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El ‘cancerbero’ de González se amansa

Salvador Victoria, recién imputado en el 'caso Púnica', acumuló gran poder como 'número dos' del Gobierno de la Comunidad de Madrid

Salvador Victoria
Salvador Victoria el pasado 26 de febrero en Madrid.

Nadie, ni siquiera Ignacio González en su etapa de vicepresidente de Madrid con Esperanza Aguirre (2003-2012), acumuló tanto poder como Salvador Victoria como número dos del Gobierno de la Comunidad de Madrid. El consejero de Presidencia y Justicia complementó desde septiembre de 2012 la cartera regional de Interior con la portavocía del Ejecutivo autonómico y con la presidencia del Canal de Isabel II Gestión. En estos dos años y medio Victoria se granjeó la imagen de "cancerbero" de González, tanto a la hora de defender la gestión del Gobierno regional ante los partidos de la oposición como en el frente interno. Sobre todo, en los pulsos que González tuvo con la exdelegada del Gobierno, Cristina Cifuentes.

Una de las escasas condiciones que Cristina Cifuentes puso como candidata a la Asamblea de Madrid fue no llevar a Victoria, tras mantener ambos unos enfrentamientos "irreconciliables", reconocen en la dirección regional del PP de Madrid y en el entorno de ambos políticos. Hace meses que en los mentideros del PP daban por hecho que la imputación de Victoria llegaría antes o después. Si no lo hizo antes fue porque, según fuentes judiciales, el consejero no fue en ninguna lista, algo a lo que permanecía atento el juez de la Audiencia Nacional Eloy Velasco.

A principios de abril, antes de que le dejaran fuera, Victoria tomó la iniciativa y anunció que no concurriría en ninguna lista. La posibilidad de que fuera imputado en Púnica era tan palpable que ni Aguirre, que le guarda mucho afecto, le incluyó en su equipo al Ayuntamiento. De esta forma, la trayectoria del vicepresidente de facto del Gobierno regional entró en decadencia, a la misma velocidad con la que se convirtió, en esta legistatura que termina, en el segundo hombre más poderoso de la Comunidad. Un éxito sorprendente, coinciden varios altos cargos de las direcciones nacionales y madrileña del PP, para el letrado que empezó, en 2003, como secretaria del Consejo de Gobierno de Aguirre.

En menos de una década Victoria pasó de estra pendiente de los tablones con que se alargó la mesa de reuniones del Gobienro regional, dada la profusión de consejeros y de carteras, a ser recompensado con la consejería de Asuntos Sociales en 2011 y, menos de año y medio después, con la consejería de Presidencia, a escasos pasos de la sede de la Comunidad en la Puerta del Sol.

Número uno de su promoción del Cuerpo de Letrados de la Comunidad, de Carabanchel y muy del Atlético, hasta sus críticos reconocen su capacidad de trabajo, que alternaba con su afición al atletismo (Victoria llevaba ropa deportiva en el coche oficial por si se daba la oportunidad). Al final, la carrera que desde hace meses mantenía con Púnica ha terminado con su imputación y le ha llevado a dimitir y a abandonar los cargos del PP de Madrid que ostenta.

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