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El “maltrato” a la asignatura de catolicismo enfada a los obispos

"No estamos satisfechos. El Estado español es aconfesional, no laico", sostiene la CEE

José María Gil Tamayo, de la CEE, este jueves. Ampliar foto
José María Gil Tamayo, de la CEE, este jueves. EFE

Pese a colonizar el Boletín Oficial del Estado (BOE) exponiendo en 10.182 palabras el currículo de la asignatura del catolicismo que imparten profesores seleccionados por los obispos y pagados por el Estado (700 millones de euros cada año), la Conferencia Episcopal Española (CEE) está muy enfadada con el Gobierno por el trato que da a esa materia confesional. Lo dijo esta mañana su portavoz, el sacerdote José María Gil Tamayo, cuando fue preguntado por el tema. “Mire usted. Vamos a ver si nos entendemos. No estamos satisfechos. El tratamiento es insuficiente. Huyamos de tópicos. El Estado español es aconfesional, no laico. No nos entenderíamos como pueblo sin una asignatura religiosa que los acuerdos entre España y la Santa Sede califican de fundamental”.

La tesis del portavoz Gil Tamayo, al execrar de cómo queda la asignatura religiosa en la Ley Orgánica de Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE), es que ni el Gobierno ni las Comunidades Autónomas respetan los acuerdos con el Vaticano cuando limitan el tiempo que se dedica a la asignatura episcopal, cambiante según las regiones. Incluso se queja de que se haya transferido esa competencia a muchas regiones cuando lo pactado en Roma en 1976 lo fue entre el Estado español y el Estado vaticano. “La consecuencia es que hay horarios distintos según regiones y según el color de cada Ejecutivo, como si fueran países distintos”.

Sobre el carácter fundamental y evaluable de la asignatura religiosa, con la misma categoría que las Matemáticas, Gil Tamayo defendió el planteamiento de su confesión como una derecho de conquista, que viene de siglos. “Los partidos nacen, van y vienen o desaparecen. Todo es coyuntural, menos la Iglesia, que lleva dos mil años, o casi, en España. La Iglesia no es un chiringuito que acabe de llegar”, sentenció. También negó que la asignatura tal como la consideran los prelados sea en realidad una clase de catequesis, ni siquiera cuando, como vuelve a ocurrir en lo publicado por el BOE, se recupera la costumbre del rezo y el aprendizaje de oraciones en esas aulas.

Todo es coyuntural, menos la Iglesia, que lleva dos mil años, o casi, en España. La Iglesia no es un chiringuito que acabe de llegar

José María Gil Tamayo, de la CEE

Gil Tamayo comparecía para dar cuenta de lo tratado por la Comisión Permanente del episcopado, integrada por los cardenales y arzobispos en activo y por algunos obispos, hasta una veintena. Llevan reunidos desde el martes para preparar los documentos que van a llevar a la próxima asamblea plenaria de la CEE. Entre otros asuntos, han tratado sobre la crisis de vocaciones sacerdotales y la situación del clero, abundante en algunas diócesis, escasísimo en la mayoría. La media de edad de los 19.000 sacerdotes en activo es de 64,6 años, pero en muchas provincias supera los 74 años. “Son números que cantan y lloran”, concluyó.

Sobre la reforma de la llamada ley del aborto vigente, anunciada por el Gobierno la semana pasada, el portavoz episcopal se atuvo al discurso oficial, pero con mayor severidad y acritud. “Toda ley de aborto es injusta porque justifica la muerte de inocentes”, dijo. Pese a todo, alabó el proyecto de reforma que proponía Alberto Ruiz-Gallardón porque contemplaba la objeción de conciencia, volvía a una ley de supuestos y no de plazos, y suprimía la idea de que el aborto es un derecho de la mujer. Ruiz-Gallardón dimitió en otoño pasado cuando el Gobierno del que formaba parte como ministro de Justicia desautorizó sus planes. Gil Tamayo califica lo sucedido como “penoso”, “inhumano”, “indigno” y “doloroso” porque se haya vuelto a optar “por el camino de la muerte”. “Es un principio de humanidad, un principio ético, no una cuestión religiosa”, zanjó.

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