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ANÁLISIS

Minimax o maximin

Después de unas nuevas elecciones alguno de los partidos que ahora dialogan puede quedar relegado de las futuras negociaciones

Imaginemos un juego de decisión racional a tres. Se les da a elegir entre a) pactar, en el entendido de que solo pueden hacerlo con los otros dos; o b) ir a elecciones. En caso de b, son conscientes de que serán penalizados si no han hecho lo posible por entrar en a; pero si pactan deben hacer concesiones que 1. amenazan su cohesión o estabilidad interna; y 2. esto les coloca a todos en situación de desventaja para b si al final se frustra el pacto. El punto 1 es el mayor escollo, porque los vetos internos les impide, además, culminar el proceso. Bajo esas condiciones, ¿cuál sería la decisión más favorable para los tres? Parece obvio, el incentivo para los tres será fingir que pactan e ir después a las elecciones.

Trasladado al lenguaje de la teoría de los juegos, el principio que elegirían sería una variante del minimax, minimizar el máximo de pérdidas. Y ello porque la posibilidad de elecciones presenta los pactos como un juego de suma cero: lo que unos ganan lo pierde el otro. Ante esa situación, todos tienen más que ganar si van a elecciones que si ceden. Si, por el contrario, el juego fuera puramente cooperativo —o sea, que no cabría la posibilidad de ir a elecciones y no tuvieran más remedio que pactar—, el resultado sería alguna versión del principio maximin, maximizar el mínimo de ganancias. Traducido, equivaldría a que todos intentarían colocar un mínimo de su programa compatible con el mínimo de los demás.

Esta es más o menos la situación en la que estamos. Ante la contingencia de una falta de acuerdo final, todos ellos maximizarán sus intereses apostando por las elecciones. Pedro Sánchez está tratando de convencer a las otras partes de jugar al maximin, presentando el mínimo común denominador en el desplazamiento de Rajoy de la presidencia del Gobierno y la regeneración política. Poca cosa para Ciudadanos y Podemos, que ven sus respectivos mínimos como incompatibles entre sí. Y aquí es donde de verdad está el problema, porque para seguir jugando el PSOE necesita a ambos.

Un presupuesto no hecho explícito es que para que funcione el minimax las partes deben estar seguras de que su presencia parlamentaria después de nuevas elecciones no empeora y que para eso tienen que saber vender con eficacia que cada uno de ellos no es el culpable de no haber llegado al pacto. Es mucho suponer, porque después de unas nuevas elecciones alguno de ellos puede quedar relegado de las futuras negociaciones; sobre todo si el PP se renueva y sale de su solipsismo. Bajo esa perspectiva, creo que el maximin sí puede ser al final la opción más racional. Quizá no para los partidos, pero sí para los sufridos ciudadanos. El hartazgo también juega.