Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

¿Qué hay de lo nuestro?

Podemos tiene una estructura central, como un coro en torno a una figura-referente y dizque carismática

Pablo Iglesias, durante un mitin de campaña este viernes.
Pablo Iglesias, durante un mitin de campaña este viernes. REUTERS

Antes, lo primero que un partido político debía procurar para obtener en las urnas un resultado que le permitiera gobernar o convertirse en alternativa de Gobierno consistía en disponer de cierto arraigo en las principales comunidades autónomas; lo segundo era tan o más importante: dotarse de una dirección central que, potenciando a las organizaciones regionales, tuviera sobre ellas no solo autoridad, sino poder. Quienes primero se percataron de ese hecho fueron los socialistas, que pusieron fin a la dispersión de grupos integrándolos en una estructura federativa común con una ejecutiva fuerte; luego, con la lección aprendida, llegaron los populares, cuando pusieron fin al desorden creado alrededor de Manuel Fraga.

Hoy, por vez primera, un partido que en su estructura central es poco más que un coro —dirección coral lo llaman— en torno a una figura-referente y dizque carismática, y con una organización territorial a base de pequeños grupos de amigos, opta con probabilidades de éxito a convertirse en determinante para la formación de Gobierno. El motivo principal, aparte del manejo de la televisión como instrumento para la consolidación de un público adicto, es que su irrupción ha coincidido, no por casualidad, con una atomización extrema del sistema político debida a la presencia de formaciones políticas que solo aspiran a ocupar un ámbito local o regional: mareas, ahoras, en comunes, compromís…

Lo que diferencia a esta de cualquier experiencia anterior es que todos estos grupos necesitan, para tocar poder, algún tipo de alianza con un partido de ámbito estatal que facilite, hablando en cada lugar el lenguaje que los del país quieren oír, una candidatura única para cada territorio aunque diversa según qué territorio. El experimento se probó con éxito en las municipales y autonómicas y se repitió en las generales, con un avance espectacular que lo ha situado al borde del poder central. ¿Para gobernar el Estado? Quizá, aunque lo más probable es que cuando lleguen al poder del Estado, las formaciones políticas de cada país, nación, patria o pueblo se dirijan al coro central para recordarle ¿qué hay de lo nuestro? Y entonces, veremos qué pasa, porque lo seguro es que lo nuestro no se va a arreglar con un beso en la boca.