deberes.

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