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Un mes de idas y venidas

El mensaje de Nochebuena es un trabajo coral que remata el Monarca

El Rey, durante el discurso de Navidad. Ampliar foto
El Rey, durante el discurso de Navidad.

En poco más de 12 minutos, don Felipe puso el colofón en Nochebuena a un intenso trabajo de su equipo de asesores durante todo el mes de diciembre. El mensaje del Rey es una tradición en España que requiere un largo proceso de elaboración, muchas idas y venidas de despacho en despacho (e incluso de palacio en palacio) y el toque final del monarca antes de sentarse a pronunciarlo. Es un trabajo coral del equipo de la Casa del Rey que suele hacerse por piezas, que se ensamblan al final, antes de enviarlo a Moncloa para recibir el visto bueno. Aunque el autor es finalmente quien lo pronuncia y se responsabiliza de él.

El rey Juan Carlos pronunció su primer discurso de Navidad apenas un mes después de ser proclamado rey tras la muerte del dictador Francisco Franco. Un discurso difícil, en blanco y negro y rodeado por la Reina y sus tres hijos. Desde entonces hasta su abdicación repitió la operación hasta 39 veces, con múltiples escenarios y mensajes.

Desde la mirada al futuro lanzada en 1975, hasta el mensaje de renovación de 2013, pasando por la defensa de la Constitución en 1981 (año del frustrado golpe de Estado), o la continuidad dinástica de 1986, los 25 años de reinado en el 2000, la convergencia hacia Europa del 2002, o los 30 años de la Constitución en 2008. Los tres últimos fueron especialmente complicados por la crisis institucional y personal del Rey.

En todos los casos, el jefe de la Casa ha sido el responsable de preparar borradores que se iban puliendo, cortando, añadiendo e intentando mejorarse bajo el seguimiento directo del propio Rey. Un trabajo concienzudo que suele acabar una semana antes de Nochebuena para tener el tiempo suficiente para enviarlo a la Presidencia del Gobierno para su visto bueno.

La diferencia entre este discurso y el resto de los que pronuncia el Rey a lo largo del año es que todos los demás son elaborados por el Gobierno y este se escribe en Zarzuela. Aunque a los fontaneros de Moncloa les gusta mucho (a veces más de la cuenta) poner pegas a los borradores que les envía el jefe de la Casa; en la mayoría de los casos suelen suavizar las invocaciones reales. Pero el mandato constitucional limita mucho las funciones del Rey.

El mensaje de este año era especial; el primero del nuevo Rey tan sólo seis meses después de haber sido proclamado jefe del Estado. Por eso, y por el carácter riguroso y prudente del rey Felipe y del actual jefe de su Casa, Jaime Alfonsín, seguro que ha tenido un proceso de elaboración más largo y más concienzudo de lo habitual. Seguro que también ha recibido la opinión de la reina Letizia y de algún asesor externo. El Rey Juan Carlos tenía la costumbre de enviar el último borrador al líder de la oposición y algunas personas de su confianza, una vez recibido el visto bueno del presidente del Gobierno.

Lo que está claro es que el mensaje de 2014 tiene el sello personal de Felipe VI que, desde su discurso de proclamación, el 19 de julio pasado, ha ido puliendo su estilo, llamando a las cosas por su nombre, sin florituras ni moralina. Hay frases muy directas, casi castizas, que seguro que han causado más de un dolor de cabeza en Moncloa.

Pero el nuevo Rey tiene muy claro que hay que adaptarse a la nueva realidad española, tanto en el fondo como en la forma. Por eso ha cambiado el lugar en donde se graba el mensaje, la escenografía y hasta el realizador de RTVE. Son nuevos tiempos.

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