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Podemos corta todos los puentes con el PSOE para ganar peso en la oposición

El partido pasa de pedir diálogo a los socialistas a revolverse contra Javier Fernández

En primer plano, Pablo Iglesias, y detrás, íñigo Errejón, el pasado 11 de octubre.
En primer plano, Pablo Iglesias, y detrás, íñigo Errejón, el pasado 11 de octubre.

Podemos ha escenificado en las últimas semanas un enésimo viraje en su complicada relación con el PSOE. La dirección nacional del partido ha cortado todos los puentes con Ferraz desde la dimisión de Pedro Sánchez, el pasado 1 de octubre, y el nombramiento de la comisión gestora encabezada por el presidente de Asturias, Javier Fernández. Al margen de los contactos que siguen manteniendo los líderes territoriales de Podemos y los presidentes autonómicos socialistas y de los canales de comunicación parlamentaria, la formación de Pablo Iglesias ha pasado de pedir un acuerdo para buscar una alternativa al PP a redoblar sus ataques al PSOE. El objetivo de Iglesias consiste, sobre todo si finalmente Mariano Rajoy sigue en La Moncloa, en ganar peso dentro de la oposición, intentando desplazar a su principal rival por la hegemonía en el espectro de la izquierda.

La relación con Fernández ejemplifica este giro. El presidente el Principado y Podemos siempre han estado muy enfrentados en esa comunidad. “Nos llaman fariseos y Caifás. Parece que habla el representante de la Conferencia Episcopal y no el representante de un partido que lleva en sus siglas la palabra ‘socialista’ y la palabra ‘obrero’”, señaló Iglesias, que amplió la crítica al ámbito personal. “Por cierto”, dijo el pasado viernes en Mérida, “ese señor que está al frente del PSOE ahora es mayor que mi padre, pero según me han contado empezó a militar en el año 81. Mi padre empezó a militar cuando a los socialistas y a los demócratas les metían en la cárcel, no cuando repartían cargos de Gobierno”.

El discurso de Errejón

Incluso el número dos del partido, Íñigo Errejón, que siempre ha mostrado más mano izquierda con los socialistas y se ha esforzado en tender puentes en los momentos de máxima tensión, ha cambiado de discurso. Lo ha hecho vinculando una hipotética abstención con los escándalos de corrupción que afectan al PP y el juicio del caso Gürtel. “Me pregunto si hay algún grupo político en esta Cámara” —afirmó esta semana en el patio del Congreso— “que cree que apoyando al partido político de la Gürtel sea por activa o sea por pasiva puede mantener las manos limpias”.

La posibilidad de una abstención de los socialistas y de que al final haya Gobierno ha contribuido a destensar los ánimos en las filas de Podemos, donde se estaba librando una agria discusión sobre la oportunidad de aceptar un pacto con el PSOE. No obstante, ese debate va camino de convertirse ahora en una nueva disputa que gira en torno a la estrategia para tratar de aprovechar esta crisis del PSOE. ¿Está en condiciones Podemos de crecer atrayendo, principalmente, a los votantes socialistas decepcionados? Y, sobre todo, ¿cómo puede lograrlo?