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Aragón: victoria del PP, triple empate en escaños

La región que ha sido termómetro electoral en España ejemplifica ahora el cambio de modelo

Aragón ha venido siendo hasta hoy un termómetro que marcaba con bastante exactitud la temperatura electoral de España. Así fue desde 1977 con la UCD de Adolfo Suárez hasta el 20-D con el PP, pasando por las sucesivas etapas de nuestra reciente historia democrática: de Felipe González a José María Aznar, y de José Luis Rodríguez Zapatero a Mariano Rajoy, Aragón ha sido, según la feliz expresión del colectivo de politólogos Piedras de Papel, "nuestro particular Ohio". Del mismo modo que en EE UU se dice con fundamento que el candidato victorioso en Ohio acaba siendo presidente de la nación americana, el partido ganador en Aragón ha sido, hasta ahora, el que ha presidido el Gobierno de España.

Pero los tiempos bipartidistas se terminaron y las cosas ahora se complican, y, en el caso de Aragón, adquieren matices muy singulares cuando llega el multipartidismo.

El sondeo de Metroscopia en dos de las tres provincias de Aragón —Zaragoza y Teruel— pone de relieve algunos fenómenos nuevos a los que merece la pena prestar atención.

Victoria pírrica. El PP, coaligado con el Partido Aragonés (PAR), sería —con el 30,5% de los votos en Zaragoza y el 34,9% en Teruel— la primera e indiscutible fuerza política en ambas circunscripciones. Pero, con un resultado muy similar en porcentaje de votos al del 2015, perdería dos escaños en favor de Unidos Podemos: uno en Zaragoza y otro en Teruel. La coalición liderada por Pablo Iglesias podría obtener el 23,2% de votos en Zaragoza y el 20,7% en Teruel, aquí cerca del PSOE (21,6%), cuya candidatura conservaría su condición de segunda fuerza.

Los tres principales partidos, aunque con desiguales valores aritméticos, se repartirían a partes iguales (tres cada uno) nueve de los 10 diputados en juego. Ciudadanos mantendría, con el 17,7% de los votos, su actual escaño de Zaragoza, pero de nuevo se quedaría sin representación parlamentaria en Teruel pese a que podría obtener el 17,2% de votos.

En Teruel el PP sufriría en sus propias carnes las peculiaridades del vigente sistema electoral que tanto le beneficia en otras circunscripciones. En las provincias donde hay en juego tres escaños, si el primer partido no logra duplicar en votos al tercero, es el ganador quien desperdicia un buen puñado de sufragios. Así le sucedió al PP en Huesca el 20-D: el 32,6% de votos le otorgó un escaño, mientras Podemos obtenía el suyo con sólo el 17,9%, es decir, con 14,6 puntos porcentuales menos. Algo muy semejante a lo que, previsiblemente (también por 14 puntos de diferencia), sucedería ahora en Teruel. Según los datos del sondeo, esta provincia abandonaría su rango histórico de circunscripción bipartidista para incluirse en la nómina de las tripartidistas.

El centro-derecha más votos, la izquierda más escaños. En Zaragoza, el centro-derecha superaría en cerca de tres puntos a la izquierda: 48,2% del PP y Ciudadanos frente al 45,2% del PSOE y Unidos Podemos. Pero los partidos de izquierda sumarían un escaño más: cuatro (dos el PSOE y dos Unidos Podemos) frente a tres (dos del PP y uno de Ciudadanos). La paradoja se ensancha en Teruel: con el 52,1% de los votos, el centro-derecha lograría un solo diputado, mientras la izquierda, con cerca de diez puntos menos (42,3%), obtendría dos diputados.

Esa mayoría numérica sin traducción política de centro-derecha se ve confirmada en el sondeo por el perfil de los propios electores de Zaragoza y Teruel. En la escala ideológica de 0 a 10 (0 sería extrema-derecha y 10 sería extrema-izquierda), la media de los votantes aragoneses (4,9) se sitúa tres décimas a la derecha de la del conjunto del electorado español (4,6). Y en Aragón, además, los potenciales electores de Ciudadanos se situarían siete décimas por encima del 5 (5,7), alejados en más de un punto de la media nacional.

Dos provincias, Zaragoza y Teruel, con perfil moderadamente conservador llevarían previsiblemente al Congreso de los Diputados una neta mayoría de izquierdas. En 2011 eran seis los diputados del PP frente a los cuatro del PSOE e IU. La relación se invierte en 2016: seis corresponderían ahora a la izquierda y cuatro al centro-derecha. Más que cambio de mayoría social, se ha producido un cambio de modelo electoral: el cuatripartidismo, con un partido de centro relativamente débil, beneficia en el reparto de escaños a la izquierda. La coalición de Podemos con IU (a pesar de que la Chunta Aragonesista se ha quedado, al final, fuera) ha logrado una notable eficiencia con una subida de dos escaños en perjuicio del PP.

Aragón fue nuestro particular Ohio en tiempos bipartidistas. Hoy es un buen reflejo de los efectos que el multipartidismo podría producir en el mapa electoral y del juego complicado entre votos y escaños que se va a dar en muchas circunscripciones.

Marcos Sanz Agüero es analista de Metroscopia.

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