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Rajoy: “No me pidan que derribe o traicione mi proyecto”

El presidente advierte de que si le exigen la demolición de sus políticas "otros tendrían que hacerse cargo del Gobierno"

El líder del PP, Mariano Rajoy, este sábado. Ampliar foto
El líder del PP, Mariano Rajoy, este sábado. EFE

Desde las elecciones del 20-D y más aún tras las del 26-J, Mariano Rajoy reclama con urgencia un Gobierno de gran coalición o en su defecto en minoría. En los últimos tiempos, después del traumático giro del PSOE, el líder popular ha prometido diálogo y trabajo conjunto. Ahora, ya investido presidente, quiere más apoyos y, sobre todo, los Presupuestos. Su discurso de este sábado lo llenó de avisos sobre que en el fondo no pretende cambiar mucho: “No estoy dispuesto a derribar lo construido... No se puede pretender que traicione mi proyecto”.

No quiso hacer Rajoy en la segunda y definitiva sesión para su investidura como presidente del Gobierno un discurso más, de trámite o de agradecimiento a los socios trabajados (Ciudadanos y Coalición Canaria) o sobrevenidos (PSOE). No se limitó tampoco a advertir subrepticiamente de los riesgos de una legislatura débil o estéril, como ha hecho ya otras veces. Ahora que ya se ve otra vez instalado en La Moncloa, repensando el equipo que le debe acompañar seguramente en su último mandato y en su etapa política final, quiso dejar bien sentado, con luz y taquígrafos, que quiere gobernar “y no ser gobernado”.

“Diálogo sí, todo, pero no nos equivoquemos”, apuntó el presidente antes de marcar los límites y techos que se plantea para gobernar en estas condiciones. Quiere negociar “dentro de los límites de la realidad” y eso quiere decir, según su propio metalenguaje, que perseguirá seguir en la misma línea que hasta ahora sobre todo en los grandes retos que tiene aún pendientes el país. Y los señaló: la unidad de España, la igualdad de los españoles, los compromisos europeos y la estabilidad presupuestaria. Entiende que esas metas son a partir de ahora responsabilidad de todos, al menos de los que le han respaldado y permitido que continúe en el poder.

Y añadió otro límite más que se impuso “rígidamente”. No pretende permanecer de presidente “para realizar cualquier clase de política”. Lo subrayó con énfasis: “No estoy dispuesto a derribar lo construido. Se puede mejorar, sin duda, pero no puedo aceptar su demolición”. En ese punto precisó que no lesionará la recuperación económica ni la creación de empleo. Pero no se paró ahí.

El párrafo más duro de su intervención sonó incluso a amenaza: “Accedo al Gobierno para perseverar. Algunos me lo reprochan. Ya sé que algunos de ustedes quieren darle la vuelta a las políticas que hemos desarrollado, pero para eso otros tendrían que hacerse cargo del Gobierno. No se puede pretender que gobierne yo y traicione mi propio proyecto político. No me pidan ni pretendan imponerme lo que no puedo aceptar”.

Rajoy ya no paró en ese trance de reclamar abiertamente el voto para su proyecto de Presupuestos para 2017, que pretende aprobar cuanto antes en Consejo de Ministros y trasladar a la Cámara en noviembre. “Espero que entiendan que no se sostiene dar paso a la investidura y desamparar al Gobierno que resulta de ella”, comentó antes de anticipar que no quiere engañar a nadie. Y agregó: “No estoy pidiendo el voto para un Gobierno multiusos o carente de orientación. Tengo una tarea a la espalda, unos resultados en la mano y un propósito al frente”.

El nuevo presidente rechazó estar dispuesto a asumir un Gobierno “de trámite o abstracto” para “cubrir el hueco de una vacante” o “para reemplazar una pieza inerte en la administración del Estado”. Exigió el voto para un candidato “con un proyecto” para poder articular un Gobierno “previsible”. Luego precisó que eso no quería decir que demande un “cheque en blanco” o “carta blanca”, sino madurez. Y se marchó a cenar con el presidente gallego, Alberto Núñez Feijóo, y los diputados de esa autonomía.

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